El señor Dukan, supongo

Llevo tiempo sin darle a la tecla, más que nada gracias a los inconmensurables esfuerzos del sector público español, que se han empeñado en fastidiarnos la reentré pero bien. Hasta el 20-N, que ya falta poco, se han dedicado a sacar todos los pliegos posibles, para que entren en el ciclo de compras antes de las dichosas elecciones, obligándonos a los proveedores a esfuerzos inhumanos para responder a semejante mansalva de pliegos.

Pero me estoy desviando del objeto de este post, que no es otro que el de la Dieta Dukan.

http://www.dietadukan.es/

Aunque no suelo apostolizar para nada, es más, no suelo ir contando por ahí lo que hago o dejo de hacer a mis cuerpos, me fastidia un poco la mala prensa que tiene esta dieta, lo poco informada que está la gente y la alegría con la que suelen decirte: “ooohhh, haces la dukan!! dios mío, pero es horrible, es una dieta peligrosísimaaa!!!”.  Entonces una menea la cabeza, se encoge de hombros y pone la sonrisa de monalisa.

Así que , las cosas como son:

En 7 semanas he perdido 8 kilos, amén de un montón de centímetros de varios lugares de mi anatomía -el volumen no tiene porqué ir a la par del peso-. Además, he recuperado forma física, energía y ganas de hacer cosas, desde vaciar armarios a montar en bici. Y si eso es malo, pues que me venga lo bueno, que debe ser la pera.

Ah, sí, me olvidaba de la analítica. Porque cuando decides hacer una dieta que implique prescindir de algunos grupos de alimentos, y esto es aplicable no sólo la Dukan, es buen consejo hacerse analítica, antes, durante y después.  Además, como ex-hepática que soy, me preocupaba la caña que podía darle al hígado, y dado que me gusta mucho más el pescado y el marisco que una chuleta de ternera, también me tenía un tanto inquieta  el nivel de ácido úrico.

Y oh, sorpresa. Habitualmente -y digo habitualmente porque durante los últimos análisis que me han hecho en la empresa así ha sido-, tenía anemia misteriosus, es decir: una anemia cuyo origen ningún médico me supo explicar, porque el nivel de hierro estaba estupendo y sin embargo mi sangre era del grupo “cero patatero”, o sea, que garantizaba que mantendría a los amigos de Edward Cullen a raya para toda la eternidad. La leche desnatada sin lactosa, un dechado de sustancia en comparación con mi sangre. Puaj, ni para un tentempié me querrían, antes se absorbían a un periquito que a la menda.

Y mira tú por dónde, hace un año mi recuento de hematíes era más bien lamentable, como digo, 3,6 míseros millones. Y ahora tengo 4,1, rayando casi en la normalidad, que es 4,2 según mi análisis. El resto de niveles? ALUCINANTE. Porque tenía el colesterol alto y ahora tengo el equivalente al de una chavala de 20 años, lo cual cuadra con el peaso TIPÓN que se me está poniendo y que me está haciendo llevar toda mi ropa a arreglar porque se me va cayendo. El ácido úrico, na de na, el hígado en perfecto estado, y el resto de niveles dentro de la normalidad. Vamos, que resulta que no voy a morirme.

Eso sí, la gente te obsequia con todo tipo de sombríos pronósticos y tragedias romanas. Que digo yo, ¿qué costará informarse un poquito? Con la de foros especializados que hay. Claro, que es mucho más sencillo conformarse con el titular y no seguir leyendo.

http://www.ocu.org/adelgazamiento-y-obesidad/dieta-dukan-mas-peligros-que-milagros-s540484.htm

(este link es sensacional, no tanto por el cutre artículo sino por los furibundos -y acertadísimos- comentarios, la mayoría de los cuales suscribo plenamente)

Creo haber encontrado la raíz del problema, y que por supuesto, está en la cantidad de información no contrastada que hay suelta por internet. Muchos artículos se quedan en la fase de ataque del régimen (que en mi caso fueron dos días de alimentación a base de proteína pura) y lo extienden al resto del régimen lo cual es una auténtica barbaridad. No se puede vivir sólo a base de proteínas, te juegas la salud. Tampoco se puede comenzar una dieta sin haberla estudiado con detalle, entender en qué consiste y decidir si eres capaz de hacerla (no sólo por fuerza de voluntad, sino de cómo te vas a apañar la logística) y si tu cuerpo te lo va a permitir, cosa que se resuelve con una visita al médico (por cierto, a la mayoría de los médicos no les gusta nada esta dieta, sigo sin entender porqué). La mayor parte del régimen es una combinación de proteína y verduras, mucha agua y ejercicio. Y la última fase, la de consolidación, te va permitiendo introducir los alimentos prohibidos poco a poco. Con cabeza y sentido común, me parece una buena dieta.

