Gestionando la barca

Que conste que durante los sucesos que voy a describir a continuación, no hacía más que sonarme en los oídos la cancioncilla de “Ay quien maneja mi barca”, que vete tú a saber qué clase de conexiones -o desconexiones- neuronales debo tener después de 8 años en consultoría.  Dicen los entendidos que es el máximo que un humano normal aguanta en el sector, claro que entonces que alguien me explique porqué no estamos acogidos al régimen especial de los trabajadores del Mar, que sigo sin ver porqué es más peligroso pescar bonitos en plena tempestad fuerza 7 que asistir a las aperturas de plicas en ciertos organismos.

Pero lo de la cancioncilla tiene su sentido, señores, porque esto de las aperturas de plicas comienza a parecerse cada vez más a Eurovisión. Lo aconsejable es ir para enterarse, cotillear o puramente, por interés científico. Lo malo es cuando vas porque participas en el sarao, en cuyo caso será mejor que te tomes una tortilla de lexatin en el desayuno, que el corazón ya no está para muchas bromas.

¿Y en qué se parecen? se preguntarán ustedes

Bueno. En que sólo puede ganar uno, y el resto se queda poniendo cara de póker. Además, las canciones suelen ser más bien chungas, y casi siempre tenemos identificado un ganador, y si no, a ver porqué ganan casi siempre Irlanda, Francia y Reino Unido. Por si fuera poco, las cosas se ponen muy complicadas si te toca cantar en ultimo o penúltimo lugar, porque inevitablemente, te roes las uñas durante la votación.

¿En qué se diferencian? En que aquí, el público no jalea y vitorea, sino que tiene la misma vitalidad que una colección de tiestos de geranios y sólo pían si se les pregunta.

El lunes tuvimos apertura de sobre económico y lectura de puntuación técnica para la muchedumbre de proveedores que -una vez más- habían decidido presentarse al concurso de turno a ver si había suerte. Ya sabéis: organismo grande y lleno de funcionarios, licitación millonaria por concurso abierto y mucha jambre en los mercados. Combinación explosiva, se masca la tragedia, se anticipa la tempestad.

Digamos de paso que el cliente se había dedicado a animar a presentar oferta a las empresas de cierta solvencia y pulmón financiero, y que por tanto pudieran soportar sus exigencias técnicas y acomodarse a sus plazos de pago. Por tanto, teníamos llenazo en el peaso salón donde reinaba la mesa más grande que he visto en toda mi vida, la del anuncio del Pronto y el paño se hubiera quedado boquiabierta ante semejante espécimen. La sala de juntas que protagoniza nuestra historia, era como el triple de gigantesca de la que os pongo en la imagen, y podría nadar por allí Remedios Amaya, la barca y un petrolero del mar del norte. Si no estábamos allí 40 cómodamente retrepados en los super-sillones, no estábamos ninguno. Yo creo que debe formar parte del Patrimonio Nacional.

Así que allí estábamos sentados en la monstruosidad, esperando pacientemente a que comenzara el cántico de las puntuaciones técnicas, que ríase usted de la complejidad de los marcadores de los juegos olímpicos. En esta ocasión, eran grácilmente recitadas por una funcionaria ante cuyo mérito hay que descubrirse, porque se pasó hora y media cantando los resultados con ritmo y sin desfallecer. Casi esperábamos oir “ciento cincuenta miiil eeeurooos” (esta mujer desciende de niños de sanildefonso FIJO)

Y afortunadamente, nos habían facilitado unas hojitas con la relación completa de las empresas participantes en el sarao (virgen santa, otra vez me toca la penúltima, por Dios señor, porqué a mí) y los huequitos para ir apuntando las siguientes cifras:

– Puntuación técnica A, B y C.

– Oferta económica total por lote, sin iva, con iva y arremezclá.

– Oferta económica por categoría y lote, sin iva y con iva y al tresbolillo.

Trece empresas participaban en el asunto, cada una de ellas licitando por uno o varios de los 6 lotes, hagan ustedes las cifras que yo soy de letras y paso de andar haciendo los cálculos porque me mareo.

Pero que íbamos a estar entretenidos eso seguro, y además así contribuíamos a la pensión de la amable señorita del parquímetro, que se iba a inflar a poner multas pero bien.

Así que comienza la cantinela, como decía, y van desgranando resultados. Guayominí, du pua, iunaited kindom, tu poins. Llega a hacerse tedioso, todos apuntando a toda pastilla, hasta que de pronto, llega el turno del nuevo en el lugar, una inesperada UTE denominada GallyNew y TwoFriends, que licitan nada menos que a TODOS los lotes. Con dos asteriscos, viva España.

Nos parece realmente asombroso, entre otras cosas, porque se trata de un pliego para reorganización de corrales, y estos de GallyNew se dedican al pienso y forrajería, y a los de Two Friends no los conoce ni Harry. Por la complejidad del corral en cuestión, y la falta de experiencia de estos paisanos, resulta de un cierto atrevimiento el haberse presentado a todos los lotes, principalmente porque ni los actuales adjudicatarios del invento se habían atrevido a hacerlo, a saber: Industria De Reabastecimientos  Agrícolas, Suministros AGroalimentarios ni tampoco la todopoderosa Ingenieros Evisceradores Corraleros Incorporados S.A.

Pero bueno, allí están, sentados -suponemos- entre todos nosotros, que el mismo derecho tienen a licitar que el más pintado. Co-Cot.

Como decía, la gentil funcionaria continúa recitando cifras, y de pronto, con un tono de voz como de “toma bofetón niño malo” anuncia que la newborn UTE GallyNew y TwoFriends ha obtenido CERO puntos en el apartado técnico en todos y cada uno de los lotes presentados.

