Facebook, twitter y otros animalejos

El otro día, un amigo me recriminaba cariñosamente que tengo un tanto descuidado el blog -será porque con eso de la crisis estamos currando por dos o tres- y la verdad es que en el mundo y en este país está pasando tanto y tan variado que no sé ni por dónde empezar y me entra la pereza nada más abrir el blog.

Los elefantes del rey, los atracos a mano armada a mi depauperada nómina, la crisis de las narices -que yo no sé dónde se mete cuando una va a los centros comerciales, porque están petados-, las usurpaciones repsoleras allende los mares, el fostión del parqué (jajaja, a mí MLP, básicamente porque no tengo ni un duro en bolsa ni -si a eso vamos- fuera de ella), así que díganme ustedes sobre qué demonios puedo yo escribir sin meterme en algún lío, ya sea por inculta, atrevida o simplemente descerebrada. Es que cada uno de los temas proporciona inspiración y cancha, no ya para un post, sino para una enciclopedia completa del esperpento social, humano y laboral que nos rodea nada más abrir el chrome, el explorer, el firefox o lo que tengan ustedes como pantalla de inicio, porque ¿a que es lo que primero hacemos al encender el equipo? Abrir el explorador de internet, que para eso está.

Y también hay que decir, que mi desidia literaria se ha recrudecido desde que una amiga me enganchó a eso de facebook -pero engancharme de verdad, que cuenta tenía desde hace siglos, y la borré, y resulta que lo que borré no se borró, y ahí seguía la cuenta, cual zombi cibernético, que vete tú a saber qué más cosas habrá por internet que yo creía borradas, y me la llevé al río pensando que era mozuela, pero tenía marido. Por tanto, estoy presa de un inquietante desbordamiento de comunicación en múltiples direcciones, que reclama casi todo mi tiempo libre, que es bien poquito, y que además, me impide pensar en las cosas que suceden y no digamos ya el escribir sobre ellas.

Ping! Croinx! CroacCroac! Tiklin! Y a ver qué criatura será la que pía en tu móvil o en tu portátil, que una no gana para sobresaltos ni distracciones.

Y una se resigna, con esa resignación de los que llevan 20 años currando en esto de las nuevas tecnologías, y reflexiona sobre el panorama, comprendiendo que, o estás en esas lides cibernéticas, o quedas totalmente expuesto e indefenso a un sinfín de tragedias sociales, laborales y personales que se te vienen encima si te empeñas en quedarte al margen del mundo digital.

¿Que no tienes linkedin? Eres un paria profesional, no existes para las intrincadas redes de los headhunters, principalmente porque esa bonita labor de llamar a la gente por teléfono para conocerla se está quedando tan anticuada como el rosario de la aurora, y los muy vagos prefieren el camino fácil, que consiste en creerse lo que pone en los escaparates que cada uno prepara para lucimiento y brillo personal. Así les va luego, claro. Diseñando asistentes virtuales que entrevisten a la peña, tócate los pies. Que no se quejen si al final el prometedor candidato tiene la brillantez mental de un melón cruzado con nécora. A mí linkedin me cansa tanto que estoy por borrar mi cuenta, me harta ver ineptos colgando sus falacias en sus perfiles. De no ser por el hecho de que me resulta útil en mi trabajo actual, lo mandaría al guano. Puaj.

¿Que no tienes facebook? Eres un auténtico desecho social, un bicho raro, un humano sin amigos ni posibilidad alguna de obtenerlos. A mi me resulta un poco cansino, la verdad, y únicamente le encuentro una cierta utilidad para mantener el contacto y curiosear qué fue de quién, pero sinceramente, si quiero saber algo de un amigo, le llamo, le pongo un correo o mejor, me tomo unas cañas con el susodicho/a. Puedo prescindir de facebook con total tranquilidad y sin aspavientos.

No tener twitter supone no estar al tanto de cualquiera de tus asuntos, ya sea el avance de la huelga de los pilotos de iberia, la torta que se están pegando tus acciones, las bragas que se pone Sarah Jessica Parker ese día, o cualquier otro dato altamente interesante que permita que tu vida en este planeta sea posible. Y no, no tengo twitter, por cierto. Hasta ahí podíamos llegar.