También hay un tema comercial: en esta dieta sólo tienes que comprarte el libro -22 euros- leértelo, y comprar el salvado de avena, al inalcanzable precio de 1 euro la bolsa en Mercadona. Por cierto, que aquí tienen DE TODO para hacer la dukan!!! Gracias por este maravilloso post que encontré, y que me sirvió tal cual para irme a hacer la compra.

http://adelgazarconproteinas.wordpress.com/2011/02/06/en-mercadona-para-dukan/

Me tomo los yogures desnatados en formato medio litro por docenas, jajaja! Decía que yo creo que existen intereses comerciales que hacen a algunos desaprensivos criticar esta dieta para luego recomendarte cualquier otra a base de productos de herboristería carísimos, pastillas o alimentos concretos de marcas registradas. Y por supuesto, visitas periódicas al nutricionista, que naturalmente, te cobra su pasta correspondiente. Yo voy a mi médico de cabecera, que es de Sanitas, el hombre, y muy sensato. Y ya está.

Lo primero que hice al plantearme esta dieta fue pescar el libro y leérmelo de cabo a rabo. Luego, decidí que sí, que lo iba a hacer a rajatabla -y no sólo a intentarlo-. Al principio, echaba de menos muchas cosas, miraba de reojo las cañas que se tomaban los compis de la oficina, los pinchos de tortilla y las pulguitas de jamón, pero a cambio fui erradicando costumbres nefastas, como malcomer y luego hincharme en la cena, y encima meterme dos o tres copas de vino. Redescubrí la cecina (jolín, que buenaaa!!!), las bayas goji, los champiñones rellenos, he aprendido alguna receta sencilla, bajo el simple método de utilizar para ello ingredientes permitidos (leche desnatada, queso fresco batido desnatado, pavo, etc etc). Y qué decir de los mejillones cocidos al vapor con ramita de apio, el salmón ahumado (sí, se puede comer un par de veces por semana), el pollo asado (también, otra cosa permitida), el pescadito al horno, la sopa de calabaza, la de verduras, etc etc etc?

En realidad, he aprendido a comer mucho mejor, y meter en mi dieta cosas sanas -es curioso, la comida me sabe diferente-, y no creo que sea nada malo eliminar de mi dieta el alcohol, el azúcar y el pan industrial, los bollos, las grasazas, el chorizo y el tocino, los fritos y las pastas. Tomo mi salvado de avena, y a veces de trigo, y bebo muchísima agua, y por supuesto, ejercicio. Bici y yoga y cuando no puedo lo uno o lo otro, a correr un poco. No me considero una experta ni mucho menos, pero sí he conseguido adaptar la dieta a mi vida y logística (la fiambrera, esa gran amiga), y a comer con un poco de sentido común (el menos común de los sentidos).

Como buena tecnócrata que soy, me he currado mi excel con mis platos, recetas, mis menús semanales y por supuesto mis tablas de pesos y medidas. Ahora tendré que añadir la pestaña de analítica, lo cual me parece un trabajo de titanes porque me sacaron algo así como cuatro tubos de sangre para producir un tocho de resultados de un montón de páginas. No, si mi médico no será nutricionista, pero concienzudo lo es un rato, menos mal que se me ha quitado la anemia, que si no en el próximo análisis me deja seca…

En fin, que estoy encantada, y no quería dejar de compartirlo con vosotros.

Saludo al Sol II

Dado que me he cambiado de oficina, también me he cambiado de profe de yoga. Más que profe, debería decir institutriz, porque éste, de zen tiene bien poco, y tira más bien hacia nazi, que también lleva zeta pero que no es lo mismo.

Hoy tenía yo mi primera clase donde cristo perdió los clavos, y para no variar, llego tarde.

