El señor Dukan, supongo

Llevo tiempo sin darle a la tecla, más que nada gracias a los inconmensurables esfuerzos del sector público español, que se han empeñado en fastidiarnos la reentré pero bien. Hasta el 20-N, que ya falta poco, se han dedicado a sacar todos los pliegos posibles, para que entren en el ciclo de compras antes de las dichosas elecciones, obligándonos a los proveedores a esfuerzos inhumanos para responder a semejante mansalva de pliegos.

Pero me estoy desviando del objeto de este post, que no es otro que el de la Dieta Dukan.

http://www.dietadukan.es/

Aunque no suelo apostolizar para nada, es más, no suelo ir contando por ahí lo que hago o dejo de hacer a mis cuerpos, me fastidia un poco la mala prensa que tiene esta dieta, lo poco informada que está la gente y la alegría con la que suelen decirte: “ooohhh, haces la dukan!! dios mío, pero es horrible, es una dieta peligrosísimaaa!!!”.  Entonces una menea la cabeza, se encoge de hombros y pone la sonrisa de monalisa.

Así que , las cosas como son:

En 7 semanas he perdido 8 kilos, amén de un montón de centímetros de varios lugares de mi anatomía -el volumen no tiene porqué ir a la par del peso-. Además, he recuperado forma física, energía y ganas de hacer cosas, desde vaciar armarios a montar en bici. Y si eso es malo, pues que me venga lo bueno, que debe ser la pera.

Ah, sí, me olvidaba de la analítica. Porque cuando decides hacer una dieta que implique prescindir de algunos grupos de alimentos, y esto es aplicable no sólo la Dukan, es buen consejo hacerse analítica, antes, durante y después.  Además, como ex-hepática que soy, me preocupaba la caña que podía darle al hígado, y dado que me gusta mucho más el pescado y el marisco que una chuleta de ternera, también me tenía un tanto inquieta  el nivel de ácido úrico.

Y oh, sorpresa. Habitualmente -y digo habitualmente porque durante los últimos análisis que me han hecho en la empresa así ha sido-, tenía anemia misteriosus, es decir: una anemia cuyo origen ningún médico me supo explicar, porque el nivel de hierro estaba estupendo y sin embargo mi sangre era del grupo “cero patatero”, o sea, que garantizaba que mantendría a los amigos de Edward Cullen a raya para toda la eternidad. La leche desnatada sin lactosa, un dechado de sustancia en comparación con mi sangre. Puaj, ni para un tentempié me querrían, antes se absorbían a un periquito que a la menda.

Y mira tú por dónde, hace un año mi recuento de hematíes era más bien lamentable, como digo, 3,6 míseros millones. Y ahora tengo 4,1, rayando casi en la normalidad, que es 4,2 según mi análisis. El resto de niveles? ALUCINANTE. Porque tenía el colesterol alto y ahora tengo el equivalente al de una chavala de 20 años, lo cual cuadra con el peaso TIPÓN que se me está poniendo y que me está haciendo llevar toda mi ropa a arreglar porque se me va cayendo. El ácido úrico, na de na, el hígado en perfecto estado, y el resto de niveles dentro de la normalidad. Vamos, que resulta que no voy a morirme.

Eso sí, la gente te obsequia con todo tipo de sombríos pronósticos y tragedias romanas. Que digo yo, ¿qué costará informarse un poquito? Con la de foros especializados que hay. Claro, que es mucho más sencillo conformarse con el titular y no seguir leyendo.

http://www.ocu.org/adelgazamiento-y-obesidad/dieta-dukan-mas-peligros-que-milagros-s540484.htm

(este link es sensacional, no tanto por el cutre artículo sino por los furibundos -y acertadísimos- comentarios, la mayoría de los cuales suscribo plenamente)

Creo haber encontrado la raíz del problema, y que por supuesto, está en la cantidad de información no contrastada que hay suelta por internet. Muchos artículos se quedan en la fase de ataque del régimen (que en mi caso fueron dos días de alimentación a base de proteína pura) y lo extienden al resto del régimen lo cual es una auténtica barbaridad. No se puede vivir sólo a base de proteínas, te juegas la salud. Tampoco se puede comenzar una dieta sin haberla estudiado con detalle, entender en qué consiste y decidir si eres capaz de hacerla (no sólo por fuerza de voluntad, sino de cómo te vas a apañar la logística) y si tu cuerpo te lo va a permitir, cosa que se resuelve con una visita al médico (por cierto, a la mayoría de los médicos no les gusta nada esta dieta, sigo sin entender porqué). La mayor parte del régimen es una combinación de proteína y verduras, mucha agua y ejercicio. Y la última fase, la de consolidación, te va permitiendo introducir los alimentos prohibidos poco a poco. Con cabeza y sentido común, me parece una buena dieta.

