Baños ¿arabes?

Oh, vaya por dios, qué bonito es olvidar la propia historia. Y pensaban ustedes que nos ocurría sólo a los occidentales. ¡Pues no!

Pasen y vean lo que acabo de leer que me ha dejado de piedra pómez:

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/07/internacional/1325938115.html

Resulta que los SPAs -o al menos eso dice la noticia- se dan de tortas con el Islam.

 

Pues no. Definitivamente no. Que se lo hagan mirar estos señores porque resulta que los SPAs los inventaron los árabes. Y me atreveré a decir que el Medina Mayrit le da veinte vueltas a cualquier SPA europeo, de esos con bañeras de chorros y burbujas. Nada que ver. Es como comparar el tocino con la velocidad. Eso sí, reconozco que en ningún sitio dice que se tengan que bañar juntos ellos y ellas, ni dice que haya que hacer otra cosa que bañarse, pero también es cierto que son públicos y que por tanto, no existe mucho margen para desarrollar cualquier otra actividad. Es más, si hablas en voz alta, te llaman la atención -con excelente criterio.

Como siempre, compañeros y compañeras, se trata de MATICES, porque si hay algo que la cultura árabe aportó a la humanidad como un bien de todos son los BAÑOS. Porque a ver, que se lo digan a cualquier pueblo sometido por los españoles, ¿a que olíamos a RATA? Anda que no, siempre metidos en las armaduras aquéllas, y oliendo a chinche, a panderana y a sobaquina. Pero qué ascazo. Todavía en Canarias, un buen insulto sigue siendo “godo hediondo” (pronúnciese “jediondo”). ¡¡Con razón!!

A ver, señores, háganselo mirar, porque los herederos de los Baños Árabes, que son los SPAs, no tienen nada de malo, eso sí; depende de cómo los usen, y eso ya no tiene nada que ver con las instalaciones sino con cómo se gestionan… a ver, que a mí me fastidia enormemente que la gente haga ruido en un SPA, y no digamos ya ver a una pareja dándose el lote… eso -al menos a mí- me produce la misma dentera que ver a una señora dando de mamar a su hijo en plena iglesia.

Exactamente lo mismo.

Que hay que saber estar, jolines.

¿Ficción o realidad?

Os traigo esta joya literaria, a caballo entre el thriller psicológico, la novela negra y la cruda realidad, especialmente recomendable para azafatas, pilotos, controladores, y en general, para todo aquel que haya volado alguna vez.

Solo os diré que vais a flipar. Lástima que sólo se pueda comprar por internet!!! porque se merecería estar en la Fnac o similar.

http://www.sietemeses.com/Libro-Siete-Meses

Lo que más me ha gustado: el personaje, que va migrando de humano normal, rutinario y en cierto modo aborregado a una bestia sanguinaria sin el menor escrúpulo, el impresionante detalle técnico de todo lo relacionado con el control de vuelos  y el ritmillo de la novela, que combina la tensión más agobiante con las plácidas memorias de la criatura en cuestión. Son muchas páginas, pero se lee de tirón.

¡Que ustedes lo vuelen bien!

¡Feliz Año Nuevo!

Ya se nos ha emborrachado ésta, diréis, y NO, que ayer me comporté debidamente y no me tomé más que dos chupitos de vodka. Si es que estamos irreconocibles.

Decía que ayer 13 de Enero, tuvimos la cena de Fin de Año ruso, que tiene lugar todos los 13 de Enero, dios ortodoxo mediante. Os adjunto bonita foto de la bebida oficial de la cena, vodkita ruso helado a palo seco. En vasito pequeño, eso sí.

 

 

Lo mejor, el menú. Tras los entrantes, nos traen una crema. Qué es, preguntamos. Crema de Villana. Joooder cómo las gastan los rusos, aquí a las villanas las hacen picadillo y te las sirven en fin de año hechas puré.

Cuando la probamos comprendimos que era crema de avellanas, riquísima, por cierto.