Confié en google maps y dí más vueltas que un tonto en una feria, al final aparqué milagrosamente en la puerta y tras confundirme y entrar en un portal donde unos descerebrados tenían la salsa puesta a volúmenes inhumanos, conseguí dar con el sitio de yoga, no sin antes echar un vistazo a los buzones y constatar que TODOS ellos tenían nombres sudamericanos, todos con apellidos distintos y tres o cuatro en cada buzón. Me parece a mí que con tanta salsa suelta, esto de la meditación trascendental no va por buen camino.

Al final, como decía, llego al local de estiramientos variados, me saluda el profe, me cambio echando gaitas y me voy a la sala con otras quince personas más. Anda, esto está bien, aquí, en manada, para variar.

Acostumbrada al silencio sepulcral de mi otro sitio de yoga, y a la poca gente que había, esto es una verdadera novedad. La salsa resuena por toda la sala de yoga, la virgen, no quiero ni pensar en los tímpanos del colega o colegas que están al otro lado de la pared. Tienen que estar completamente sordos.

Y entonces comenzamos.

Primero unas respiraciones, vale. Luego unos estiramientos más bien avanzados, de acuerdo. No soy una novata y entro al trapo. Y luego una ronda de saludo al sol. Me recoloca las paticas, que se me iban hacia atrás, y me corrige un par de posturas. Y sólo una ronda del saludo al sol???.

Vaya, esto sí es nuevo. Y luego -sólo luego- entiendo porqué.

Este instructor no es “modelo yoga/pilates”, no hija no. Su finalidad consiste en el estiramiento extremo, porque en mi vida he visto un humano -tío o tía- con este nivel de flexibilidad, incluyendo a mi anterior profesora. La leche, cómo se dobla el colega. Parece una mantis.

Tras unas cuantas torsiones de columna -ahora entiendo porqué me duele el omóplato izquierdo- nos sugiere una postura invertida. Ah, vale, esa me la sé. Lo que no sabía es que pretendía que estuviéramos el triple de tiempo que yo tenía más o menos cronometrado como “soportable”, así que ahí estoy, con el peso de mi corpachón sobre los hombros, tratando de mantener mis pezuñas en alto con el mínimo de tembleque abdominal. Arf, suspiro cuando por fin deshacemos la postura.

Y entonces, oh sorpresa, oh inquietud, dice nosequé de postura boca abajo. Veo cómo la colega de mi lado se convierte en una musaraña, apoya la cabeza entre las manos y manteniendo el equilibrio sobre su cocorota, sube las patas hasta ponerse en posición vertical. COÑO. Miro al profe con expresión de oveja desvalida. No por dios, que no quiero romperme todas las cervicales por el esfuerzo y partirme la cara de la leche que me puedo dar. Se apiada de mí y me dice que mejor mire cómo lo hacen los otros. Vale. Me siento cómodamente a contemplar los estómagos al aire de mis compis. Por cierto, hay un montón de tíos, todos ellos resoplando. Hay una que está colgada de la pared, la leche, pero que hace esta tía. Con la ayuda de una cuerda anclada en la pared y una colchoneta doblada, se ha colgado cual mandril, y está boca abajo igual que los demás. Seguro que tiene algo en el cuello que no le permite hacer la postura normal. Bueno, yo no tengo nada en el cuello y tampoco puedo, bajo riesgo de rompérmelo.

Y entonces veo con espanto que el instructor se acerca a los seres que estamos sentados en la postura del loto o postura de la rata cobarde y comienza a colocarlos en la postura “longaniza”, que es como acabo de bautizarla, ayudándoles a mantener la vertical. Miro al suelo. No no no. A mí no vengas a visitarme que paso. No me sirve de nada. Me enseña a hacer la “media postura”, parezco una abuela, cabeza y antebrazos en el suelo, pelvis arriba y subiendo una temblequeante pata y luego la otra. Joder que ridículo.

No es que esté oxidada, es que en mi clase anterior estaba en el nivel “mamá ganso”, y aquí ya van por el nirvana místico que incluye retorcimiento dorsal, espinal, yugular y transversal.

Y encima sin comer más que un triste sandwich de máquina a la una de la tarde para que me diera tiempo a digerirlo.

He llegado a casa con más frenesí devorador que Bruce, el de Buscando a Nemo.

Y el jueves again. Ay madre. ¿Se me habrá recuperado el cuello?

Lo que me da verdadero terror es que un día diga: Y ahora la postura del cuervo o “kakasana”, que es:

Y entonces, haciendo honor a la postura, me haré kaka toda yo y no podré volver a levantarme sobre mis pies.