Vamos, un rosco, un cero pelotero, un cate, un coscorrón, un revolcón, una calabaza gigante, una Ruperta; lo mismo que si estos pobres hubieran metido en los sobres técnicos el dibujo de un mango madurico perpetrado por mi hija pequeña  con la ayuda de las clásicas ceras Manley.

Válgame, que papelón. Y entonces nos comienza a entrar el canguelo a los demás, porque no son los únicos, y comienzan a caer más puntuaciones bajas. Como siempre, la cosa no va de ganar o perder, que es lo de menos, sino de quedar en una posición medianamente decente en la tabla de participantes y que nuestros jefes no nos psicoanalicen con el sacudealfombras que tienen escondido para golpear a los consultores que se atreven a suspender sus ofertas técnicas. Anda, que si tuvieran esos métodos en RTVE, otro gallo nos hubiera cantado en Eurovisión.

Comienza a descubrirse la estrategia del cliente: está penalizando en la puntuación técnica a los que pueden ir a precios mucho más bajos que el resto, poniéndoles un rosco melonero para evitar que su oferta económica pueda ser puntuada, con lo cual, a la vista de la colección de suspensos que se están produciendo, la shortlist será más bien short.

Nos toca. Tengo a mi lado a mi super-consultor-de la muerte total-, coautor de la oferta técnica, más blanco que una lechuga y con cara de paisaje. Yo represento a Gallináceas Reunidas, y si me cascan una torta en la técnica, pues tampoco pasa ná porque para eso estamos, para recibir, pero mi colega es de SuperHen, nuestra orgullosa hermana mayor del grupo, todopoderosa y sabia, y un rosco equivaldría a una patada en las gónadas y en el orgullo tan enorme que mejor no me la imagino. De hecho, como soy zurda, dejo la mano derecha disimuladamente en la falda, presta y alerta para agarrar la manga del traje de mi compañero, no vaya a ser que le casquen un cero y salte por encima de la super-mesa, con la velocidad de un Cullen sediento de sangre y le muerda en el cuello al que tenemos enfrente, que sospecho es de la dirección de contratación.

Me pregunta bajito a qué precio hemos ido nosotros. No me acuerdo, pero tu tranquilo que ya nos lo dirán. Pero ¿tú te piensas que desde que hemos presentado esta historia he tenido ganas de revisarla? Esto se olvida según lo presentas, hombre. Me mira perplejo. Tranquilo, si lo van a cantar en voz alta y con soniquete, ¿qué mas te da saberlo media hora antes? ¿Para agobiarte todavía más? Ganas de sufrir, Jesús.

Nos dan una puntuación técnica bastante decente, pero muy baja en las prestaciones complementarias. La traducción del concepto es básicamente trabajos gratuitos, Nosotros íbamos sacando pecho con 40 gallifantes, pero comprendimos nuestra puntuación después de que un colega de EggsPlus me comentara que en su caso habían presentado prestaciones por valor de 200 gallifantes. Qué barbaridad. En cualquier caso, mi compañero consultor comienza a revolverse en la silla como si tuviera ganas de ir al baño y mi mano derecha sigue alerta y presta a agarrarle de los calcetines en caso de emergencia.

Cantados los puntos técnicos, comienza la emoción de la apertura del sobre económico, y por tanto, en vivo y en directo, se podrá saber quién ha ganado la licitación. La gente comienza a abrir los portátiles para poder ir rellenando las hojitas excel con presteza y poder conocer con exactitud el momento de tu derrota. Que prisas, tú.

Y entonces oh sorpresa, oh emoción, comienzan a cantar las ofertas económicas de los que han resultado suspendidos en oferta técnica. En teoría no deberían ni abrirse sus sobres, pero… bueno, aquí sí. Muchos alzamos el cuello como gallináceas y alguno se atreve a carraspear. Entonces, ¿las tendrán en cuenta para los rebuscados cálculos de “the winner is”? ¿y cómo? ¿Ganará el concurso en todos los lotes la ute GallyNew y TwoFriends aunque hayan metido en el sobre técnico el retrato de la Madre de Whistler por Mr. Bean?

Oh intriga, oh emoción.

De pronto, un sonoro PIIIIIIIII inunda la sala, la batería del portátil del comercial de Aguiluchos, Cernícalos y Cormoranes Venture se ha muerto y su sonrojado dueño procede a cerrarlo pidiendo disculpas, consiguiendo recordarnos  a todos que llevamos ahí metidos cerca de dos horas.

Y ya por fin, con el recuento de votos finalizado e identificados los flamantes campeones de PliegoVisión, nos vamos a compartir la amarga cocacola de la derrota con la semi-llorosa concursante por la humillada UTE GallyNew-TwoFriends, que nos confiesa que “tenía sus esperanzas”. Nadie dice nada, pero todos bajamos la testuz y picamos patatas fritas como buenas gallináceas que comprenden que pa qué le vamos a dar picotazos, si total… from lost to the river. Además, la animamos a recurrir la adjudicación, que eso de darle cero puntos en todos los lotes, queda feo y no se hace. Podrían haberle puesto un 2 en algo, caramba. Raza cruel, la del funcionariado.

Tras sesudas deliberaciones entre los derrotados, llegamos a la siguiente conclusión:

– El cliente quería participantes de nivel, para que en el peor de los casos -que no saliera su favorito- al menos quedasen gentes solventes y serias, y por tanto, nos dio alas y ánimos a todos los semi-decentes para que nos esmerásemos en el asunto. Ya me extrañaba a mí el alto grado de amabilidad, solicitud e información. Por interés te quiero Andrés.

– Para librarse de los inexpertos, kamikazes, locos y desesperados, decidió ponerles un ROSCO absolutamente letal a sus ofertas técnicas (y ya veremos si valoran las económicas, que el sentido común dice que no deberían)

– Para protegerse de posibles bajadas desesperadas por parte de nosotros los “buenos”, nos puso unas puntuaciones técnicas más bien mediocres.