Luego, el segundo. Nos traen un plato super-adornado. ¿Que es? -again- Solomillo de Oso. Coooño. Solomillo de oso, pues pobre bicho, además debe estar duro de cojones, que los osos siberianos son unos bicharracos que más bien parecen mamuts. Al final, tras repreguntar a la chusqui, nos aclara: Solomillo de CORZO, ahhh vale, eso ya nos cuadra más.

El postre, riquísimo, un tiramisú de mango con helado de mandarina. Mi amiga, cuyo nombre oculto piadosamente, comienza por intentar comerse el pensamiento que adorna el plato. La miro con incredulidad. Son flores comestibles, ¿¿no?? -me dice-. Pues chica, no sé, yo prefiero empezar por el tiramisú, pero allá tú… a mi perra le gustan las flores y de vez en cuando se come alguna, pero no sé yo si comerse un pensamiento es buena idea…  🙂

Luego, justo antes de las 12,  dan una copa de cava INFUMABLE, el cava más malo del universo, ya les vale, podrían poner un freixenet baratito, que al menos se deja beber, y un papelito muy fino donde tienes que escribir tu deseo para ese año, luego lo quemas, lo echas en el cava y te lo bebes. Lo malo es que el puto papelito jamás se quema del todo porque te acabas quemando los dedos con la llama de la vela y lo capuzas a toda prisa en la copa, y al final intentas tragarte el cava junto con el trozo de papel a medio quemar, cosa que te provoca arcadas en cuanto te acuerdas de la lengua con salsa de rábanos del aperitivo, que todavía tienes en el estómago. Pero en fin, todo sea por la causa.

Y cuando te lo has bebido, viene el ritual de pinchado de globos, como este año ya no se puede fumar en el local, el restaurante nos provee de tenedores para proceder al pinchado de tales elementos, cosa que hacemos con gran alegría y  acompañamos con ruido de espantasuegras.

Hale, ya es 2011.

Cuando salimos, los bares de alrededor están llenos… de gente en la calle fumando. Y hace rasca, oiga. Creo que la Pajín no ha hecho un buen negocio, se va a gastar en curar neumonías todo lo que se ahorre en cánceres de pulmón.

Lo dicho: un pan con unas tortas.

Silcas

Micropolix

No conocía yo este garito para enanos, y la verdad es que está genial.

http://www.micropolix.com/

 

 

Es recomendable ir, porque o lo ves tú mismo o es difícil imaginar la currada que se han pegado para montar una ciudad para críos con Supercor, Hospital, periódico local El País, emisora de radio SER, pasarela de modelos de El Corte Inglés, Banco, Seur, Ayuntamiento y un impresionante circuito de coches Audi.

Según entran, les plantan la pulsera con el código de barras, les dan 50 “eurix” y un pasaporte. Y hala, a buscarte la vida. Es cachondo ver cómo se las van apañando, al principio cometiendo las novatadas de turno, y luego ya como ciudadano de pro, se van espabilando y terminan por entender ese bonito principio de “el dinero no se arranca de los árboles” y “todo cuesta pasta”.  O sea, quieres ir a la torre de los bomberos para hacer el cursillo, o circular con un precioso Audi por el circuito de tráfico, pero si no curras antes como mensajero, reponedor o médico, no tendrás “eurix” para pagarlo. Y así con todo. La gran estrella, el circuito de coches, era de coña. La pena es que no llegaron ni a catarlo, porque antes hay que sacarse el carnet en la autoescuela. Y además, tras apuntarte en la lista de espera, antes de montar tienes que pagar el seguro (más eurix) y la gasolina (jejeje). Pero mamá, es que todo cuesta mucho!!! ahhhh bienvenido al club, chaval. Es lo que tiene, eso del capitalismo!!!