También hay un tema comercial: en esta dieta sólo tienes que comprarte el libro -22 euros- leértelo, y comprar el salvado de avena, al inalcanzable precio de 1 euro la bolsa en Mercadona. Por cierto, que aquí tienen DE TODO para hacer la dukan!!! Gracias por este maravilloso post que encontré, y que me sirvió tal cual para irme a hacer la compra.

http://adelgazarconproteinas.wordpress.com/2011/02/06/en-mercadona-para-dukan/

Me tomo los yogures desnatados en formato medio litro por docenas, jajaja! Decía que yo creo que existen intereses comerciales que hacen a algunos desaprensivos criticar esta dieta para luego recomendarte cualquier otra a base de productos de herboristería carísimos, pastillas o alimentos concretos de marcas registradas. Y por supuesto, visitas periódicas al nutricionista, que naturalmente, te cobra su pasta correspondiente. Yo voy a mi médico de cabecera, que es de Sanitas, el hombre, y muy sensato. Y ya está.

Lo primero que hice al plantearme esta dieta fue pescar el libro y leérmelo de cabo a rabo. Luego, decidí que sí, que lo iba a hacer a rajatabla -y no sólo a intentarlo-. Al principio, echaba de menos muchas cosas, miraba de reojo las cañas que se tomaban los compis de la oficina, los pinchos de tortilla y las pulguitas de jamón, pero a cambio fui erradicando costumbres nefastas, como malcomer y luego hincharme en la cena, y encima meterme dos o tres copas de vino. Redescubrí la cecina (jolín, que buenaaa!!!), las bayas goji, los champiñones rellenos, he aprendido alguna receta sencilla, bajo el simple método de utilizar para ello ingredientes permitidos (leche desnatada, queso fresco batido desnatado, pavo, etc etc). Y qué decir de los mejillones cocidos al vapor con ramita de apio, el salmón ahumado (sí, se puede comer un par de veces por semana), el pollo asado (también, otra cosa permitida), el pescadito al horno, la sopa de calabaza, la de verduras, etc etc etc?

En realidad, he aprendido a comer mucho mejor, y meter en mi dieta cosas sanas -es curioso, la comida me sabe diferente-, y no creo que sea nada malo eliminar de mi dieta el alcohol, el azúcar y el pan industrial, los bollos, las grasazas, el chorizo y el tocino, los fritos y las pastas. Tomo mi salvado de avena, y a veces de trigo, y bebo muchísima agua, y por supuesto, ejercicio. Bici y yoga y cuando no puedo lo uno o lo otro, a correr un poco. No me considero una experta ni mucho menos, pero sí he conseguido adaptar la dieta a mi vida y logística (la fiambrera, esa gran amiga), y a comer con un poco de sentido común (el menos común de los sentidos).

Como buena tecnócrata que soy, me he currado mi excel con mis platos, recetas, mis menús semanales y por supuesto mis tablas de pesos y medidas. Ahora tendré que añadir la pestaña de analítica, lo cual me parece un trabajo de titanes porque me sacaron algo así como cuatro tubos de sangre para producir un tocho de resultados de un montón de páginas. No, si mi médico no será nutricionista, pero concienzudo lo es un rato, menos mal que se me ha quitado la anemia, que si no en el próximo análisis me deja seca…

En fin, que estoy encantada, y no quería dejar de compartirlo con vosotros.

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Urticaria primaveral

ESO, urticaria es lo que me provoca la primavera, y no debido a las alergias varias, que afortunadamente no tengo. Bueno, soy alérgica a bastantes cosas y personas, pero nada que ver con el polen y las gramíneas.

Es lo que pasa cuando sesteas en la terraza tomando el café en un glorioso día como el de hoy y te pegas un atracón de Instyle, Glamour y Yodona. Para no variar, con cada cambio de temporada te machacan a base de enseñarte ropa que no tiene nada que ver con la de la temporada veraniega anterior, y encima, accesorios que NO PEGAN NI DE COÑA con la misma, así que te meten a presión en el cerebro que lo que tienes en tu armario es una auténtica bazofia.

Se salva el tímido intento de Instyle -dentro de las revistas de amor y lujo, la que más razonable me parece- de componer 28 modelitos con 10 básicos, 10 prendas fashion y 10 accesorios. Encantador ejercicio, sólo para mujeres reales, tal como dice la revista, y -efectivamente- para mujeres reales, pero de la realeza, y desde luego, con un cuerpazo. Me explico a continuación.