– Y a sus favoritos, pues toma notable y sobresaliente en la oferta técnica, que para eso eres el que se conoce aquí el percal y quiero que repitas.

Buena jugada, compañeros, PERO una y no más santo Tomás, que a la próxima te pasará lo que a Pedro: que vendrá el lobo y se te zampará las gallinas, pero bien.

¡Luego no te quejes!

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Plicking Opening Reloaded

Comienzo a pensar que he pasado ya por demasiadas aperturas de piernas -digo de plicas-, y que comienzo a tener un cierto terror obsesivo que hace que la noche antes no pegue ojo. Eso sí; la noche después duermo como los lirones enroscados sobre sí mismos. Y es que SIEMPRE, pero SIEMPRE pasa algo inesperado y desagradable, si no es a tí, es al vecino, y además casi nunca tiene remedio porque implica la expulsión de la carrera de ratas en que consiste cualquier licitación.

Teníamos ayer una estupenda apertura de sobre técnico en un ministerio grande grande grande, cuyo nombre no mencionaré. Ese bonito trámite consiste simplemente en  abrir el sobre y sacar su contenido, cantarlo a los presentes y -si cuadra con lo que se espera, es decir, no hay dentro ni una trampa para ratones, ni pegamento ni pintura indeleble (vaya, se me están empezando a ocurrir ideas interesantes)-  se admite la empresa a la licitación para analizar la documentación presentada y -si procede- incluirla en la apertura del siguiente sobre.

Y en esta ocasión, se trataba de una licitación a la que en teoría no iba a acudir mucha gente por eso de que la empresa actualmente adjudicataria se había encargado de pregonar a los cuatro vientos que el pescado estaba más que vendido, y que el susodicho ministerio no tenía la menor intención de cambiar de proveedor.

Claro, que las manada de empresas que nos presentábamos no opinábamos igual, o estábamos muy desesperados, motivo por el cual nos encontrábamos cuales buitres hacinados en la enorme sala de juntas del citado ministerio, ante unos 12 funcionarios, serios serios serios, ocupando todo el espacio disponible, incluidas sillas y paredes. Aquello parecía el metro de shangai.

Dado que hablábamos de 6 lotes, y de que participaban algo así como 20 empresas, entre ellas varias UTEs o uniones temporales de empresas, la cosa prometía alargarse. Para los que no lo sepan, una UTE es lo que pertrechas cuando tú solito no puedes ir a una licitación, ya sea porque necesitas ir con alguien más baratito en algunos perfiles, no tienes el personal que piden o sencillamente, es un pliego demasiado gordo como para ir tú solo y se maneja mucho mejor con otra empresa que pueda asumir los desastres que se suelen producir en un servicio de cierta envergadura.

En este caso, iba yo tan tranquila a uno de los lotes en solitario, porque no fui capaz de igualar en descuento a mis partners en los otros dos lotes que estábamos valorando, y además, ellos me habían dicho que ese otro lote al que finalmente yo sí decidí acudir, no les interesaba demasiado. Con lo cual, agarré mi descuento de mierda, mi preciosa currícula y oferta técnica y me presenté, por si acaso sonaba la flauta de bartolo, o la de cualquier otro fauno similar.

Así que comienza la sesión, recitándose el nombre de la empresa y el lote al que se presenta, y procediéndose a continuación a abrir el habitualmente voluminoso sobre y examinándose el contenido por cuatro funcionarios, no vaya a ser que se les pase algo.

Bueno, no soy justa: había una que pasaba los sobres del carrito a la mesa, otra que los abría, otra que apuntaba, cuatro que revisaban y otros tres o cuatro que observaban muy serios. Había otro que estaba ajeno al mundo jugando con su blackberry, pero en fin, en qué cuerpo no falta un lunar. Además, se marcaron el detalle de fotocopiarnos la lista de empresas, menos mal, porque a veces van a tal velocidad que terminamos montando un gallinero tratando de copiarnos unos a otros y preguntando nombres.

Cuando fueron nombrando las empresas, pude comprobar con consternación aguda que me encontraba en penúltimo lugar. Que horror, qué poco me gusta. Es como estar en un examen oral con un apellido que comienza por Z, y acumulas nervios y más nervios sin poder hacer otra cosa más que esperar pacientemente tu turno para el degollamiento. También descubrí que las dos empresas con las cuales había estado negociando ir en UTE (Galli-Pon y Huevo-Más) han decidido presentarse a mi lote por su cuenta en UTE con un tercero. Qué perracas. Lo que hace el hambre. Bueno, estas cosas pasan, esto de las UTEs son el claro exponente de “por interés te quiero andrés”. Ni me inmuto. Solo me fastidia que seguro que van más baratos que la menda y me apalearán en la siguiente apertura de sobres, si es que llego, que está por ver.

Y cuando van por la cuarta empresa, “Galli-Pon”, que recordemos era mi ex-pretendiente, comienza el desastre. El funcionario, tras cierto revuelo armado en la mesa, y que hizo que todos los proveedores alargáramos los cuellos como buenas gallináceas ante un ruido en el corral, cuchicheando entre nosotros, nos anuncia que “Galli-Pon” queda descartada de la licitación por no presentar el CDROM con la copia de la documentación dentro del sobre.

Tocate los pies.

Miro de reojo a mi amiga la representante de “Huevo-Más”. Tiene la misma expresión imperturbable que en una partida de póker. Llega el turno de la séptima empresa, en esta ocasión,  es la UTE de “Galli-Pon” y “Pico-Plus”, y que resulta igualmente excluida de la licitación por no presentar el CDROM con la copia de la documentación, que dicho sea de paso, consiste en la oferta técnica que tienen impresa y la currícula que está igualmente guardadica en dicho sobre. Pero el pliego es el pliego y es igual para todos. Esto tiene toda la pinta de metedura de gamba de “Galli-Pon”, que obviamente se ha encargado de ensobrar la oferta y se ha dejado algunas cosillas sin importancia fuera…

Vuelvo a mirar a mi amiga, la cual está palideciendo por momentos, con la mirada fija en su iphone.