 

Comenzamos el periplo por la pasarela de moda, como era de esperar, TODAS las enanas del clan familiar se apuntaron con fruición al asunto, y nosotras las mamás todavía más, dado que teníamos que hacer de público entregado. Allí estábamos, sentados en los asientos, asistiendo a la pre-selección de modelos, la cual se realizaba en base a preguntas sobre la vestimenta a lo largo de la historia. Tuvimos suerte, porque resultaron seleccionadas tres de nuestras vástagas, incluyendo a las dos pequeñas de 6 años.

Y ahoraaaa, anuncia la monitora por el micro, vamos a empezar con ¡La prehistoria!. Date, ahí viene mi hija SEGURO, con la pinta de Mowgli que tiene con esos rizos gitanos que dios le ha dado, ha pasado el casting seguro. ¡Efectivamente, ahí la tenemos junto con su prima, también morena, ambas dos ataviadas con pieles y cachiporras!

Mientras se dan la vuelta para marcharse, a mi hija se le resbala la piel sintética que lleva sobre el hombro, y mi hermana se la recoloca. ¡Queee asssscooo! suelta la criatura con vehemencia. ¡Puaj, mamá, yo no quiero ser modelo nunca más!, me dice al salir. ¡Mira tú, si es que ésto va a tener su utilidad y todo!

Las tres primas pequeñas, de 5, 6 y 7 años, están haciendo cola en la puerta del Supercor para currar. Llega el “Encargado”. A ver, cuántas quieren ser cajeras? TODAS las de 12 años levantando la mano como locas. Vale. Exceso de demandantes de empleo. Y cuántas reponedoras? Ninguna. Ohhhh…. Y entonces, ágil cual liebre, mi sobrina de 7 años levanta la mano como los rayos, seguida de sus dos primas. Y así, las tres enanas entran a currar de reponedoras y las de doce años se quedan haciendo cola con cara de paisaje comenzando a entender que al final, ahí siguen, en la cola de demandantes de empleo mientras las otras reciben sus mandiles de reponedoras y sus cestas con comestibles.

 

Mientras pasa por delante de nosotras, mi hija me pregunta, “mamá, ¿qué es “ponedora”?

Lo descubre a los tres minutos, le dan una cesta llena de comestibles para volver a colocar todo en su sitio. Lo del orden no es su fuerte, todo hay que decirlo. Pasa de ordenar su cuarto como de comerse los mocos. Las tres primas comienzan a dar vueltas por el super tratando de poner cada cosa en los lineales correspondientes, mientras los mayores nos descojonamos con el espectáculo.

En esto que llega mi hijo con su primer sueldo de mensaka, 30 eurix nada menos, y lo envío al banco junto con su primo para que le paguen el cheque y le den efectivo. Las cajeras, desesperadas porque tienen pocos clientes, les llaman desde sus ordenadores; ¡aquí, aquí, yo le atiendo! Mientras, hay una cola de niños esperando para trabajar en el banco contando billetes y separando cheques de efectivo. Cada local tiene su propio flujo de curro, está muy bien pensado: unos compran comestibles, dejan la cesta en las cajas, y los niños reponedores las cogen y las ponen en su lugar.

 

 

Llego de vuelta  al Super y me encuentro a mis cuñados partidos de risa. Jo con tu hija, me dicen. ¿Que ha hecho ahora? (cualquier barbaridad, supongo) Según me cuentan, ha cogido su cesta de reponedora, y hasta los huevos de repartir cosas, se ha metido en un rincón, ha sacado el contenido y lo ha camuflado disimuladamente en una balda de la esquina mas recóndita del super. Luego se ha ido al encargado con cara de no haber roto un plato en su vida; le ha dado la cesta vacía y ha cobrado su paga. Ahí estamos, esta muchacha promete, genio y figura. Esta llegará a presidenta del gobierno seguro.

Jo mamá, me dice mi hijo, es que no tengo suficientes eurix para el curso de bombero, mejor voy a currar de mensajero otra vez. Así que se pone en la cola de Seur con su primo para repartir más paquetes. Tienen que volver con el albarán firmado, les pagan el cheque y les sellan el pasaporte. Así me gusta, guapetón, entendiendo el valor del trabajo.