Ay.

Saludo al sol

Que me creía yo que esto del yoga era muy zen, y que iba de sentarse en la postura -perdón ásana- de la flor del loto y contemplar las maripositas in the garden.

Y un cuerno.

Mi gurú particular -una pequeña pero inflexible mujer de más o menos mi quinta- está llevándome a límites de estiramiento, torsión y retorcimiento de mollas bastante extremos. Y eso que me regaña cuando me ve bufando en la esterilla: no te pases, llega sólo hasta donde puedas, que “sólo” llevas 8 sesiones. Ya, pero es que quiero avanzar, chica, que parezco mi abuela. Así que fuerzo ligeramente, no hasta el punto de lesionarme, que no soy idiota, pero sí trato de esforzarme por alcanzar un punto intermedio, no demasiado lejano al de mis compañeras de clase, las cuales -zorrones- llevan ya bastante kilometraje ayurvédico en sus huesos, que ahí la única que tiene algo de carne sobre ellos soy yo. Lo peor es cuando ves a una abuelita doblando el espinazo con bastante más comodidad que tú, y sólo entonces eres consciente de la baja forma de tu cuerpo, y tu nula flexibilidad pese a la elíptica y a las carreras. Yo, que hacía ballet con 14 años y me doblaba cual junco. Claro, en el pleistoceno superior se ha quedado la cosa, que en cuanto cumplí 16 cambié las zapatillas de puntas por el levantamiento de vidrio en barra. Así me luce el pelo ahora.

Hablaba del Saludo al Sol, cosa que suena zen que te cagas y totalmente naif, PUES NO. El saludo al sol -aquí tenéis un vídeo ilustrativo del asunto- es uno de los ejercicios aeróbicos que tiene el yoga, y es más bien jodido.

http://www.youtube.com/watch?v=QQ3rd5vAx0g&feature=fvsr

No tanto por el trajín, que además es una serie larga -¡un poco de dinamismo!, nos dice la tía cuando nos ve renqueando pasando de la postura de paloma a la montaña (de drácula, que a mí me lo parece) -. Es que me duele la vida, comenzando por las muñecas, que tengo más bien delgadas, de tanto soportar el peso de mi corpachón haciendo una especie de flexión sujetando el cuerpo entre las palmas de las manos y los dedos de los pies. También me duelen los omóplatos y algunas zonas extrañas de la espalda, posiblemente porque son músculos que no se han movido desde mi nacimiento, y me lo están recordando.

El truco es respirar bien, pero el problema es que se te olvida porque estás conteniendo la respiración de pura concentración para que la pata izquierda, que tienes levantada por encima del culamen, no se menee a la vez que levantas el brazo opuesto, y entonces te esnafres la testuz en la esterilla. Todo ello doblando el cuello para ver cómo lo hace la profe. Ahora comprendo porqué la ponen, para que no te partas una ceja.

Las posturas que peor llevo son las que implican estirar las corvas, por dios por dios. O por buda. O ésta, que consiste en estirar el lomo hasta tocar el cielo -supuestamente, yo me quedo en la antesala del infierno y voy que chuto-. Y encima nos dice que “tiremos” hacia arriba, que “crezcamos”. Ya. El lumbago y la ciática, es lo que me está creciendo, a pasos agigantados.

Y lo jodido es que en cualquier postura tienes que estar un ratico. O sea, que no es como la clásica gimnasia, que flexionas lo que sea y vuelves enseguida. No hija no. Y tú rezando porque la profe decida que ya puedes bajar el brazo… ¡¡para ponerlo en cruz!! Nada de volver al reposo, naaa…

Y lo jodido del saludo al sol es que tiene variantes, con lo cual, a ver: a qué saludo al sol te refieres, hija, porque al final acabo más pendiente de lo que hacen mis compañeras que de la postura de mi pie izquierdo, que tiene que caer justo debajo de la rodilla porque si no me jodo la rabadilla.  Tendría que haberme entrenado con el Twister.

Lo peor no es eso. Lo peor es que -cuando has acabado de retorcerte y doblarte, y eres totalmente consciente de lo que pesas, te dice !y ahora tres vueltas más!, la leche, esto del saludo al sol va a terminar conmigo.

Creo que cuanto llegue a esta postura, me romperé en dos cachos y tendrán que pegarme con Supergen.