En cuanto al guasap, pues hombre, el chat tiene cierta coña, y la inmediatez también, pero eso de estar continuamente on line, jolín, que pereza. Si, ya sé, puedo modificar mi estado, que por cierto es “Criando a mis aliens”. Pero se me olvida, y lo cierto es que más que criándolos, ya tendrían que estar haciendo la comunión. Además, teniendo facebook, ¿para qué demonios queremos el guasap? y el messenger de la blackberry? Pues para los amigos que no tienen guasap. ¿Y el gmail? Para ver los mails de las ventas on line.

La virgen. No, si desde el invento del zapatófono se veía venir, cómo nos complicamos la existencia.

Ahora pierdes el móvil de las narices y ¡pierdes la vida entera! Peor aún, te lo roban y se convierten en tí, aunque sea por poco tiempo. A ver cómo desfaces el entuerto si algún psicópata, ser vengativo, o simplemente un capullo se pone a juguetear con tus cuentas y a colgar lo que se le ocurra en ellas.

Y por si esto fuera poco, nos tenemos que convertir en MASTERS en internet, porque claro, llegan las nuevas generaciones, que han nacido con apéndices palmares enganchados a los mandos de la xbox, y prepárate para vigilar no ya tus cuentas, sino las de tus retoños, que yo no he visto jamás criaturas tan dotadas para la tecnología pero tan cortas de entendimiento, de sesera y de sentido de las proporciones.

Creo que cada vez me está tentando más el mundo gallináceo, “Vamonos pal pueblo Pepe”, que a mí esto de la tecnología me está superando con creces. Con lo bonica que era internés en los años 80, que forma de cargársela.

Os dejo, que una de mis criaturas cibernéticas reclama mis cuidados, apuesto a que es el feisbuk, que pía cosa fina.

Cualquier día los mando a todos a esparragar… y lo feliz que viviré.

Anuncios

La frase de hoy

Me he tropezado con esta bonita frase, que encierra mucha verdad y que me apresuro a compartir con vosotros:

***

Una mujer y un vaso de vino curan todo mal, y el que no bebe y no besa está peor que muerto

(Johan Wolfgang von Goethe)

Linkeame otra vez!

Desde que en el año de gracia de 1998 comencé a cacharrear con esto de internet, la verdad es que no deja de sorprenderme.

Esto de las redes sociales me tiene particularmente fascinada, sobre todo la seriedad con que la gente se las toma, principalmente el Linkedin. Dado el inmenso nivel de networking de mi compañía, lo utilizo básicamente  para buscar peña a la cual podamos venderle nuestros servicios, así que el dichoso Linkedin se ha convertido en un fondo de armario básico en mi vida laboral.

Y flipo en colorines. A veces recibo peticiones de conexión de criaturas de lo más variopinto, y que por supuesto, no he conocido en mi vida. ¿Y cuándo hemos comido sopas usted y yo juntos, caballero -o señora-? ¿Y porqué quiere usted linkearme, pa qué pues? O peor, un tipo de tu curro anterior que te cae de puñetera angustia y que insiste en conectarte a su red. Jo tío, qué pereza me das.

Y estas reflexiones vienen a raíz de una noticia francamente espeluznante que acabo de ver en el Hellou en este aburrido día 9 de noviembre (ostras, acabo de caer en que es el cumple de mi amiga Ana!!!! arghhh, mensaje que te crió),

http://www.hola.com/actualidad/2010110847529/facebook/rupturas/sentimentales/1/

O sea, usted, señor o señorita, quiere cortar con su pareja actual y no tiene más que cambiar su estado en Facebook a “está soltero”. Atando cabos, y con una gran dosis de perspicacia, posiblemente acompañada por la no respuesta a sus fervorosos emails o sms, el abandonado será consciente de que su pareja ya no es tal, y que casi mejor cambie su estado a “sí, y me la pela” para poder formar parte del grupo de individuos disponibles.

Claro, que desde que se inventó el email y el uso y el abuso del mismo, los ejemplos cunden que no veas, esta viñeta es del año del pedo, y sigue de actualidad. Pero con las redes sociales, el asunto adquiere dimensiones planetarias, que digo planetarias, más bien intergalácticas.

Y que te enteres así de que te han dejado, de golpe y porrazo. A ver, a ver. ¿Es que nos da terror el vis a vis o el humilde móvil, no somos capaces de cortar con el noviete/eta por el método tradicional, íntimo y recogido y que sólo afecta a dos individuos? ¿Es que todo quisque en el puto planeta tierra y parte del universo tiene que enterarse? Joder joder, vaya putada para un adolescente, tu ruptura corriendo como pólvora por toda tu red de contactos -reconozcamos que a veces incluso viene bien dicha información en primicia para el/la siguiente de la lista-. A saber lo que le habrán hecho en Facebook a mi sufrida personalidad virtual -no tengo cuenta ni la tendré- y yo sin enterarme!!!