Tras recitar afanosamente otras tres o cuatro compañías y abrir y dar por válidos sus respectivos sobres, le toca el turno a la UTE Galli-Pon, Huevo-Más y PintaPintaGorgorita.

El funcionario, visiblemente afectado, anuncia que también dicha UTE queda fuera de concurso por no haber presentado el CD ROM.

Supongo que mi querido colega representante de “Galli-Pon”, y que por supuesto no estaba presente en la sala, debe estar en estos momentos buscando un país sin extradición con España donde aposentarse para que los representantes de las mencionadas UTEs no lo capturen y esterilicen en vivo. En total se ha cargado algo así como 18 millones de euros en oportunidad de negocio. Pobre. Qué ingrato es trabajar con la administración pública.

Mi amiga está con los dedos engarfiados sobre el sufrido iphone, imagino que poniendo emails de PERO QUÉ NARICES HA PASADO???? o ¡¡te dije que el CDROM tenía que ir en el sobre 2, carallo!!”. O “ve rezando”. O algo.

Para entonces, yo tenía los nervios de punta, pensando si en mi sobre estaría mi querido CD o se habría perdido por alguna rendija con tanto meneo, que conste que iba bien agarraíco  en la portada de la oferta técnica dentro de una bonita funda transparente para que se identificara a la primera.

Y además, recuerdo perfectamente haberlo metido yo misma. ¿O no? Dios. Comienza a latirme el corazón a mil por hora, pero a santo de qué estoy aquí sufriendo con esta historia, debería salir corriendo como Julie Andrews en “Sonrisas y Lágrimas” cantando “The sound of the Music” y bailando en mitad de la sala. Peace and Love per tutti.

En ese momento anuncian el nombre de mi empresa, “Gallináceas Reunidas”. Tomo una profunda inspiración y trato de respirar con la parte central de los pulmones, como me ha enseñado mi gurú de yoga. Y un huevo de pato viudo. No respiro. Apenas puedo tragar saliva. El funcionario toma el carpetón con la oferta técnica y comienza a despelucharla, musitando por lo bajo y extrayendo cada Currículum de su respectiva funda, haciendo evidentes gestos de hastío –cagonlaleche esta gente, ya podrían habérselo currado un poquín menos-, y se toma tanto tiempo que comienzo a ponerme realmente colorada a la par que inquieta. Como nadie sabe quién es quién, tampoco me observa nadie -ni siquiera mi amiga, que ha sido abducida por su móvil y debe estar poniendo velitas on line a Santiago Apóstol-.  Al menos yo soy novata en esta empresa y nadie me identifica con ella excepto dos antiguos compañeros de mi anterior empresa que me miran de reojo, dudando entre si alegrarse o solidarizarse.

Cuando ya por fin parece que va a terminar la tortura, el funcionario presidente interroga al abridor de sobres: “¿pero… está el cd? Sí, sí que está, le contesta su compañero. Ah, como tardaba tanto, creí que lo estaba buscando“. Válgame, ¿pero qué le pasa a este hombre con los CDs? si tiene la documentación impresa delante de sus narices, caramba.

Siguiente empresa. Comienzo a respirar de nuevo. Es la última y va al mismo lote que yo. “Herpes Pavícola” también se ha dejado el CDROM -vaya con la crisis, que está haciendo estragos en el material de oficina- y queda también excluida.

Resumiendo, me voy a partir la cara con otras 4 empresas en vez de con 6. Lo siento por mis queridos colegas, peeeero… ¡mmwwhahahahaha! Eso os pasa por malvados, aunque ahora que lo pienso, me podría haber tocado a mí esta lamentable situación. O no, me figuro que habría ido a revisar el ensobramiento en vivo. No me imagino explicándoselo a mi jefe, 4 millones de euros a paseo. Glups.

Bueno, bah, da igual. No voy a ganarla, entre otras cosas porque mi estrategia sólo servía en determinadas circunstancias, y dado que se han presentado a mi lote “Easy-Hen” y “Pluming” voy lista, porque en la siguiente me espachurrarán por precio con toda seguridad.

Eso sí, como no somos mala gente y arrieritos somos, nos llevamos a  la desfallecida representante de “Huevo-Pon” a tomar una cocacola, aunque sinceramente, creo que a todos nos hacía falta un cubata doble. Que no olvidemos que donde las dan las toman, y estas cosas le pueden pasar al más pintado.

Co-cooot.

Ya no soy tu amiga, cara de formiga

HE DESCUBIERTO SEÑORES -diréis que ya me vale- cómo eliminar contactos en Linkedin. Parecía casi imposible desprenderse de esa recua de gentes que con el tiempo y una caña, han demostrado que no son dignos de figurar en tu libreta de direcciones, y menos aún, de que los asocien contigo.

How to:

Entramos en Contactos.

A mano derecha, tenemos un link que pone “remove connections” (supongo que los que lo tengan en cristiano tendrán “eliminar conexiones”, o algo así).

Seleccionas de tu lista de contactos los impresentables que desees eliminar y VOILÁ!! Ya no están, se han ido para siempre jamás!! No podrás ver su molesta actividad (uno de ellos se dedicaba al uso y abuso de twiter, pings y otras leches -a mí que demonios me importa que su programa de correo tenga un virus??? es más, porqué piensa que necesito saberlo??) Es el equivalente adulto de la expresión infantil  “Ladra chucho, que no te escucho”. Oh, soy feliz.