Bueno, pues me voy un rato a saludar al sol -y que le de recuerdos a  su madre- a ver si con la paliza se me pasa el trancazo que tengo. En el fondo, me quejo mucho, pero estoy segura de que cuando lleve 6 meses con esto, o me he quedado en silla de ruedas o he mudado los tendones, como las serpientes pero por dentro.

Silcas

Cuponing

Lo que me faltaba. Esto es como enseñarle a un toro un trapo rojo.

Una de mis compis del curro me ha pasado estas webs de cuponing y claro, me ha faltado tiempo para apuntarme.

http://www.groupon.es/deals/madrid/en-el-manantial–8-clases-de-yoga-cada-una-por-19/198496

http://es.groupalia.com/index.php/deals

De momento, he comprado la oferta de Groupon de 8 clases de yoga por 19 euros, las cuales me han salido por 9 porque tenía un bono descuento de 10.

Así que además del gym, el cual voy a retomar mañana mismito, voy a probar el yoga. A ver cómo me va.

Desde luego, en caso de error, sale baratito, baratito.

Como actividad para mediodía me parece genial.

Al menos, mira tú, me servirá para relajarme, lo ÚNICO que espero es no quedarme completamente sobada en la colchoneta durante la sesión, cosa que es más que probable que suceda con la vida que llevo. Puede flipar, el público.

 

CRUUUNCH !!!

Ay. Que me voy a romper…

Silcas

De lobos y de lobas

De vuelta por fin a la bendita rutina, a los atascos, los colacaos de por la mañana, y -en breves días- al cole de los niños, me desayuno con esta perla de Pérez-Reverte el magnífico:

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/538/caperucita-y-el-lobo-machista/

Os copio un extracto pero mejor entrad a leerlo todo,

“Caperucita Roja camina por el bosque, como suele. Va muy contenta, dando saltitos con su cesta al brazo, porque, gracias a que está en paro y es mujer, emigrante rumana sin papeles, magrebí pero tirando a afroamericana de color, musulmana con hiyab, lesbiana y madre soltera, acaban de concederle plaza en un colegio a su hijo. Va a casa de su abuelita, que vive sola desde que su marido, el abuelito, le dio una colleja a Caperucita porque no se bebía el colacao, ésta lo denunció por maltrato infantil, y la Guardia Civil se llevó al viejo al penal de El Puerto de Santa María, donde en espera de juicio paga su culpa sodomizado en las duchas, un día sí y otro no, por robustos albanokosovares. Que también tienen sus necesidades y sus derechos, córcholis. El caso es que Caperucita va por el bosque, como digo, y en éstas aparece el lobo: hirsuto, sobrado, chulo, con una sonrisa machista que le descubre los colmillos superiores. Facha que te rilas: peinado hacia atrás con fijador reluciente y una pegatina de la bandera franquista, la de la gallina, en la correa del reloj. Y le pregunta: «¿Dónde vas, Caperucita?». A lo que ella responde, muy desenvuelta: «Donde me sale del mapa del clítoris», y sigue su camino, impasible. «Vaya corte», comenta el lobo, boquiabierto. Luego decide vengarse y corre a la casa de la abuelita, donde ejerce sobre la anciana una intolerable violencia doméstica de género y génera. O sea, que se la zampa, o deglute. Y encima se fuma un pitillo. El fascista. Cuando llega Caperucita se lo encuentra metido en la cama, con la cofia puesta. «Que sistema dental tan desproporcionado tienes, yaya», le dice. «Qué apéndice nasal tan fuera de lo común.» Etcétera. Entonces el lobo le da las suyas y las de un bombero: la deglute también, y se echa a dormir la siesta. Llegan en ésas un cazador y una cazadora, y cuando el cazador va a pegarle al lobo un plomazo de postas del doce, la cazadora contiene a su compañero. «No irás a ejercer la violencia -dice- contra un animal de la biosfera azul. Y además, con plomo contaminante y antiecológico. Es mejor afearle su conducta.» Se la afean, incluido lo de fumar. Malandrín, etcétera. Entonces el lobo, conmovido, ve la luz, se abre la cremallera que, como es sabido, todos los lobos llevan en la tripa, y libera a Caperucita y a su provecta. Todos ríen y se abrazan, felices. Incluido el lobo, que deja el tabaco, se hace antitaurino y funda la oenegé Lobos y Lobas sin Fronteras, subvencionada por el Instituto de la Mujer. Fin.”