Agota un poco, porque de 12,30 a 18 horas, la cosa cunde pero los pies no veas cómo sufren. Lo bueno, que puedes salir y volver a entrar, con lo cual, la manada inmensa que éramos pudo comer en la terraza del burguer king, todo lo demás estaba petado. Al menos, aunque hacía frío, no llovió.

Resumiendo, totalmente recomendable el invento…

Feliz domingo

Silcas

Criaturas feroces

Andábamos ayer por La Granja 7 adultos y 9 niños, de excursión, y llegamos a ese punto en el cual ya te has comido los alubiones y el cochino y necesitas desesperadamente estirar las piernas para echarle una mano al sistema digestivo, el cual -desacostumbrado al mundo grasa- comienza a no ser capaz de procesar determinados excesos. Aparte el paseo, me temo que la broma me costará un par de sesiones extra de elíptica.

Visitando el palacio, recibí la correspondiende amonestación por hacer una foto dentro del ilustre recinto, lo cual me llenó de satisfacción por proporcionar a la churri vigilanta la posibilidad de lucirse delante de un nutrido rebaño de turistas: “Está prohibido hacer fotos, con flash y sin flash!!!!”. Yo la miré con cara de póker y mi amiga Concha recibió la reprimenda en mi lugar, mwahahahaha… Así que con flash y sin flash. Jejeje.

Criaturicas.  Si se que hay que darles algo que hacer. Como el guardia que se pasea al lado de las esfinges de piedra que bordean el palacio, creo que debe tener montado un sistema de apuestas a ver en qué esfinge se sube la criatura de turno, porque en alguna se suben SIEMPRE!! Es  inevitable, como poner un trapo rojo delante de un toro. Y entonces toca el silbato con toda su alma, y el crío se pega tal susto que casi se cae del ilustre artefacto. Me imagino que los críos de la época también recibirían su correctivo  por subirse a las esfinges, toquetear las estatuas, jugar al pilla pilla en la galería de tapices o -directamente- pintarle bigotes al cuadro de Alejandro cediendo a su amante Campaspe.

Pero nada comparado con lo que nos esperaba al pasear por los hermosos -y grandiosos y gigantescos y revienta pies- jardines. Tras contar varias historias de terror relacionadas con los laberintos, y aleccionar a las nueve criaturas sobre cómo salir de un laberinto si te pierdes, nos llegamos a las puertas del mismo (véase la película Dentro del Laberinto, con el inestimable David Bowie haciendo de Rey de los Goblins ), y ya esperando ver al enano Hagel recibiéndonos, y a las hadas que te muerden en la mano en vez de conceder deseos, nos encontramos con la siguiente advertencia:

¡La órdiga! ¿Qué clase de problemas puedes tener con un congénere de bambi?? Es más, ¿la cosa va de que NO salgan del laberinto, donde están emboscados al estilo minotauro? ¿O de que NO entren, no vaya a ser que luego no sepan salir y se vuelvan rabiosos? Qué intriga. Nos quedamos con las ganas de saberlo, claro que tampoco nos tomamos la molestia de preguntar. Si alguien me lo puede aclarar, lo agradeceré. Problemas con los corzos. Animalicos.

Así que nos introducimos en el laberinto de los corzos, previa foto al mapa del mismo no vaya a ser que al final tengamos que ir devorando niños para subsistir mientras encontramos la salida. Claro, que sin las gafas de cerca va a ser complicado, pero menos da una piedra.

Naturalmente, nos faltó tiempo para acojonar a los críos con los corzos, lo cual nos proporcionó inestimables momentos de cachondeo. ¡Que viene el corzo! y ahí salían corriendo todos como locos, curiosamente todos en la misma dirección; y las pequeñas venían a reportar: “Mamá, he visto un “gordo”, he visto un “gordo”.

Gritos, chillidos, carreras y más carreras. Los enanos se lo pasaron bomba, pero nosotros más.

Feliz 19 de septiembre.