Tampoco ellos podrán curiosear a qué te dedicas y con quién te conectas o te dejas de conectar. Y todo eso sin que se enteren de que los has eliminado. Fantástico. No sabía que existía esta opción. En cualquier caso, de mis casi 150 contactos sólo he eliminado a 6 capullos, todos ellos por ser claramente hijos de mala madre con certificado, ISO y pedrigrí demostrado. Los trepas de nivel uno, merluzos o simplemente alelaos, los he dejado. Pobrecicos. Siempre se puede mejorar, ¿no?

Pos eso. Que lo sepan ustedes.

Feliz martes

Silcas

* Nota: formiga = hormiga en catalán. Frase que nos decíamos en el cole allá por los felices 70. Reminiscencias de mi niñez barcelonesa…

Perdidos en el ciberespacio

Me resisto, chicos, me resisto al uso y abuso de las tecnologías para fines completamente absurdos. Nada como las call conference para cometer toda clase de tropelías.

Hoy, viernes, en vez de nuestra querida jornada intensiva, teníamos una sesión denominada guasonamente por uno de nuestros colegas como “Refuse to Eat”. La finalidad de la sesión es algo así como “CEO de mis amores, que quiero vender ésto y me tienes que echar una mano que lo llevo malamente”. Y por tanto, nuestros sesudos mayores, la bautizaron como Refuse to Lose. Y como concepto no está mal, con lo que nos metemos es con la forma. Lo de Refuse to Eat viene porque estas bonitas sesiones suelen comenzar los viernes a las 13:30 y duran lo que el jefe quiera, es decir, que en algunos casos se liquidan en una hora, y en otros nos eternizamos y nos enquistamos cuales piojos en la cabeza de mi hija. Por tanto, lo normal es que te quedes sin comer y salgas con más hambre que el perro de chewbacca.

Así que el convocante de la vaina ésta,  nos abre un “bridge” telefónico, que consiste en que llamas a un número de teléfono, marcas un código y ya estás con tus colegas en el ciberespacio, todos en versión virtual (“now joining, perico el de los palotes”, “now leaving, menganito” uaoymini dupuan”,  y rascándose lo que proceda. Porque a saber dónde anda cada uno, que fijo que habrá gente en el baño, tumbada en la cama o paseando por la playa, y ¡¡siempre la mierdablackberry ésta!!, que cuando voy a teclear el puñetero código, como estoy en el mensaje donde figura, no puedo, y cuelgo sin querer, y como es un número largo, no me lo aprendo, o peor, lo  marco mal y aparezco en la reunión virtual de viciosos onanistas y flipo. Joer, pero qué sufrimiento. Y con este calor, metida en el coche estoy, refugiada en el aire acondicionado a todo trapo claro, con el manos libres, la compra recién hecha, los apios asomando por mi hombro y yo aguzando la oreja a ver si consigo enterarme de lo que habla esta peña, que en cualquier momento me toca a mí contar el rollo este, dices tú el dichoso inglés. Prueba a meterte en un fregao de éstos con un tunecino, un gabacho, un holandés, tu jefe, el otro jefe, el CEO, que es de aquí la tierra, y otros doce o trece que están callados pero están ahí, en el puñetero ciberespacio, como si fueran Yoda y sus amigos. Mi jefe me pasa el testigo y cuento en brevísimas palabras cuál es mi deseo para el día de hoy sin creerme ni una palabra. Luego mi jefe apostilla algunas consideraciones.

“ai anderstan nothing of nothing”, dice el CEO.

Peerfecto. No esperaba menos, my friend. Y cómo leñes te ibas a enterar de algo, con ese briefing de mierda que te hemos pasado en la plantilla corporativa. Siendo muy, pero que muy generosos, habrás deducido que tengo la intención de colocarle a la bruja de Narnia una campa de gallináceas moradas expertas en vender abanicos.

Tras diez minutos de gasto temporal de Ceo, Directores y Accounts y sabe dios qué mas, consiguen aclarar qué pretendemos.

Algo que en mi anterior empresa se resuelve copiando al susodicho y amenazando veladamente al destinatario con toda clase de desgracias personales incluyendo la ruptura de miembros, aquí no. Aquí hay que hacer algo mucho más tecno-chachi, o no vale. Dios, cómo odio las refuse to eat. No por nada, no porque nos quedemos sin zampar, es que es una pérdida de tiempo que…

En otro orden de cosas, estoy completamente enviciada con mi flamante ipod, que acabo de comprar un ipod familiar con altavoz para tener un poco de música en casa, tirar las cajas de los doscientos cds que tenemos por ahí y que dejen de acumular polvo.

A ver si llega agosto, que a este paso, nos vamos a derretir…

Silcas

Si los programadores fueran albañiles

Gracias, Gabriel, por tu colaboración!! qué gran verdad!!

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SI LOS PROGRAMADORES FUERAN ALBAÑILES

– Uno de enero:

Hoy me han llevado al solar por primera vez. La situación es perfecta: tiene el Metro a dos pasos y una cafetería enfrente donde sirven menú del día. El viejo bloque de pisos, al que va a sustituir nuestra nueva construcción, lleva un año al borde de la ruina. Mi propia empresa ha colocado varios puntales que, por el momento, han ido evitando que el caduco edificio reviente por sus múltiples grietas. La construcción de este megalito de ladrillo dio comienzo hace cinco años, y aunque los pisos superiores nunca llegaron a recibir el agua, la electricidad y el enfoscado de las paredes, en diez meses los cimientos ya se habían desplazado peligrosamente, y las vigas presentaban peligrosas fisuras.