De mis supuestos “10 básicos”, unos no me entran, otros me quedan grandes y otros son -seamos francos- feos o sin gracia. Y los básicos deben tener algo de gracia o sentar impecablemente, o estar hechos de muy buen material para aguantar que te lo pongas varias veces a la semana y no se deshilache, deforme, rompa o haga bolas. ESO es un hecho. O sea: pantalones de 275€, blazer de 770, chaqueta de cuero de 420, camisa 90, sudadera 220 (aaanda ya), etc. Toma castaña. Que esto es hiper fácil, agarro 8.000 euros y acabo con todos mis males, me monto 10 básicos como dios manda y la iglesia ordena. ¿Qué es eso de faldas sin forrar, que son prácticamente todas las de Zara? No hija no, te pillas una falda tubo negra de guess por 100 módicos euros y a triunfar. Eso sí, NO TE ATREVAS A ENGORDAR UN GRAMO que tienes que salir de casa en bragas bajo pena de que la falda de marras se te reviente de lado a lado en cuanto aposentes el trasero. Recuerda, sólo tienes una falda y además las tías no tenemos oscilaciones de volumen, qué vaaa….

Cosas fashion, pues tampoco podemos decir que tenga muchas. En cuanto a los accesorios, vale, de eso voy sobrada. Puedo hacer un rastrillo de zapatos y camisetas en cualquier momento. Eso sí, no tengo bolsos de chanel de 2.450 euracos, ni sandalias de plataforma de Prada ni bailarinas de leopardo de 150. Vaya por dios en qué estaría yo pensando.

Aquí la realidad es que tendría que comenzar a probarme unas cosas con otras, y me da una pereza que te mueres. Y tampoco es plan de contratar una shopper para que le eche un vistazo a tu armario y salga de la casa gritando de horror. No, definitivamente no.  Me parece demasiado cruel. Mejor yo me lo guiso y yo me lo como.

Entonces, cuando terminas de leer las revistas, tu abotargado cerebro llega a las siguientes conclusiones:

Una. Estoy de mi ropa de invierno hasta los XXXX. El gris, marrón oscuro, beis, verde oscuro, morado, etc, me comienzan a producir urticaria. Por no hablar de cualquier cosa que lleve lana en su composición. Hoy hemos llegado a los 20 grados, temperatura a la cual los cuellos altos comienzan a ser realmente insoportables. Me he quemado el escote en la terraza, por cierto. Comenzamos bien.

Dos. Debería rescatar mi ropa de entretiempo/primavera/verano a ver si comienzo con la operación montón, que consiste en clasificarla, ordenarla y descartarla. Es imprescindible porque si no, termino juntándome con tres pantalones azul marino, cuatro faldas marrones y diez blusas blancas. TODOS ELLOS asquerosamente parecidos. Eso es precisamente lo que sucede cuando te pasas por Zara o Mango a husmear la nueva temporada y no has revisado si ya tenías de eso que te acabas de pillar. Y como soy más bien predecible, ESO es precisamente lo que me sucede, porque siempre me compro el mismo tipo de pantalón y el mismo tipo de falda, y entonces no encuentras el ticket de compra para cambiarlo, y te das de cabezazos contra la pared por idiota y por acumular prendas prácticamente IDÉNTICAS.

Tres. ¿Entraré en la ropa de verano? Supongo que este año sí, porque el yoga está haciendo estragos en mi ser. Y desde luego, he perdido un par de kilos desde que le pego al nirvana místico. Lo que me preocupa es que me quede grande. Con lo cual estamos en el mismo problema: habrá que arreglarla y según sea la proporción coste-beneficio, se va al punto limpio de cabeza.

Y entonces, animada por el solecito que ves por la ventana, te diriges a los altillos y comienzas esa bonita tarea -lalala- que consiste en retirar del armario la ropa más gruesa y claramente invernal y sacar y seleccionar algo de ropa ligera. Desde luego, la cosa consiste en vaciar los sacos, llenarlos con la ropa de invierno y preguntarte para qué leches quieres tops de tirantes en marzo. Pero claro, dónde demonios los metes, ¿en el limbo de la ropa de “todavía no pero en un par de meses sí”?

Para cuando has terminado te das cuenta de que tienes que hacer lo propio con los zapatos, lo cual implica sacar los cajones de zapatos que tienes bajo la cama, quitar unos y poner otros. Lo malo: la ropa de invierno ocupa bastante más que la de verano, PERO tienes más cosas que colgar en perchas, con lo cual se te jode el precario equilibrio de tu armario. Comienzas a desesperarte. Además, te vas topando por el camino con cosas que hace ya tres o cuatro temporadas que no te pones, con lo cual comienzas a llenar bolsa para la asistenta, si está en buenas condiciones, o directamente para el punto limpio / reciclaje en el caso de que no haya nadie en este planeta que se pondría algo así. Cae la tarde cuando todavía estás liada con la ropa de las narices, mucha de la cual lleva contigo varias temporadas -hola buenos diaaas- y comienzas a ponerte un poco de los nervios.