Silcas

El hombre y la tierra

Esos bonitos documentales de Félix Rodríguez de la Fuente… esas ginetas, buscándose la manduca diaria, el LOBO, con mayúsculas, el perseguido e incomprendido lobo… el afán por la supervivencia, la lucha diaria, el ritual de la reproducción… todo eso y más me venía a la cabeza ayer por la noche mientras tomábamos copas -o eso parecía- en los garitos de Madrid.

Tuvimos suerte con el taxista del viaje de ida hacia el restaurante, y él tuvo suerte con nosotras, porque se descojonó tanto con nuestras conversaciones que se despistó del trayecto dos veces, y terminó haciendo un trompo para no volver a pasarse la calle. Aún así, nos dejó su tarjeta para que le llamáramos por si necesitábamos de sus servicio “miedo me da -decía-“, “y eso que aún no llevamos copas encima, respondí, eso sí que debería darte miedo”. Cuando salimos del italiano, llamamos al “Mambo Taxi”, que esto parece la peli de almodóvar, mientras algunas íbamos en coche.

Primer garito, Tex Mex. Barra, gintonic y tal, y entonces, sólo entonces, comienzas a mirar a tu alrededor. Me cago en la leche. Pero tía, le digo a mi amigota, nos miran mucho y no es por el escote, es que nos hemos metido en la puñetera guardería!!!!  Efectivamente, la mayor de las criaturas no llegaba a los 30, pero mira, estamos las seis juntas, nos reímos, a nuestra bola, y al menos el bombay saphire es bombay saphire, que era mi mayor temor. Aún recuerdo con espanto aquellas cogorzas de los felices 90, qué barbaridad, las bombas que te llegaban a meter en el cuerpo.

Sin embargo, dado que la pedofilia no entraba en nuestros planes, decidimos acudir a hábitats y ecosistemas un poco más aptos para nuestra edad, y que al menos, no destacáramos claramente como especímenes un poco lerdos que se han confundido de sitio. Como la canción, ¿qué hace una chica como tú en un sitio como ésteeee? que clase de aventura has venido a buscaaar? Pos ninguna, chato, que yo salgo de aquí como alma que lleva el diablo, que todavía tienes manchas del biberón de las 8 en la pechera…!!! Ñiiiuuuu….

Así que -tras sufrir dos bajas por parte del grupo, lo cierto es que ya eran casi las 2 de la mañana- aterrizamos en el Déjate Besar. La ORDIGA. Pero ésto qué es?? Tras esperar diez minutos en la puerta -la última vez que hice cola en un garito fue hace 20 años como poco- avanzamos en el antro o caverna, porque aquello se parecía más a la cueva de los australopitecos que a un bar de copas. La leche. Medio madrid estaba allí, apelotonao y espachurrao, pero joder, qué gracia tiene que te pisen, aplasten y estrujen??? si el tío está bueno, pues vale, pero si se trata de una churri fea y maloliente  la cosa cambia.

Pedimos las copas tras proteger a la hembra más bajita del grupo, que corría el serio peligro de ser aplastada por un grupo de treintañeras en evidente estado de celo y embriaguez, y nos retiramos a la esquina más distante del centro de visionado reproductivo y selección de parejas. Espeluznante. Sobre todo, la peña miraba, porque entrar, lo que se dice entrar, no entraba nadie a nadie. Yo creo que porque aunque quisieran no podían moverse de donde estaban. Nuestro escaso grupo de 4 hembras estaba guarecido al final de la barra, al lado de unos asientos tapizados en rojo pasión, con dos parejas a un lado, dos neandertales con poco pelo a nuestra espalda y un raro grupo formado por dos vacas, un mono capuchino y un tío que estaba francamente decente, visto lo que había por allí.

Ibamos apurando la copa, yo preguntándome qué hacíamos allí, con lo bien que se está en casa cantando karaoke o comiendo pipas o realizando cualquier otra actividad diferente a la de estar pegando codazos al resto de las hembras, que estaban más bien agresivas frente a cualquier tipo de competencia.