La cansada torre de viviendas ya ha cumplido su propósito y ahora nosotros la conduciremos a una muerte dulce.  Por supuesto, el viejo edificio no será demolido hasta después de construir y probar el nuevo, lo que nos deja poco espacio de maniobra; pero no vamos a dejar a todas esas familias en la calle durante la construcción. De cualquier modo, los vecinos de la vieja y decadente estructura nos miran con recelo. Saben que el nuevo edificio tendrá viviendas más cómodas, pero algunos de los residentes no podrán costearlas. Ni sé que va a ser de esa gente ni es asunto mío. Llegan los primeros camiones de ladrillos.

– Dos de enero:

Me han presentado a Alberto, la persona a quien “voy a reportar”. No me han dicho si es el capataz, el jefe de obra, el aparejador, o el arquitecto; solo me han dicho que lo que tenga que “reportar”, se lo “reporte” a él. Así que, por donde él diga, yo zaca zaca, como una locomotora. Esa es la definición que me han dado de nuestra metodología. He buscado “reportar” en el diccionario, y no aparece.

–   Seis de febrero:

En algo más de un mes, hemos cavado medio metro de cimientos. Ayer Alberto nos dijo que empezáramos a poner ladrillos, porque el tiempo designado para la cimentación se había agotado hace dos semanas.

No aceptó nuestras excusas de que las prometidas excavadoras aún no habían llegado, y que nos habíamos visto obligados a cavar con paletas de enyesar. Un compañero se trajo una pala de cavar que guardaba de una obra anterior, y casi le echan por razones deontológicas. Según Alberto, lo que pasa es que frecuentamos demasiado la cafetería. El asunto se ha zanjado con un “hale, a levantar paredes y luego que cada palo aguante su vela”.

El trabajo sin planos es dificultoso. Los cimientos tienen una forma algo pintoresca. He pedido una plomada para que las paredes queden verticales, y he recibido improperios, poniendo en duda mi masculinidad.

Ya sé que Alberto no es el arquitecto, porque el arquitecto es un tal Ignacio. Paso a supervisar la obra el otro día, aunque aún no hay nada que ver. Me han llegado rumores, aunque no son muy dignos de crédito, de que existen fotocopias de planos.

– Doce de mayo:

Anoche estuvimos hasta las siete de la mañana cubriendo con tablas y enmoquetando el espacio que algún día ocupará el despacho de la sexta planta, aunque el edificio no es aún mas que una maraña de vigas de todos los tamaños y algunas paredes que habrá que tirar mas tarde porque están en el sitio equivocado. Hemos traido baterías para los fluorescentes y unos muebles de caoba preciosos. Por suerte, todo estuvo a punto para la demo. Izamos al cliente con la grúa hasta su futuro despacho, y pudo contemplar la vista que se disfrutaría desde el emplazamiento.

El viento hizo que la pared oeste, que dos de mis compañeros sujetaban con la espalda, se derrumbara con gran estruendo sobre la mesa de caoba en el peor momento. Gracias a Dios, el cliente fue comprensivo: “esto pasa siempre en las demos, y ya estoy curando de espantos”, dijo mientras le sacudíamos el polvo del traje.

Dice que el lunes que viene vendrá a probar las instalaciones sanitarias. Supliremos con cubos la inexistencia de tuberías.

– Veintitrés de febrero:

Han transcurrido casi catorce meses. Llevamos ya siete de retraso y el edificio no acaba de superar el estado de “casi terminado”. Soy de los pocos albañiles que no ha cambiado de obra en este tiempo. Alberto esta consumido por la zozobra, y se pasa el día en la cafetería trasegando Soberanos.

El arquitecto no ha vuelto a pasar por aquí. Los rumores dicen que existieron unos planos, pero no eran de un bloque de pisos, sino de un polideportivo. Por lo visto, en las reuniones del comité de construcción se dijo que la filosofía era la misma, y que solo harían falta modificaciones mínimas (ahora comprendo por que nos hicieron instalar aros de baloncesto en el hueco del ascensor. Siempre dije que acabaríamos teniendo que quitarlos o aquello no era un hueco de ascensor, que era una cuestión lógica. Alberto siempre me contestaba que no le viniera con tecnicismos).

Estoy perdiendo la vocación de albañil. He decidido apuntarme por las tardes a un curso de

informática, a ver si puedo cambiar de vida. Este oficio mío no es serio.

Nómadas urbanos

Nunca había escrito desde un Starbucks, pero aquí estoy. Aprovechando a currar un poquito antes de entrar en una reunión y tomándome un CARÍSIMO caramel machiato o como demonios se llame este bebercio, que por otra parte está bastante rico.

Decía que aquí estamos tres aguerridos portadores de portátiles, libando Wifi, unos currando, otros navegando y otros hablando por teléfono.

En este caso, mi conducta se debe a que tengo una reunión por aquí cerca y no me merece la pena volver a la oficina entre col y col. Pero en otros casos, se debe a que comparto pool con un loro armenio, una cacatúa de tombuctú y dos papagayos de la cochinchina, que no hacen más que hablar con un vozarrón increíblemente alto. Como mi trabajo exige realizar bastantes llamadas, y en mi oficina no hay donde meterse, a menos que uses la sala de juntas, he optado por hablar desde mi maravillosa criatura con ruedas. Así estuve hasta que descubrí los Starbucks.

Creo que me voy a hacer socia, o accionista o algo. No por la barbaridad que cobran por un café -en el resto del mundo civilizado ha quebrado por falta de público, excepto en España, que está lleno de tarugos que pagan 4 euros por un biberón-. Es por la wifi y la posibilidad de trabajar aquí tranquilamente sin mi colección de loritos parlanchines luciendo sus respectivas habilidades de locución.