Y tras la operación armario, llego a la siguiente conclusión:

Uno. Por primera vez al pegarme esta paliza, no me duele la espalda. Además, he podido bajar los sacos de ropa yo solita sin necesidad de ayuda masculina. Esto ha sido cosa del yoga, que tanto retorcerme la columna, ha terminado por fortalcerla.

Dos. En términos generales, no me gusta cómo ha quedado el contenido del armario. Se salvan algunos básicos, y tal vez algo de ropa fashion, pero sobre el resto habría que hacer un pensamiento. Tengo sobreabundancia de camisetas, blusas y tops, y un déficit elevado de vestidos. Sí es verdad que soy reacia a tirar cosas o deshacerme de ellas, sobre todo si son buenas. Tengo un vestido de seda azul con flores que tiene ya seis añitos. Y eso es un problema porque cuanta más ropa tienes, menos la reutilizas, y por tanto, está nueva. El puto vestido, con el que parezco mi abuela por el campo, está impecable. Claro, es de Blumarine. Un básico totalmente obsoleto, pero ahí está, cómo demonios voy a tirarlo???? Así que, efectivamente, tienes cosas como nuevas, del año de LA COQUITO, que no hay dios que se ponga ya esas mangas, esos cortes o esos cuellos que cuelgan en tus perchas descojonándose de tí.

Tres. Hablando de déficit, sólo tengo UN TRAJE CHAQUETA PANTALÓN de verano, en color beis. Y aunque es bueno -me costó un congo- está un tanto baqueteado. Y tampoco tengo un socorrido traje chaqueta con falda ligerito. Cómo es posible semejante despropósito. Con lo cómodos que son. Tengo que hacerme con uno azul marino, a ser posible con falda.

Cuatro. Es obvio que debería  renovar el vestuario y tirar la mitad de lo que tengo en el armario, pero no tengo un duro.

Cinco. Tarariro te la hinco.

Puaj. Que le den morcilla a la ropa, me voy a ver la tele.

Silcas

Trajes, ropajes y disfraces

No me resisto a publicar este post, al hilo de la visita de la Bruni -porque de Sarcosí no voy a hablar-, acerca de los trapos que las señoras llevaban puestos, que al final, es lo que a las churris nos mola y nos da para el café del desayuno, la comida y el cotilleo de despacho.

Muy gratamente me ha sorprendido Sonsoles Espinosa.

Siempre ha sido muy discreta en todos los sentidos, pero hoy me he quedado impresionada. Qué guapa, la tía, qué mona mientras iba caminando al lado de la espectacular Bruni (y qué alta es, la joía). Sí señora, acertó de lleno. Lo que no comprendo qué hace este peaso mujer, que encima canta, casada con ZP. Pero en fin, ya se sabe que a veces uno se encuentra extrañas parejas caminando por el planeta.

 

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La “presidenta” iba chic, juvenil, sonriente y mona. MONÍSIMA. Parecían dos amigas que se iban a cenar juntas, sí señora. Me descubro. Qué bien le quedaban los pantalones. Todo lo contrario que la aprendiza de princesita, Letizia, que iba simplemente horrorosa durante la cena de gala. Alguien debió decirle: mira, como no vas a poder desbancar a la bruni ni loca, pues te vistes de princesita, con rasos, tirabuzones, diademas y joyones incluidos, porque es de lo único que ella no puede vestirse. 

 

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Oh qué error. Le hubiera bastado con ir mona, elegante, plantarse algún joyón y decir “ahí me las den todas”, que es precisamente lo que hizo la Bruni, en vez de caer en la TRAMMMMPA saducea de competir con una modelo profesional y ricachona de cuna, destacada además por su chic indiscutible. Y encima irremediablemente guapa. Letizia es una chica de barrio que se ha convertido en princesa porque un príncipe se entrancó con ella, se ha puesto a adelgazar como una loca y se ha operado la nariz, y fin de la historia. La reina, como siempre, estupenda. Esa sí que sabe. Rojo pasión, y saber estar. Punto.

Un 10 para Sonsoles, un cero pelotero para la pobre Letizia. Sorry, chica, anda, echa a la calle a la torda que te dió el consejo, porque se columpió, pero bien.

Y además, ¿a santo de qué esa cara de conejo que me pones en la cena, chata? Tienes una pinta de niñata enrabietada que no te menees.

 

 

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Ouf, cuánto joyón que te han plantado, criatura. Competir en elegancia con la Bruni es tan absurdo como competir en cochinillo asado con tu suegra. Hubiera quedado mil veces más elegante rendirse a la evidencia, mostrarse sonriente y natural, y punto y pelota. No llenarte de joyones, bandas, y tiaras, cacho absurda.