En un descuido del mono capuchino, que levanta el trasero del asiento, mi hermana y yo nos ubicamos en dicho sitio para descansar las pezuñas, justo pegadas a la manada en cuestión. En ese momento, la foca monje, que trataba por todos los medios de llegar a los asientos arrasando con todo lo que pillaba a su paso, cae con todo su peso sobre mí, espachurrándome contra la pared y dejándome encajada entre mi hermana y su culo. Joder, chica, tranquila, calma; tú ganas y yo pierdo, me pongo de perfil y consigo escurrir el bulto antes de acabar muriendo por asfixia.

En otras circunstancias, habría utilizado el tan socorrido truco de ponerle un pitillo en el culo, pero como ya no fumo no pude, y además dudo que se enterase de la maniobra porque la grasa -que yo sepa- no tiene terminaciones nerviosas. Además, que a mi eso de competir con otras hembras nunca me ha ido, pero menos aún ahora, que tengo mi propia manada y aquí no se me ha perdido nada, así que agarramos taxi de vuelta a casa, y a la muy respetable hora de las 04:00 zulú, aterrizamos en el hogar, donde los machos alfa de nuestros respectivos clanes acababan de terminar la partida de póker.

Hoy, a las 09:30, me despierto. Y se acabó el dormir. Joder qué sueño tengo. Al menos, gracias a dios, resaca cero (ya he comprobado que el nivel alcohólico provocado por cena con vino y dos gintonics flojitos es mi límite para no asesinar focas monjes, pisar monos capuchinos o ponerme a hablar con búfalos descerebrados)

Ouf. La próxima me pongo las botas de montar a caballo y me llevo un alfiler de los que usaba mi abuela para sujetarse la mantilla. Se van a enterar, éstas, de lo que es la supervivencia del más fuerte. Que me han pillao desprevenida, caramba.

Silcas

Operación bikini

Ay, la operación bikini. Reconozco que mi fenotipo de piel no ayuda mucho, que a estas alturas de la primavera hasta las endivias tienen mejor color que yo.

Llega la semana santa, y con ella los madrileños huimos en manadas a la playa, invadimos las costas y nos instalamos en las hamacas de los chiringuitos aunque sea tapados con mantas, boqueando por un rayito de sol.

Tenemos un mono de sol y mar enorme, sobre todo al final de este invierno que ha sido frío, húmedo y hasta nevado.

En mi caso,  lo de las mantas no es coña, porque soy friolera hasta la médula. Hoy soplaba levante, y aunque hacía un día espléndido, no se aguantaba en la tumbona simplemente con un bikini. Los pocos habitantes del chiringuito parecíamos momias, envueltos en sudaderas y cazadoras, y con las toallas tapándonos las piernas.

Menos la mala bestia tártara de mi hijo, que se ha metido en el agua y no ha salido hasta pasados 15 minutos. Animalico. Eso sí es genético, porque exceptuando cuatro franceses  enfundados en neopreno que iban de rodillas en sus tablas de windsurf remando hacia sabe Dios dónde, era el único humano que se atrevía a meterse en el agua. Luego salía y -helado como un polo de limón- procedíamos a cambiarle el bañador, y plantarle una sudadera con capucha, hasta que entrase en calor. Porque encima el tío es un “huesetes”, como me llamaba a mí mi abuelo, es alto, larguirucho y fibroso. Pasado el mediodía, después de comer, ya se podía uno despelotar, y se aguantaba perfectamente en la hamaca, holgazaneando al sol.