Que digo yo que un buen negocio sería montar chiringos como éste pero más profesionalizados y pensados para la gente que trabaja y no tiene donde caerse muerta. Con esto de la crisis, se ha producido un apretujamiento generalizado en las oficinas, hemos pasado de la despachitis aguda al “efecto campa”, donde es imposible hablar por teléfono o concentrarse con un montón de peña pegado a tus meninges. Hasta los  contact centers -y de eso empiezo a saber un poco- tienen sus medidas mínimas entre un agente y otro, están insonorizados, llevan cascos de operador, etc etc. Eso de que te ubiquen en un zulo, con la espalda pegada a la fotocopiadora y el ascensor enfrente, se está produciendo cada vez más en las empresas.

Así que acabo de convertirme en una auténtica y genuina nómada urbana, porque me acaba de llamar el cliente para cambiar la reunión al martes que viene, y yo de aquí no me muevo, que estoy tranquilísima currando y haciendo mis llamadas con auténtica paz.

Silcas

Aaay esa gripe

Mi amiga Patricia me pasa este interesante escrito (también publicado en EdMundo), donde una facultativa escribe sus razones para no vacunarse de la dichosa gripe A.

http://www.elmundo.es/elmundosalud/blogs/profesionsanitaria.html

Os lo copio en cualquier caso más abajo.

En otro orden de cosas, hoy he corrido mi circuito habitual… ¡dos veces! Es decir, he duplicado mi rendimiento en cuanto a fondo, pero es que además, me ha llevado 30 minutos hacer el doble de un recorrido  que la semana pasada hacía en 20. De hecho, es que estaba empezando a volver antes a casa, y no es plan de salir a correr y volver a los 15 minutos. Tengo que comprarme un reloj-pulsómetro, porque ya no me sirve mirar el reloj para comprobar cuántos minutos seguidos puedo correr. Ahora lo que controlo es cuántas veces dejo de correr y cambio a paso rápido y durante cuánto tiempo.

Luego en casa, 100 abdominales -lo sé, es una mierda, pero es lo que hay, no quiero hacerme una hernia- y una tanda de mancuernas.

Material de tortura

Material de tortura

Y porqué semejante furor deportivo, diréis. Pues en primer lugar, por ponerme en forma, que era mi objetivo inicial cuando me dí cuenta de que no era capaz de correr 20 segundos seguidos. Pero es que además, los efectos colaterales molan. Ayer me puse una falda tubo de color marrón claro que hacía siglos no conseguía ponerme. De hecho no me dí ni cuenta hasta que no me ví en el espejo del baño de la oficina. Anda. Si ni me sonaba que tenía esta falda.

Y ayer, cena de mujeres. Tengo dos noticias, una mala, otra buena y otra mejor. La buena es que los vaqueros salsa jeans divinos de la muerte que me compré en junio y me quedaban pegaícos pegaícos, ahora me bailan… y no en la cintura, sino en las piernas. Me lo hizo notar mi amiga Ana, que además es de fiar porque si vas hecha un asco, también te lo suelta sin pestañear. La mala es que necesito vaqueros nuevos. La mejor es que tengo unos cuantos vaqueros Levis que me quedaban pequeños y que podré rescatar del limbo de “ropa que me queda de puta angustia o que no me cabe”. Así lograré algo parecido al fondo de armario de mi amiga Clementina, que a base de mantener la misma talla tiene un ropero que ríete tú del de Kate Moss. La faena es que la ropa de invierno me queda grande con toda seguridad, pero en fin; así le daré curro a la modista del pueblo, que seguro me lo agradece.

En cuanto al curro, no faltaba más. ¡Ya he roto algo! 😀

No podía ser de otra manera, es como impedir que un león coma carne cruda.

Se trata de las herramientas ofimáticas de que disponemos para realizar nuestra actividad.

Así que office 2003, ¿eh? Con eso no hay quien haga nada decente, quedan unas presentaciones mierderas. Solución: me instalo el office 2007, con su licencia y todo, con la connivencia de Superuser, quien no las tiene todas consigo pero en cuyo conocimiento pongo mis intenciones, y que se dé por avisao: ya nos vamos conociendo y me teme. Nada peor que un informático reciclao que no se corta un pelo a la hora de rodar un instalador de lo que sea. Y que conste en acta que ME HE CORTADO MOGOLLÓN, anda que no hubiera comenzado a instalarme poyaques. Pero no, que esta es una multinacional seria, no comencemos a hacer apaños de software.

Pero el office me resulta fundamental para mi curro. Así que  lo instalo el miércoles por la noche sin mas preámbulo. Que guay. Todo chuta. Qué potito el powerpoint y qué ideal el excel. Cuando voy a mirar el correo, compruebo dos cosas: La primera es que Outlook se niega a arrancar. Ya la hemos cagao. La segunda, que ni con la blackberry puedo echar un vistazo a mi cuenta de correo. Estoy incomunicada con el mundo real.

Houston, digo, Superuser, socorro. Y superuser echa un vistazo en remoto. Claro. El servidor exchange es incompatible. YA OS VALE. Bueno. Probamos a instalar SÓLO word, excel y ppt. No se deja. Se instala, pero además, por su cuenta, añade el Outlook, conque ya la tenemos liada otra vez. Snif. Desinstalo Office 2007, y Superuser me reinstala  mi mierdi-versión 2003. Me sugiere que le lloriquee al jefe de Superuser, como tengo una reunión con él, se lo comento. Me llevo muy bien con él, cosa lógica viniendo de donde vengo, comprendo todas sus penas. Así que tendré que pedirle a mi jefe que podiosbendito, al menos a la peña de Sales, nos instale herramientas para producir ofertas y presentaciones NORMALES, y no truños horrorosos que hacen daño a la vista y que encima tardas el triple de tiempo en hacer.

Pero mientras escalo el tema a las altas esferas, la oferta hay que hacerla, y me niego a tardar mil años en producir una mierdipresentación. ¿Solución? Me llevo ayer el portátil de mi hijo y lo ubico junto a mi flamante HP. Mi mesa parece la del general MacArthur en plena batalla, me falta un radar con parabólica que posiblemente me lleve el lunes, simplemente por atrezzo y para que quede molón, junto con los tres móviles que llevo encima. Igual hasta añado un zapatófono, que áun guardo mi primer móvil.