Es genial, el Reverte. Me encanta eso de “la cremallera que todos los lobos llevan en la tripa”. Ya me gustaría a mí tener cremallera, para ahorrarme los abdominales; ¿que te has pasado con la cena? naaada, abres la cremallera, y a seguir tirando.

Ayer casi palmo en el puto gimnasio. Me meto 20 minutos de bici elíptica a 9 kms/hora de media. A mi vera, dos lobas machacan los steps a tal velocidad que no puedo evitar mirarlas con ojos desorbitados. ¡Cómo jalan, las condenadas! No es posible, pienso. Claro, así tienen el culo, las joías, como una mesa de mármol. Me miran con suficiencia. Ya. Arrieritas somos, chavalas, y en el camino nos encontraremos. Luego repto miserablemente con los restos de mis piernas hacia la cinta de correr. Creo que me las voy a echar al hombro. Me encaramo a la cinta, deposito mi botellica de acuarius, y hala, a trotar. A los dos minutos paro. Joder, joder, los gemelos qué mal. Los tengo super cargados, así no puedo correr, a ver si voy y encima me hago daño y terminamos de liarla!!!

Así que, derrotada por el trasto, desmonto, hago otros 5 minutos de elíptica y me retiro prudentemente a las duchas. No, si voy a tener que hacer estiramientos, va a ser que sí. Mi compi me pincha: ¡claro! vaya mierda de gimnasio, que no tienen gente en la sala para echarte una mano con esas cosas y ayudarte! Eso. Tú anímame, que encima de deslomarme y sudar como una mula parda, he tirado 69 euros al mes por el water! Además, por las tardes está lleno de lobos y lobas a cual mas fashion, con sus ombligos al aire y sus leggins ceñidos. Y yo con mi depor-burka. Dios qué fauna. Prefiero ir a mediodía, que es cuando vamos los caracoles, las tortugas, los perezosos, los torpes de nacimiento y las vacabus. Me siento más integrada en esa franja.

Silcas

A ponerse en forma!

Qué tendrán los trancazos y las faringitis agudas que me inspiran para cocinar sopas. Hoy me he currado una sopa de calabaza y una sopa de verduras, y además, para comer tenemos garbanzos estofados. Llevo tres días con una faringitis de caballo, que ayer el médico de urgencias pretendía curar con suero fisiológico y un mucolítico. Peaso animal. Cuando le insinúo de que a mí estos cuadros se me convierten en bronquitis SIEMPRE, procede a recetarme un antibiótico. Menos mal, porque ya lo estaba tomando.

Debe ser que el gimnasio no me sienta bien, porque desde que voy a deslomarme para ponerme en forma, no levanto cabeza, oye. Lo de las agujetas, pues bueno, lo voy sobrellevando. Sudo como un calamar -suponiendo que los cefalópodos suden- pero merece la pena porque ya no me crujen las rodillas al agacharme, y me reincorporo de forma más o menos ágil.

El jueves tuve clase de iniciación -a la logia P2- para demostrar sin ningún género de duda que mi estado físico puede encuadrarse perfectamente en el concepto de penosidad.

Abdominales, estiramientos y equilibrio. Media horita, para no asustar. Abdominales, pues bueno, supongo que debajo de la lorza principal y accesorias, alguno debe quedarme. Además, entrené natación en el Canoe allá por los felices 80. ¿Estiramientos? Bueno, quizá me quede algún vestigio de mis épocas de ballet clásico.

Y un cojón de pato.

En cuanto al equilibrio, me presentan un trasto de tortura denominado “bosu”.

Vamos, por favor, que mariconada. Aún recuerdo las zapatillas de punta y los gráciles levantamientos de pata en la barra de ballet. Ah no. Esto no es lo mismo. Es PEOR. El cacharro en cuestión es criminal. Que te subas- me dice el monitor-. Perdón, que te coma qué? Cómo me voy a subir ahí encima sin esmoñarme, tú estás loco. Me ayuda y me subo. Es jodidamente difícil, excepto para mi compañera,  ave de gimnasio desde hace siglos, y que se encarama al invento cual gracil criatura sin la menor dificultad. Sin embargo, como se está descojonando ante el espectáculo que debo ofrecer, acaba por caerse de un ataque de risa. Yo no. Yo parezco un puto PATO MAREADO, y ya encima pretende que además de tenerme en pie encima del invento, saque la patita por detrás y estire los brazos hacia delante. Anda y que te den, el puto chisme éste, me voy a la cinta a correr, que con esto del equilibro voy a terminar por romperme un tobillo por tres sitios.