Pero me he desviado en mis desvaríos, que yo hablaba del Linkedin, que es la red profesional más utilizada cuando quieres cotillear quién es quién y a quién le puedes vender tus motos.

Lo primero, la exactitud. Claro, al final, como TÚ eres quien decide qué puñetas pone ahí, resulta que la fiabilidad es más bien bajita. La gente demuestra una creatividad de cojones a la hora de venderse. Conozco casos de inútiles totales que parecen los generales de todos los ejércitos de Mordor. No hablemos ya de los que no están donde dicen que están, y ni se molestan en actualizar la información. Peor aún es descubrir a tus tocayos de nombre y primer apellido que son francamente HORRENDOS, o con pinta de putones verbeneros. La virgen. Que susto me llevé el otro día al descubrir a una doble tocaya en el linkedin, maaadre del amor hermosoooo!!! Que casi te da tentaciones de añadirla a tu red y publicar algo así como lo que decía Mari Trini, “esa chica si, no, que eeeesa no soy yo, que esa no soy yooo!!

Luego están los que te quieren linkear no por tus bellos ojos, sino para acceder a otros contactos de tu red al más puro estilo “por interés te quiero Andrés”.

Y las recomendaciones, de traca. Mi compañera se quejaba el otro día, ¿que porqué demonios la ha recomendado una conocida si ella no se lo ha pedido? Pues sí, efectivamente. Puede parecer que estás pidiendo que te recomienden porque quieres cambiar de curro. De todos modos, a mí las recomendaciones me dan risa. O las haces personales y curradas o no, y si no, pues suena a falso que te cagas.

Y luego está la evolución de tu existencia virtual en Linkedin, que es larga como un día sin pan o al menos tanto como Linkedin quiera seguir sin cobrar, que en cuanto pretenda sacarme las mantecas por estar ahí, me apeo del invento.  Pero no sólo está el problema en que tú quieras abandonar Linkedin voluntariamente; es que conozco gente que ya no está entre los vivos y sigue en Linkedin, cual inquietante fantasma profesional… que yuyu, por Dios!!! ¿No habrá un enterrador virtual? Alguien que diga unas sentidas palabras del estilo: “fue un buen tipo, y nos trajo alegría, y su red de contactos agradece una oración por su email”? ¡O algo!

Y por último, ¿cuando uno quiere eliminar uno de sus contactos, ¿puede hacerlo? ¿Y también saldrá actualizado en el resumen de actividad de tu red; o como decían en mi colegio de Barcelona “ya no soy tu amiga, cara de furmiga”? En el tuenty o en el facebook pues vale, pero en el mundo profesional, podría ser de coña. ¡Qué diver!

A veces oigo comentarios en el curro, entre grandes alharacas y regocijos; “anda, menganito se ha conectado con zutanito!!!” ¿Y qué puede significar, joder?. Pues que se han conectado, punto y pelota. Y no vayas más allá. Vaya conclusiones gilipollescas que se obtienen de semejantes pistas cibernéticas. Pues igual resulta que el susodicho conectado es cuñado de su prima eulogia y punto. Y que no tiene nada que ver con la paja mental que te estás montando, peaso nécora.

Uf… qué pereza, bastante ajetreada es la vida normal como para estar cuidando de tu otro yo en las redes virtuales… creo que acabaré como una vieja ermitaña, en una choza al lado del mar y pasando de la tecnología hasta para comunicarme con mis biznietos… que vengan a verme, si eso, y con percebes reales. Los virtuales que se los lleven a otra.

Silcas

Juguetona

Muy bueno el post de Juguetona, con su permiso  😉  os lo enlazo desde aquí:

http://juguetona.wordpress.com/2009/09/19/quiero/

Que lo disfrutéis…

***********************

Quiero

Quiero que me oigas, sin juzgarme.

Quiero que opines, sin aconsejarme.

Quiero que confí es en mi, sin exigirme.

Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi.

Quiero que me cuides, sin anularme.

Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.

Quiero que me abraces, sin asfixiarme.

Quiero que me animes, sin empujarme.

Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.

Quiero que me protejas, sin mentiras.

Quiero que te acerques, sin invadirme.

Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten, que las aceptes y no pretendas cambiarlas.

Cambios y mudanzas

Mi amiga Loli me echa la “bronca”: oye tía, ¿¿que te piras de aquí??

Pues sí. Cambio de compañía, empiezo a currar en otro sitio en cuanto vuelva de las vacaciones.

Tengo preparado un email para algunos compañeros, lo tengo aún en la carpeta de borradores, sin enviar.

Nunca se me han dado bien las despedidas, sobre todo de la gente que me importa. Y tampoco me gustan los típicos emails multitudinarios “adiós amigos bye bye my friend, qué cojonudos sois todos, amigos para siempre” porque no suelen ser sinceros y suelen estar  escritos de cara a quedar bien con alguien excepto contigo mismo. Seamos sinceros, lo que en realidad apetece es poner a bajar de un burro a unos cuantos, llamar gusano miserable a algún otro y decir al resto que esperas no perderles la pista porque les aprecias y son muy buena gente. Y mezclar todo eso en el mismo saco, y que no te quede un batiburrillo escrito por un esquizofrénico, es poco menos que imposible. En cuanto a las cañas de despedida, me repelen. Prefiero tomar un café -o una caña, joder, que no tengo nada contra las cañas- con la gente a la que aprecio, intercambiar móviles y decirles que seguiremos en contacto, y que ahí estoy para lo que necesiten. Todo lo demás es bastante triste y más bien superfluo.

En realidad, cuando uno se larga voluntariamente de una compañía en la que lleva 9 años es por un motivo de peso: porque ha llegado al final del camino que le tocaba recorrer en ese sitio y ya no tiene ningún sentido estirarlo. Cuando pierdes la ilusión y la fe en algo -o dicho finamente, estás hasta los ovarios-, es mejor salir por la puerta, que quedarte y amargarte la vida haciendo algo que ya no te llena en absoluto. Resumiendo: ya sé que esto es una selva, pero yo estoy hasta las narices de que me muerda siempre el mismo tigre.

Cuando haces balance, te das cuenta de que te llevas una montaña de “lessons learned” o cosas aprendidas. La consultoría de IT da para mucho, y las multinacionales aún más. Me viene a la cabeza ahora mismo el viejo proverbio árabe:

No digas todo lo que sabes

No hagas todo lo que puedas

No creas todo lo que oyes

No gastes todo lo que tienes

Porque …

El que dice todo lo que sabe

Hace todo lo que puede

Cree todo lo que oye

Y gasta todo lo que tiene

Muchas veces …

Dice lo que no conviene

Hace lo que no debe

Juzga lo que no ve

Y gasta lo que no tiene

No digas todo lo que sabes
No hagas todo lo que puedas
No creas todo lo que oyes
No gastes todo lo que tienes
Porque …
El que dice todo lo que sabe
Hace todo lo que puede
Cree todo lo que oye
Y gasta todo lo que tiene
Muchas veces …
Dice lo que no conviene
Hace lo que no debe
Juzga lo que no vé

Y gasta lo que no tiene

Claro, que adaptado al bonito y proceloso cenagal de la tecnología, la cosa queda todavía más molona y enriquecedora:

No digas todo lo que sabes. Ni de coña. Porque alguien lo aprovechará, y además -posiblemente- en tu contra. Es más: Mejor callar y pasar por tonto que hablar y demostrarlo, que es otro refrán excelente.

No hagas todo lo que puedas. Claro que no. Porque terminarás haciendo el curro de los demás, que hay gente muy vaga y perezosa suelta por ahí. Marca bien cuáles son tus funciones, y no te salgas de ahí porque lo lamentarás; o la cagarás o le harás el curro a algún jeta que se acostumbrará a que tú se lo hagas para siempre jamás.

No creas todo lo que oyes. Efectivamente, no te creas una mierda de nada de lo que escuches. Muy posiblemente te lo cuentan para que tú propagues algo que es falso. Y el resto de lo que escuches, ponlo en cuarentena porque seguro que tampoco es cierto.

No gastes todo lo que tienes. Raciona tu conocimiento, tus contactos y tus habilidades. No regales absolutamente nada, y recuerda que el agradecimiento tiene una vida muy corta.