Yo es lo que hago: me he especializado en meriendas, que a mi suegro le apasionan casi tanto como el cochinillo asado. Y listos, cada uno en su lugar.

Y para terminar, aquí tenéis comentarios para todos los gustos:

http://foros.elmundo.es/foros/viewtopic.php?p=771171#771171

Silcas

Super-pelus fashion de la muerte

Como la vorágine de mi existencia habitual, no me permite ir a la pelu más que una vez cada 3 meses (y gracias) procuro que mi atuendo capilar no requiera de excesivos cuidados, a saber: corte de pelo de media melena tirando a corto y mechas discretas en rubio matizado que iluminen la cara sin la esclavitud de la raíces asomando cada poco tiempo. Y para semejante toilette, no voy a pelus de renombre, sino al Rizos de Torrelodones, sin cita previa y a que me atienda la primera pelacabezas que quede libre, rezando porque la churri tenga más o menos buena mano con el pincelico y los papeles de plata. 

Tenía yo en mi to-do el acudir a la pelu -que ya me vale, no voy desde navidades y ya estamos en semana santa- y poyaque estoy de vacaciones, aprovecho la ocasión. Además, hoy ha amanecido pelín neblinoso, así que me pongo a localizar el teléfono del hipercor de puerto banús, tras investigar previamente con mi madre, moradora habitual de esta tierra, y llegar a la conclusión de que era la pelu menos risky del lugar. Pero, oh destino fatal, el traidor google me lleva a un equívoco y termino contactando con la superfashion peluquería de Jacques Dessange

Me atiende una señorita con acento francés, increiblemente encantadora pese a mi evidente error:  oh perdón, pensé que era la pelu del hipercor, no se preocupe, yo estaría encantada de atenderla, y ahí quedó la cosa. Sin embargo, suelo creer en el destino, y en que cuando las cosas pasan es por algo. Ya tenía hora en la pelu del hipercor, me había dado cita una criatura de voz desvaída, que más bien pasaba de mi trasero, cuando de pronto, decido darme un homenaje capilar y -porqué no- ir al Dessange a que me sacudan los mismos 100 euros por mecha pero que al menos me inspiraba algo más de confianza.

Me dan hora para las 4, naturalmente tras asegurarme de que la broma no me iba a costar más allá de los 120 gallifantes. Y mira tú por dónde, se disipa la neblina, sale el sol y queda un día de playa de escándalo.

Así que a la playa que nos vamos todos corriendo, -hoy hemos amanecido a las 11, niños incluidos- y tras nuestra rutina vacacional: sol, tumbona, semi-siesta, comida en la tumbona, etc, salgo pitando a las 15:45 para ver al amigo Jacques, y comprobar lo que es capaz de hacer por mí mustia y opaca medio-melena de ama de casa con prisas. 

Arrojo el coche en una urbanización de la zona, arrasando un macizo de plantujos que toma cumplida venganza contra la magullada chapa de mi carro, y entro en el mundo de la pelu guay de la muerte total.

Lo cierto es que llevo unas pintas normales, pero comparada con la población marbellí de temporada, parezco una homeless, así que entro en la pelu dispuesta a que más bien no me hagan la pelota y me despachen rapidito, que es lo que se suele hacer con las clientas con pinta de turistas ocasionales y con poco aspecto de ricachonas. 

Me sientan, me traen un café, y una señora sin el menor acento francés -oh desilusión- viene a verme y a interesarse por mis deseos en cuanto a aspecto capilar, portando un catálogo de peinados maravillosos, imposibles de apañar en casa con estas manitas y totalmente “fashion”. Y con un coste de mantenimiento perfectamente calculado. Pero oh, cielos, es que ¡¡son tan boniiiiiitooooos!!

 

dessange

 

Le cuento que he oído hablar de que hacen muy bien las mechas californianas (me mira como si le hubiera dicho que quiero que me corte el pelo púbico con forma de corazón), y me lo quita ipso facto de la cabeza -nunca mejor dicho-; que eso lleva las puntas muy claras y las raíces muy negras, y que si estoy segura. Reculo ipso facto, esta sabe de lo que habla y no trata de darme la razón como a las bobas. Me rindo a su sapiencia y me dejo aconsejar. Me indica un modelo del catálogo en tonos rubio caramelo, con un aspecto luminoso a la par que desenfadado. El color mola, y voy a eso, conque adelante.