Las paredes de la oficina son todas transparentes, así que la peña flipa cuando me ven toda concentrada con mis dos portátiles -y eso que he renunciado a pantalla plana, pero creo que me voy a pedir una para que la mesa esté más llena.

Así que me está quedando una maquetación de referencias decente, para la super oferta multipulpo que nos estamos currando.

Y ahora sí, la carta de la facultativa a la ministra de Sanidad. Ay, Trini….

Buen finde, amigos,

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Señora ministra de Sanidad, escúcheme usted

9 de septiembre de 2009.- Señora ministra, le propongo que sea usted la primera española que se vacune contra la gripe A. De hecho, con este despropósito llamado autonomías, si se vacuna usted y toda la cartera de gente que nos gobierna en España, el grupo control sería lo suficientemente grande como para sentirnos todos más seguros.

Verá usted, le agradezco que me haya colocado a la cabeza de los grupos de riesgo y que tenga usted tantísimo interés en que no me coja la gripe. Entiendo que usted me necesita para que el sistema de salud no se colapse; sin embargo, es una gran pena que al igual que usted se preocupa por mi salud y de repente me valore como un bien nacional, no se preocupe por mi situación laboral. La invito a que venga a ver mi contrato o el del resto de los médicos en este país. La gran mayoría trabajamos con contratos que en el resto de la Europa antigua serían una vergüenza.

Señora ministra, yo no me voy a vacunar. El virus no ha acabado de mutar y a partir de la última mutación deberían pasar seis u ocho meses para elaborar susodicha vacuna. Es decir, la vacuna que nos proponen no puede ser efectiva. En cuanto a su seguridad, ya tenemos la experiencia de vacunas para la gripe fabricadas con prisas; se usan adyuvantes peligrosos para poder poner menor cantidad de virus. Francamente, yo prefiero tener mocos tres días que sufrir un Guillain-Barré.

Señora ministra, a mí no me gusta ser un conejo de indias. El Centro de Prevención y Control de Enfermedades de la UE “espera a saber cuáles son los efectos de la vacuna en los adultos sanos para detectar posibles consecuencias adversas”. Mire usted, casi que no. Prefiero que se la ponga usted y me lo cuenta.

Señora ministra, se les está marchando el asunto de las manos. Está ya más que claro que este virus, aunque muy contagioso, es muy poco agresivo y más del 95% de los casos cursa de manera leve. Se espera un máximo de 500 fallecimientos frente a los 1500 a 3000 que provoca la gripe tradicional.

Mientras tanto, usted está permitiendo un despilfarro de recursos inaceptable. Muchos hospitales en el país están siendo objeto de cambios arquitectónicos absurdos e innecesarios para prepararse para una hecatombe que ya sabemos no va a ocurrir. Se han gastado ustedes 333 millones de euros en esta pandemia de color y fantasía. La letalidad del virus es del 0.018%, francamente irrisoria.

Señora ministra, déjeme que le recuerde que la gripe A ha matado de momento a 23 personas y que tiene una tasa de incidencia de 40-50 casos por semana y 100.000 habitantes. Sin embargo, el tabaco produce en España 40.000 muertes al año y 6.000 por tabaquismo pasivo. Eso sí que es una pandemia, pero usted prefiere ignorarla. Es un tema menos atractivo y que le crearía multitud de enemigos. De los 447 muertos en las carreteras españolas en 2008, ni hablamos, que no es de su cartera.

Señora ministra, explíqueme por qué tiene usted el Tamiflú bajo custodia del ejército. La eficacia de los antivirales en esta gripe es dudosa y de cualquier manera lo único que hace es reducir en un ratito la duración de los síntomas y con efectos secundarios no despreciables. Cualquiera diría que guarda usted bajo siete llaves la cura contra el cáncer o la peste bubónica. Ponga el fármaco en las farmacias que es donde debe estar y déjese de fantasías más propias de Hollywood. Alternativamente, haga algo sobre la patente del osetalmivir y permita que lo fabriquen otras compañías farmacéuticas, así no hay agobios de restricciones.

Señora ministra, las previsiones de la Organización Mundial de la Salud ya se han patinado en ocasiones anteriores. Cuando la gripe aviar, predijeron 150 millones de muertos que al final quedaron en 262 fallecimientos. Se han vuelto a equivocar, no importa. Lo importante es parar la locura en la que estamos montados y esa, señora Jiménez, es responsabilidad suya.

Señora ministra, aquí una es una cínica por naturaleza. Demasiada gente se lleva tajada en este asunto. No sólo los fabricantes de las vacunas y los antivirus sino los que hacen las mascarillas, los de la vitamina C, los del bífidus activo, los fabricantes de ventiladores artificiales y pulsioxímetros, los de los pañuelos desechables, los productos de desinfección de manos, hasta los presos con enfermedades incurables que quieren aprovechar para marcharse a casa. Sin embargo, no me negará tampoco que la pantalla de humo les ha venido al pelo a su gobierno ahora que la crisis sigue su marcha, el desempleo tiene niveles históricos, nos suben los impuestos, sube el IRPF y baja el PIB. Una casualidad, supongo.

Señora ministra, una cosilla más. Si tengo que ver muchas más fotos suyas a media página con mirada astuta, trajes sexis y poses de modelo… ¡me va a dar algo!

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Mónica Lalanda ha pasado los últimos 16 años en Inglaterra, la mayoría como médico de urgencias en Leeds (West Yorkshire). En la actualidad trabaja en la unidad de urgencias del Hospital General de Segovia, participa en varias publicaciones inglesas y también ilustra libros y revistas con viñetas médicas.