Flipo con las criaturas saltarinas de la clase de body combat. Simplemente con la música que ponen, te entran ganas de meterle una manta de ostias  a alguien, porque es insufrible. Parecen monos locos, jesús. La monitora empeñada en que lo pruebe. Pero tía qué dices. Yo pego cuatro saltos y estoy para el arrastre, puedo dar un espectáculo patético. Mi constitución no es para body combat, todo lo más para meterle un codazo a alguien que pretenda colarse en la frutería. Bastante que voy con mis leggins negros y mi burka deportivo, consistente en una camiseta de mi marido que me cubre desde el cuello hasta medio muslamen. Enseñar las lorzas en bikini, pues vale, pero en el gimnasio me da cierto pudor. El otro día pasé de la bici estática porque está la primera de la fila de elementos de tortura y todo el gimnasio te ve el culo. Así que me retiré prudentemente a los cacharros de la última fila, y en un rapto de valor me metí 20 minutos de elíptica que casi acaban conmigo. Luego, a la cinta de correr, donde procedo a reptar lentamente, para terminar con un trotecillo ligero a 6,5 kilómetros por hora. El pavo de la cinta de al lado corre como un animal, tromp-tromp-tromp, y no se para ni para descansar. Está obnubilado con sus cascos mirando la tele. Vamos, que yo creo que ni suda.

Actualización del 7-sept: Afoto de Bici Elíptica, para Oraculador:

Tengo agujetas en sitios curiosos, por ejemplo, en los flancos. También he descubierto que tengo músculos cuya existencia desconocía -y no porque sobresalgan sino porque me duelen-.

Mis hijos están flipados, el primer día que me vieron con la PEASO mochila que llevo al gimansio, mi hijo me detiene “mamá, ¿¿te marchas??” Calla hijo, no me des ideas, no, es que voy al gimnasio a mediodía, para poder perseguirte mejor por la playa. Se ríe.

Así que ahora ya no puedo dejarlo, al menos por honrilla personal; lo saben en mi casa y en la oficina, así que no me queda más remedio que seguir acudiendo y encontrar algún ejercicio que me resulte divertido, porque en general la cacharrería de gimnasio es coñazo hasta la saciedad. Pero no, sinceramente no me veo desmelenada pegando saltos y lanzando puñetazos en la clase de body combat. Va a ser que no. Nota al margen, os dejo esta descripción buenísima de primeras experiencias en body combat, por un bloguero con el que he tropezado por casualidad y que me ha arrancado unas buenas carcajadas:

http://blogs.elcorreo.com/en-buena-logica/2009/5/5/la-vida-al-limite

Voy a ir al decathlon a ver si encuentro más burkas deportivos, que a este paso me confundirán con una homeless y me echarán.

Silcas

Animales de compañía

No, no voy a hablar del pulpo, animal de compañía por excelencia, sino de los animalitos de dos pies y cuatro patas que nos encontramos ayer por el mundo.

Teníamos noche de casino, que consiste básicamente en que los churris, que son los que saben, se dedican a apuntar números que van saliendo en la ruleta, deciden estrategia de juego y apuestan, y generalmente ganan lo suficiente para cenar en el bufet del Casino, que es bastante presentable. Mientras, las tres marías nos apostamos en la barra con unas cervezas y patatas fritas y contemplamos el panorama. Es encantador, el Casino. La virgen, cómo se viste la peña. Pero que no vas a la boda de tu tía Enriqueta, por dios.  Dónde irá esa con Mantón de Manila!! y encima blanco. Pues anda que aquella otra. Una octogenaria, con peluca pelirroja ataviada con un vestidito corto de Custo, perfecto para una quinceañera, no para una bisabuela que además se inclinaba sobre la mesa para colocar sus fichas y nos enseñaba sus blancas y esqueléticas piernas y parte del culo, que había arramplado con toda la celulitis de la provincia. Dios qué grima. Así estábamos, entretenidas criticando al personal, que es el deporte favorito de las churris mientras los gachós se ganan el parné para poder hincarle el diente a los platos del bufé.