Para mi asombro, viene con un cuenco de pasta blanca y un peine normal y corriente como único instrumental. Miro de reojillo y la dejo hacer. En menos de 15 minutos me ha embadurnado la cabeza mecha a mecha, sin papel de plata ni leches. Flipo con su arte. En mi pelu habitual, me coge por banda una churri con una bandeja llena de papel de plata y se tira algo así como 3/4 de hora untándome las greñas con una pasta maloliente y envolviéndolas pacientemente una por una. Y eso ahora, que hace unos cuantos años, el método era un gorro de goma y un ganchillo, y a tirar se ha dicho (¿os acordáis, qué horror?)

Llevo así como media hora en reposo de producto sobre mis pelambres, cuando se sienta a mi vera una guiri jovencita, con pelo rubio largo y rizado, que se queja de forma lastimera de que -a juzgar por una foto que le hicieron durante un evento- le han dejado las raíces demasiado cobrizaaaaas, el rubio demasiado oscuuuuuro (y supongo que los sobacos demasiado negros). Joder. Hay gente que tiene tiempo de observarse hasta en las fotos. La rodean compungidos y comprensivos la recepcionista francesa, el que peina y la de las mechas. La mujer vuelve con su cuenco y se aplica al asunto de reparar la cabellera de la guiri, parece la hechicera de la tribu. Miro mi imagen llena de mechas blancas en el espejo, ligeramente preocupada por si al final parezco un clon en rubio platino de la churri de la foto del catálogo. Tampoco es que me acojone, con teñirme entera de mi rubio ceniza nativo, asunto arreglado.

Me viene a buscar la chica lavacabezas, encantadora y atenta, me aclara el cabezón (rechazo la crema suavizante, qué manía tienen de ofrecértelo, con lo que me engrasa los pelos)  y me dirige hacia los tocadores de peinado. Me miro al espejo. Las mechas son preciosas, pero estoy franca y sinceramente rubia. Es un rubio dorado precioso, pero rubio. Ay, el precio de estar moníiiiisima de la muerte: pronostico raíces a la vista en 3 semanas, con lo rápido que me crece el pelo, eso además.

Viene Michel a peinarme, francés 100%. El tío es un encanto. Me observa y me pregunta cómo quiero que me peine. Odio esa pregunta. Porque ni yo misma se responderla: habitualmente me seco la cabeza boca abajo, le doy dos toques de cepillo y a correr. A lo largo del día, el pelo va colocándose donde le viene bien, y tampoco me preocupa. Le indico que estoy de vacaciones, y que me haga lo que le venga bien, lo único que la raya del pelo se abre por aquí y que la deje tranquila. Informal pero arreglao.

El tío me mira como si se le hubiera aparecido la virgen. Por fin, una clienta española normal, dice. “Vaya mañanita que llevo, me cuenta. ¿Ve esa señora que se marcha? Lleva aquí tres horas, me ha enseñado el peinado de una revista y me ha dicho que lo quería exactamente como ese. Señora, pensé, que en semana santa no tenemos médico en plantilla” -me parto, este tío es la monda-. Y esta mañana, ha venido una chica de 13 años; tenía cita a la una y ha aparecido a las dos, y según se ha sentado me ha dicho: venga, que tengo prisa. Un moco pelón de 13 años, te cagas. Ha llegado con chófer, al cual ha enviado a por unos zapatos de Christian Dior que ha visto en el Vogue. La órdiga. Esta ha visto El Diablo Viste de Prada y se piensa que es Miranda Priestley en versión miniatura. Y para remate, la de los pelos cobrizos y el evento. Si te digo yo que comienzo a pensar que un cliente como la que suscribe es una bicoca. El tío me da un par de indicaciones sobre mi corte de pelo (más bien falta de él). Le cuento que en realidad mi familia vive en la zona, y que suelo venir por aquí. Le explico que el extraño largo del flequillo tiene su explicación: le metí las tijeras, crece rápido y no tengo tiempo de ir a la pelu, sólo voy en vacaciones. Me mira meneando la cabeza. Así que la próxima vez que venga, ponemos en práctica lo del retoque del corte de pelo.

Las mechas han quedado preciosas, eso sí, ya puedo ir preparando los próximos 100 euros para el mes que viene, porque el repaso está más que garantizado.

Yo es que soy tonta, debería de haber asistido al Máster de cómo cazar 10 millonarios en 10 años que debe impartir la churri de la imagen (porque ésta fijo que al salir de la cárcel le llueven las ofertas. Yo misma le preparo el negocio).

 

 

Mi heroina

Mi heroina

 

 

Así podría ir todos los días a darle la lata a Michel después de la playa, a que me ahueque la melena y me diga lo estupenda que estoy con ese color. No te digo.

Silcas

Cosmética oriental

Entro de refilón en Glamounity a echar un vistazo a una venta de cosmética oriental, tras una agotadora sesión de oferting indoor. Cumplida mi misión, y entregada la oferta al cliente, echo un vistacillo rápido a la venta.