Esto de la tumbona me permite curiosear los periódicos con tranquilidad. Hoy, me entero de que una periodista -presumiblemente loca- se ha enfundado en un corsé y se ha dedicado a describir su experiencia durante toda una jornada de trabajo. Ahí estamos, que campeona. Y porqué tanto sufrimiento, digo yo. Que el corsé, si eso, se lo pone una para veladas románticas o circunstancias asimilables, pero no para conducir, lavar al perro, pegarte carreras entregando ofertas o hacer la compra. Vaya sandez. A ver si la señorita escarlata encorsetada hacía algo más que abanicarse con magnolias a la luz de la luna. Y va esta nécora y se empeña en hacer una especie de gynkana. Bueno, vale, es cierto que también hay una carrera sobre tacones que se celebra en nueva york, pero coñe, que no va de eso la cosa.

Qué tendrán las revistas en primavera, que consiguen deprimir a la más pintada: su objetivo es dejarte bien claro que tu guardarropa es una castaña, y vaya si lo consiguen. Nos se cómo lo harán, pero la ropa de la temporada pasada parece un trapo viejo comparado con las novedades, los tonos no combinan ni de coña (cómo coño consiguen dos turquesas que no peguen entre sí??), los accesorios son radicalmente diferentes, los collares se llevan grandes, los pendientes largos, los cinturones anchos y bolsos pequeños, y al año próximo, exactamente al revés y en otros colores, en fin, que los gurús de la moda consiguen grabarte en las meninges que cada temporada NECESITAS comprarte cosas nuevas. Como soy perra vieja, no pico, he aprendido a tener un fondo de armario decente -gracias sobre todo a las ventas on line- y picar alguna cosilla de temporada que actualice el look. Y ya está, paso de comprar cosas que al verano siguiente “cantan” de puro rancio y huyo como de la peste bubónica de los colores “de moda”.

Por si tu armario fuera poco motivo para la desazón, te bombardean con los argumentos estéticos de siempre: los culos (representados por fotos de niñas de 13 años), la celulitis, el láser vela, la mesoterapia espacial, los rellenos de hialurónico, las super-tetas, el po-tox, y los estiramientos. Resumen de su mantra: convencerte de que tienes el cuerpo hecho una mierda, y una cara que no saben cómo te atreves a salir a la calle con ella, y que necesitas con urgencia la ITV pre-primaveral, una revisión completa de bajos y juntas de culata y pasar por todas las máquinas de los institutos y clínicas estéticas para tener una pinta decente. Todas las primaveras igual, casi estoy por llevarme a la playa las memorias de Nabucodonosor para no pillar una depresión nerviosa. Qué pesadilla.

Y encima, las tiendas de Marbella, que casi mejor ni entrar. Algún cambio curioso esta temporada; han cerrado el Zara de puerto banús (ooohhh…), y han abierto un Marks&Spencer en La Cañada, que pese a su estilo inglés y pelín rancio, tiene cosas que están muy bien, sobre todo la lencería (geniales las medias) y la ropa de niña (qué monos los bañadores). A mí el Zara me gustaba porque estaba justo enfrente de unas tiendas carísimas, donde no podías comprar ni las etiquetas del maniquí; pues bien, tras deprimirte por tu insolvencia, entrabas en Zara y te llevabas los tops y camisetas de cuatro en cuatro. Lástima de terapia.

En cuanto al M&S, lo he descubierto hoy, al salir del cine, donde hemos llevado a los enanos a ver Como entrenar a tu dragón, en 3D, y han salido flipando a colorines. Cómo se lo han pasado, no sólo ellos, sino todos los peques del cine. Era cachondo oírles gritar cuando las imágenes se acercaban.

La verdad es que la peli es entretenida, y está bien hecha, me ha encantado. Y vaya diferencia con el 3D de los antiguos y gloriosos tiempos de aquellas gafas en verde y rojo, en los que salías del cine tropezando con tus propios pies.

Me va a tocar currar, ese es el único punto negro. Y estoy vaga perezosa total, al menos me he propuesto correr todos los días, a ver si lo cumplo. A mí el nivel del mar me deja con la tensión por los suelos, sólo me apetece dormir y zampar. Claro, así vuelvo yo a los madriles, rellenita y perezosa como yo sola. En fin, ya tendré tiempo de estresarme, que a mí la estepa me pone como una mona.

Silcas