¿Me marcho? No, en realidad simplemente me mudo. Me cambio de lugar de trabajo, pero no por eso voy a dejar de contar con gente a la que aprecio. Eso sí, me encantará perder de vista a unos cuantos indeseables que han amargado mis últimos meses en la compañía, sintiéndolo muchísimo por la gente buena que se queda y que tendrán que aguantar a estos ejemplares. ¿Que si seguiré en esto de la tecnología? Pues sí y no. Más bien sí. Pero sospecho que mi próxima aventura profesional va a producir una buena colección de posts más bien surrealistas.

Echaré de menos a mi portátil, eso sí. Pobrecillo, a saber en manos de quién acabará. La de presentaciones y marrones que hemos vivido juntos, noches de oferting indoor incluidas. En fin. Me consolaré comprándome un mega trasto que te cagas lleno de gigas, con rizador de melena incluido.

Y un cariñoso mensaje de despedida para las fotocopiadoras/impresoras de mi empresa: ojala caiga un puto yunque del cielo y os fría hasta el último cartucho de toner de vuestras inmundas tripas. Cacho zorras, que sois unas zorras.

Silcas

La princesa está triste

La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?

Como calmar cargos de conciencia

Como calmar cargos de conciencia

La pobre niña rica Suri, que no se adapta a Australia, y su mamá, para compensarlo, le compra un piano, una barbi y un juego de cama de lujo.

Haaala, ahí estamos. Tratando de compensar con pasta las cosas que no se pueden comprar con dinero. Y ya no es un tema de ricachones, es que es algo muy común, lo que pasa es que el común de los mortales no se gasta 500 euros en juguetes. ¡¡Pero se gasta 50!! El caso es que se los gasta. Y ya si vamos a la cantidad, no sé si el escritor del articulillo de marras es un mileurista -con el debido respeto a los mileuristas- o qué, pero en fin, que sí, que 500 euros es una pasta para gastarlo en barbis, pero que tampoco es para tanto. El fondo del asunto no es que se haya gastado 500 euros, sino que quiere “tratar la nostalgia de su hija” con esos euros.

Tres años tiene, la princesa. Tres añitos. Ya desde tan tierna edad, entra en la rueda de “tengo y soy feliz”, y si me compras nosequé, pues ya no estoy triste, y si nos vamos de compras entonces estoy contenta. Sí señora, Katie, muy bien hecho. Enséñale a tu hija que lo que merece la pena en la vida es tener el piano de la barbi, el caballito de hellou kitti, o las sábanas de la princesa rascayú.

¿Qué tal, cacho descerebrada, si en vez de eso coges a tu peque y te la llevas a ver reservas de animales, a la playa, o a conocer el país? ¿Qué coño tiene Los Angeles que no tenga Australia? Es más, juraría que Australia le pega 20 vueltas a Los Angeles, por naturaleza, por fauna, por paisajes y por lo que sea. Cualquier peque disfrutaría en ese país como un cochino en un maizal.

Ah. Que no tienes tiempo de llevarla a dar vueltas, que estás rodando una película. ¿No será que en realidad tu hija está depre porque no le haces ni puñetero caso, y no por el cambio de ciudad?

Tranquila.

Cuando quieras que tu hija te dedique tiempo a tí, te encontrarás con que ella tampoco lo tiene. Porque así se lo has enseñado. Eso sí, no te preocupes: te meterá en una residencia de lujo que le costará una pasta al mes, y tan contenta, oye.

Serán nécoras.

Silcas

Olvidos y errores

Esta semana tenemos dos, nada menos, dos historias terribles que nos podrían haber sucedido a cualquiera.

La primera, la pobre infeliz, la enfermera de 22 años involucrada en la muerte del bebé hijo de la madre fallecida con gripe A (que manda nísperos también, la tremenda situación para la familia).

El caso de la enfermera

El caso de la enfermera

Vale, vale, que sí, que pobre bebé, pobre padre, y pobre familia. Lo que no quiero ni pensar es en cómo se sentirá ella. Que está bajo sedantes y destrozada, joder, pues claro, cómo va a estar. A ver cómo se recupera uno de semejante cosa. Mi teoría es que en todos los trabajos existe un riesgo llamado falta de calidad, en todos, incluyendo el mío.