Vale, si, las occidentales somos unas paletas y unas incultas, y así nos luce el pelo, y sobre todo la cara.

Pero no deja de sorprenderme lo que encuentro, así que aquí os lo cuelgo para que ampliéis conocimiento y si alguna vez al darle un beso a una churri le decís “qué bien hueles” y te responde “es el serum de serpiente”, no salgas por patas aterrorizado. Atiza. Serum de serpiente -y escorpión- Seguro que la amiga Cleopatra se untaba con cosas parecidas. Con la abundancia de escorpiones y serpientes que debía haber por ahí… lo que me cuadra menos es que en japón aten los escorpiones con longanizas.

 

serumserpiente

serumcaracol

 

Mira, al menos no lo llaman “extracto de baba de caracol”. La verdad, no sé que suena peor, pero sí es cierto que funciona.

Ahora, lo de la espuma craqueante me ha dejado de piedra. ¿Tendrá efectos alucinógenos?

 

craqueante

 

En cuanto a esta crema maravillosa, no sé bien si se unta o te la bebes. Eso del cabernet sauvignon y del merlot a mí me suena a Somontano o más bien a Angela Channing, pero… cualquiera sabe.

 

cremaojos

Y mira tú por donde, porque estoy sin un chavo, pero fijo que estas guarrerías funcionan de miedo.

Qué tentación de comprarme el serum de serpiente. Eso sí, igual te deja la lengua bífida.

Silcas

Elegancia empresarial

De forma previsiblemente cíclica, sale el tema recurrente de recordar a la peña cómo vestirse en el curro y cómo no.

Es verdad que hay casos en los que es necesario hacerlo, porque algunos dan incluso miedo. Pero en términos generales no es el caso, hay alguna ligera salida de tiesto en el caso de becarios o gente joven y poco más. La gente más o menos sabe cómo vestirse para ir a currar, y no suele haber cosas demasiado raras.

Y las prohibiciones -en las empresas de servicios- son las clásicas: prohibido chándal, chanclas, vaqueros rotos, etc etc etc. Ay, pobre juventud, nadie dice nada de “prohibido corbatas horteras de los felices 70, mi arma, que dañan la vista y provocan ansiedad”, ni “válgame, criatura, lleva el traje al tinte que ya te vale, que tiene mas brillos que la Chichito y se tiene de pie cuando te lo quitas”. Pues no, eso no está vetado ni perseguido ni siquiera mal visto. Ya puedes llevar unos zapatos que valen más pasta que todo lo que lleva puesto encima el tordo que tienes enfrente, que si son chanclas, ya estás jodido. En proceloso cenagal nos estamos metiendo, que eso de la elegancia, es muy complicado definir.

A ver si consigo explicarme:

Lo primero: Existe una gran discriminación en función de a qué te dedicas: La gente que no tiene contacto con el cliente, digo yo que debería ir como le de la santa gana, siempre y cuando vaya mon@, aseado y agradable a la vista, para no ofender al compañer@. Y punto. Hay algunos especímenes que -siendo profesionalmente brillantes- están en el punto de mira por el aspecto que traen. Que si piercings, tatuajes, gorros, barbitas recortadas o qué se yo. No sería la primera vez que alguien me pregunta sobre un compañero: “no, si es un desmadejador de gallináceas buenísimo, pero… anda que vaya pintas trae”, cuando el pobre no lleva más que un pendientito. Amos, qué injusticia. Pues mira, mientras no lo saques del gallinero, pues tan contentos. Es más, os diré que llevar un friki a una reunión da un toque de excentricidad que tiene su utilidad de vez en cuando: es decir, un friki empendientado, de torvo ademán, que no abre la boca en toda la reunión más que para mirar al cliente -generalmente especímen también friki pero encorbatado- de forma altanera y soltarle un rotundo “eso es una estupidez” tiene que ser un auténtico genio.

Friki

Friki

En cambio, eres un tío mediocre pero tienes una pinta más bien normalita, incluso te calzas una corbata de vez en cuando, y ya estás en la línea del ascenso con toda seguridad. En cuanto a la gente que está en contacto con el cliente, parece indiscutible que al representar a la compañía tiene que asumir una cierta teatralidad o seriedad en su aspecto, por eso de que simplemente NO puede ponerse lo que le salga de la punta. Ejemplo: la vestimenta de la ministra de defensa el día de la pascua nacional, no hablemos del maquillaje, eso me lo ahorro porque creo que tropezó y se cayó de bruces en el cubo de pintura de roger rabbit. No estuvo bien, nos pongamos como nos pongamos. La clave es no dar la nota, o como decía Coco Chanel: que no se vea el vestido, sino a la mujer. O al hombre. Cuántas veces no piensas en alguien y no recuerdas ni su cara, sólo que “era un tío elegante”. O no.