Pero ayer no les acompañó la suerte. Los veíamos desde la barra, cuales almas en pena, apostando una y otra vez, y palmando el patrimonio familiar y conyugal, rodeados del frente de juventudes, la gran reserva y el club de las panteras grises. Vaya peña la que había en la mesa, qué colección de glorias. Y allí estábamos las tres, cerveza en mano, observando y comentando la jugada. Huy, que ha salido el 28, ese nos viene bien, no? Pues no. ¿Pero no decías que íbamos a 30 y “vecinos”? Sí, pero ese precisamente NO es vecino, está justo en la otra punta de la ruleta. Ah. Vale. Con lo que ignoramos de la ruleta se podría llenar una piscina. De pronto, comienzan a salirles los números. Hacemos ademán de irnos a dar una vuelta. Que no, que no os vayáis, quedaos ahí sentaditas y a ser posible con la pata cruzada en la misma posición, que ahora empieza la racha, a ver si os vais y se nos jode el invento. Y cuándo se supone que cenamos, que son las 11 y tenemos más hambre que el perro de chewbacca. Nos acercamos al bufé a pedir mesa. Nos dan el nº 177. Van por el 157. Ah genial. Casi que podemos ir mirando cuándo cierra el telepizza, que entre la suerte de éstos y el overbooking, no cenamos.

Tras perder los gallumbos, nos  vamos a cenar (qué malo el bufé del lado de la izquierda, joer, nada que ver con el del otro lado ) y entonces las churris decidimos tomar una copa mientras los cónyuges hacían un último intento al blackjack. Y mira tu por dónde, comenzaron a ganar algo de pasta, que hizo que por lo menos no salieran del casino con la cabeza gacha.

Llegamos a casa a las 2 de la mañana, para encontrarnos con que teníamos visita, un murciélago había entrado en el salón y totalmente despistado, giraba dando vueltas buscando una salida. Fantástico. A ver cómo leñes se atrapa un murciélago, o al menos, se le echa fuera. Ni de coña. Ahí estaba,el  draculín, girando desesperadamente y moviendo las alitas. A ver si hay suerte y es el Cullen, que se ha colado en casa.

Va a ser que no. Opto por cerrar la puerta del salón y meterme en el sobre, paso del bicho con alas, que haga lo que le venga bien, y ya veremos si mañana el perro se lo zampa o no. Cónyuge A, preocupado. Oye, que estos bichos transmiten la rabia, a ver si la perra lo va a atrapar y tenemos un disgusto. Claro. Me imagino a la perra con capa de superman volando rauda en pos el bicho, atrapándolo con sus fauces y cogiendo la rabia por mordisco de murciélago. Pues mira, precisamente la perra es la única que está vacunada, así que no hay problema, que haga lo que quiera.

Vuelve cónyuge A de sacar al perro con otra historia de terror. Que hay un jabalí suelto por las praderas, y que el Seprona y varios osados y corpulentos vecinos armados con palos casi palman del susto al ver a nuestra perra girando una esquina. Claro, como es tan enoooorme el chucho. Tiene una pinta de jabalí que te cagas, sobre todo por la enorme lengua que le cuelga al lado de las orejas. Joer con el Seprona, vaya con los hombres de harrelson. Y vaya vidilla que tiene esta urbanización en cuanto cae la noche.

El chucho es un braco alemán, una raza especializada en la detección de jabalíes. Estos bichos suelen bajar en verano y se cuelan por los muros que nos separan del mundo de la fauna ibérica, para destrozar las praderas de césped y hozar en las raíces, que es lo que les mola. Cuando nuestra perra localiza a uno de estos ejemplares, se para en seco y se queda tiesa como un palo apuntándole con la pata. Cuando eso sucede una noche de verano a las 3 de la mañana y apunta a un arbusto oscuro y mal iluminado, sencillamente te haces caca encima. Porque una cosa es que lo detecte y otra que sepa cómo coño meterle mano a un jabalí en pleno ataque, no digamos si es una hembra con su piara.

En fin, que entre el murciélago, el jabalí, la colección de hormigas invasoras que entran desde la terraza y la población del casino, esto parece Jurassic Park.

Ya veremos si el murciélago sale esta noche de su escondite y se dedica a girar sobre el salón. Si sucede durante el partido, no quiero ni pensar en lo que hará mi suegro con él. Se lo echará de comer al pulpo, supongo.

En fin, que Dios reparta suerte y que ganemos el mundial.

Silcas