Esa “no calidad” deriva en accidentes. No tengo la menor idea de medicina ni de enfermería, dicen que las dos sondas que tenía el bebé -una para comida, otra para medicación- eran idénticas y que fue lo que provocó el error. Bla bla bla. No voy a entrar en cómo funciona la sanidad, sea pública o privada, porque también a los de Sanitas déjalos ir. Con el dichoso episodio de pancreatitis de mi marido estas pasadas navidades, se lucieron, casi lo envían al otro barrio esos médicos de palo que suelen tener en urgencias y que le dijeron que simplemente tenía una gastroenteritis. Hasta que mi marido insistió, le hicieron análisis y lo enviaron a la UCI de cabeza. ¿Gastroenteritis, eh, cacho incompetentes? La cuestión es despachar pacientes y que no den mucho por saco. ¿Qué hubiera pasado si mi marido se hubiera vuelto a casa con semejante cuadro? Pues que ya no estaría entre los vivos.

Al final, el resultado es lo que cuenta: un niño muerto y una chica recién incorporada al mundo laboral con la vida destrozada. Supongo, a mí me pasa algo parecido y no sé si podría seguir viviendo con semejante losa en mi cabeza. Pobres criaturas, ambas dos.

La otra, una mamá que va al curro y se deja al bebé dentro del coche, el peque muere por deshidratación. Según parece, una discusión por tráfico que la sacó de sus casillas y ¡plof! Te olvidas de que lo más importante de tu vida va sentado en el asiento de atrás, te vas corriendo al curro, engorilada por la trifulca ¡y te lo dejas allí metido!

El caso del bebe 1

El caso del bebe 1

Joer, pobre niño pero pobre madre. Y me pongo en su pellejo, doy fe, que a cualquiera de nosotras nos podría haber pasado. No sé, imagina: metes al niño en el coche, lo atas a la sillita de forma casi automática, con la cabeza en los marrones del curro o en la reunión de los cojones donde tu jefe te va a dar zapatilla con toda seguridad. Pensando en la mierda, suena el móvil, con cualquier otro marrón, se te va la pinza, durante la discusión pones el piloto automático, no pasas por la guarde porque no sueles llevarle tú sino tu marido, y llegas a la oficina, aparcas y dejas al crío dormido a pleno sol dentro del coche. Tragedia servida. A mí me pasa eso, y no sé qué haría, posiblemente coger el coche con el crío dentro y tirarme por cualquier precipicio cercano. No podría seguir viviendo con eso.

Y hay más, otro padre que también se dejó a su hija de 3 años en el coche.

Otro bebe en coche

Otro bebe en coche

¿Y qué coño hacemos ante semejantes desgracias? Pues que tendemos a culpar a la enfermera y a la madre, o al padre. La enfermera, pobre hija;  imagino que quizá metiera la pata, pero no me creo ni borracha que fuera 100% culpa suya. Me parece que los accidentes de enfermería son como los de aviación: se conjugan unos cuantos factores y ya tienes la desgracia servida: la “no calidad” justo en el límite de la chapuza (me refiero a las sondas idénticas), una profesional inexperta, las veteranas que están a otra cosa, y ya lo tienes apañao. Lo malo es que los accidentes, tanto en medicina como en transporte, suelen tener consecuencias más bien nefastas. En mi sector, una metedura de gamba igual implica que una web no esté disponible, que una aplicación calcule mal el resultado de una cuenta o bien que no te llegue un correo de confirmación de una transferencia. Pero NO se muere nadie. Bueno, a veces matan al programador por metepatas, cosa injusta porque el citado metepatas generalmente no ha recibido la formación adecuada (estudió filostros y la aplicación iba sobre calostros) o lo han puesto de jefe de proyecto cuando el infeliz acaba de salir de la facultad.

Y yo esta semana voy y me olvido de felicitar a mi suegra por su santo, la virgen del Carmen. Desde luego, no es nada raro en mí; tengo ausente el gen que determina la capacidad para recordar los cumpleaños de los seres queridos, incluyendo padres y hermanos.

Vaya chorrada, diréis.

Pues no. Se empieza por las chorradas y uno acaba dejándose al bebé en el coche.

No todo el mundo tiene la facultad de compartimentar la mente y desconectar la mierda del curro en cuanto sales por la puerta, o bien centrarte en lo que debes. ¿Qué es más importante, llegar puntual a trabajar o dejar a tu hijo en la guardería? ¿Porqué tenemos la mente permanentemente ocupada en un bucle de estupideces, como en cosas del trabajo, broncas de tráfico, o banalidades de todo tipo? No tenemos mucho control sobre la mente, digo yo. Dejamos que nos desborden las bobadas y al final no nos queda capacidad de procesamiento para pensar en lo que realmente es importante.

Y luego pasa lo que pasa.

Silcas