Lo segundo: Discriminación en función de sexo: Es decir: una tía puede llevar unas sandalias de -digamos- Manolo Blahnik con unas uñas negras, unos callos asquerosos y unos talones llenos de roña. Eso sí, con su traje de chaqueta reglamentario. ¡Y según los cánones va perfecta! Pues no. No va perfecta. Porque para llevar unas sandalias -sobre todo al trabajo- hay que hacerse una pedicura en condiciones. O si no, no te las pongas, o si tus dedos parecen percebes de la costa da morte, al menos utiliza calzado de talón abierto o mules, mi amol, no nos aterrorices con tus dátiles. Pongo ejemplo gráfico oportunamente encontrado en la web, eso sí, impecablemente manicurada que va la moza. Imagina si me presento así a ver a un cliente.

Pezuñas feas pero arreglás

Pezuñas feas pero arreglás

No me parece justo; es mucho más frecuente que a un tío le den un toque de atención por la pinta de macarra que trae, a que eso mismo le pase a una tía -por eso de que si va enseñando el melonar, la pechuga o una minifalda: pues perfecto, así nos recreamos la vista. A eso le llamo yo discriminación, y además con la gravedad añadida de que una tía vestida así despista a la peña, y reduce la productividad cosa fina entre miraditas, embobamientos y salidas a fumar en cuanto la moza sale por la puerta a dar dos caladas, seguida por una cohorte de seres aburridos que van a ver si pillan algo o al menos consiguen atisbar un poco de melonar.

Pero es que no acaba aquí la cosa, en realidad no basta con dar dos o tres pinceladas en cuanto a cómo tiene que ir vestida la gente, ya es un tema de gusto y acicalamiento personal. En el caso de traje de chaqueta con falda: Medias, por favor. NO queda igual, y se nota que vas sin medias. Además, los zapatos cerrados sin medias hacen un daño que te cagas. Si te plantas un traje chaqueta, te pones medias, y si no, ponte un traje de pantalón. Eso sí, el protocolo empresarial exige en circunstancias de máximo nivel traje con falda a las señoras. Ycreo que el motivo es simple: una falda clásica es raro que te quede mal, que te marque las mollas, te apriete las lorzas o te remarque el chirri, cosa que suele ocurrir con bastante frecuencia en el caso del pantalón a menos que tengas un tipazo. Al final, lo clásico no falla. Es soso, pero…

Colores: Se recomiendan oscuros para invierno, claros para verano. O al reves, caramba, una cosa es ser clásicos, y otra pueblerinos. Los trajes de caballero en color claro deberían reservarse para Sean Connery o Pierce Brosnan en el sastre de Panamá, porque si no pareces un tordo cruzado con un membrillo. Me río recordando la anécdota; una conocida firma de consultoría tenía un código de vestimenta -hortera y de pueblo a más no poder- para las señoras: traje de chaqueta con falda, blusa y pañuelo al cuello, y tacón de 5 cms. Las reconocías al kilómetro: mira, mira, parece que “Gallináceas Reunidas” tiene una presentación después de la nuestra. Y no fallabas, lo juro.  Eso es pasarse, es bueno fomentar la elegancia empresarial, pero no hasta el punto del adoctrinamiento, el uniforme y la pérdida de la identidad personal, que no va de eso.

Ellos lo tienen mucho más fácil: traje que te crió y corbata con mayor o menor gusto. Punto pelota. Luego ya están los pijos que entran en las marcas, si el traje es a medida o no, el nombrecito bordado en la camisa, los gemelos, o el pañuelo, o lo que sea. Pero bueno, mientras disfruten… pobrecillos, dejémoslos.

Nosotras no. Estamos jodidas en primavera porque de pronto hace demasiado calor y vas asada con el dichoso jersey sin mangas que te has puesto porque quedaba monísimo en la tienda pero es lo menos práctico del mundo: el jersey es o no es. En verano te congelas en la oficina porque estos cabestros que tenemos por aquí en proporción de 10 a 1, ponen el aire acondicionado en modo antártida, y como tú vas no con un traje de chaqueta de lana de burrosaurio, que es lo que utilizan para vestirse, porque el traje de entretiempo no les viene en la guía, pues te pelas de frío. En otoño vas con el traje, la gabardina, el portátil, el bolso y el paraguas y te cagas en todo lo que se menea cuando llueve porque pareces un hombre orquesta tratando de organizar todos sus adminículos, y en invierno te asas viva con tus botas y tus jerseys de cuello alto mientras que tus compañeros están en mangas de camisa tan ricamente, y tu sudando como un mostrenco.

Mae mía, qué difícil es ser tía y currante. Un día voy a venir en pijama, a ver.

Silcas