Adjudicatus interruptus

Hoy teníamos un precioso y soleado día de febrero, perfecto para cualquier cosa  menos para abrir sobres económicos. Aun así, somnolienta y acatarrada pero dispuesta a cumplir con mi deber, me encaminé a mi cliente favorito para ver cómo abrían las plicas de la última licitación que habíamos presentado.

En esa ocasión, estábamos en modo “And the winner is“, porque a la vez que te daban la puntuación técnica te cantaban la económica. Y contrariamente a mis costumbres -posiblemente debido al exceso de trabajo y al trancazus máximus que dejaba las dos neuronas que me quedan fuera de órbita- no había preparado el ya tradicional excel donde tecleas los resultados para conocer al momento el ganador, así que me conformé con la hojita impresa que -gentilmente- pone el organismo a disposición de los asistentes para rellenar las puntuaciones.

Yo creo que el ciudadano en general no es consciente de que estas cosas son públicas, que si no ésto estaría de lo más entretenido. Tu coges a unos cuantos mendas ociosos por la calle y les dices que hay un sitio donde reparten millones, y aquello cogería más ambiente que Las Vistillas en San Isidro. Yo montaba un reality, tipo “Licitadores por el Mundo” y nos lo íbamos a pasar teta.

Pero bueno, que me estoy enrollando. En esta ocasión, nos sentamos junto con el “caballo ganador“, el representante -a la par que amiguete y eventual compañero de UTEs- de Ingenieros Evisceradores, y entre chanzas y cachondeos, esperamos pacientemente a que comience el acto. Según nos sentamos y nos dan la hojita con las puntuaciones técnicas, observamos con creciente asombro que “caballo ganador” figuraba en el último puesto. No es que importe mucho, dado que el peso de la oferta técnica tiene el mismo que el de La Coquito en el consejo de administración del banco Santander. Francamente: 75 puntos son el precio y tampoco importa gran cosa siempre y cuando pases el corte.

He acudido a muchas aperturas de plicas, pero debo reconocer que jamás a una donde leyeran tan rápido las ofertas económicas. Creo honestamente que a este organismo hay que reconocerle el Guiness de lectura de ofertas, lo cual es de agradecer, porque al menos el trago es rápido. Lo jodido era apuntar a la misma velocidad.

En cuanto comienzan a cantar las ofertas económicas, notamos un cierto tembleque en “caballo ganador“, que sentado a mi vera empieza a menearse inquieto en la silla y musitar por lo bajo “os lo habéis llevado, os lo habéis llevado”. No sé yo. El actual titular de la cosa y con la mejor puntuación técnica tampoco va tan lejos en cuanto a oferta económica. Unos 100K le separan de la nuestra. Finalizada la ultra-rápida lectura, comienza el run run post-lectura, nuestro amigo el “caballo finalista” comienza a teclear tembloroso en la calcu de la galaxy, indicándonos que somos ganadores.

Mi escepticismo queda eclipsado por el alborozo de mi compi, de Super Hen, que vistos los lloros y lamentos de “caballo ya no ganador“, sus besos de felicitación y emplazamiento a que le invitásemos a unas cañas, da por hecho que hemos ganado el asunto.

Bueno. Pues a veces pasa. Una vez, mi cocker spaniel pilló una paloma en la plaza de Olavide y se quedó pasmada, estupefacta y con la boca llena de plumas. Naturalmente la paloma se libró por el puro atontamiento transitorio que sufrió el perro, que no terminaba de creerse que había cazado algo.

Me encamino a mi cuartel general, donde, por si acaso la noticia se ha empezado a extender, doy puntual traslado a mi jefe de que “a lo mejor” hemos ganado esta historia.

Con dos personas encaramadas a mi chepa -mira que odio que no me dejen currar en soledad- abro mi excel y comienzo a volcar la -en esta ocasión sencilla- fórmula de cálculo de “the winner is”.

Y no. No hemos ganado. Ha ganado el lloroso caballo ganador que se ha retirado a sus cuarteles de invierno gimoteando y lamiéndose las heridas.

Le llamo.

-Oye, campeón. Que has ganao tu.

-Que dices. Que no que no. Que hagas bien los números.

-Que si, que sí. Que te cojas la página 5 del pliego y que hagas la fórmula CON PORCENTAJES DE BAJA, no con los importes.

-Joder joder, que me estás poniendo nervioso.

-Ya te digo.

-Bueno, déjame que mire la fórmula a ver.

-Mira lo que quieras, rey, pero has ganao tu, y no te creas que me hace feliz decírtelo.

Mientras mi jefe roe el pliego administrativo con la ansiedad de un cernícalo al que le han arrebatado un topo gordo, buscando a ver si había algún escondrijo o recoveco donde pudiera haberse escondido, vuelvo a revisar las cifras. Nada que hacer. Hemos perdido por 3 puntos. 87 frente a 90. La peor oferta técnica, ganadora. Es lo que hay. Luego llorarán cuando se les caigan los SAPs o cuando les envíen como analista al hombre de Atapuerca con gorra de rapero.

Me llama al móvil “caballo ganador“, le ha cambiado la voz. Que efectivamente, ha ganado él. Que mil gracias. De nada hombre. Si total te ibas a enterar igual. Te toca pagar cañas.

Entonces me toca lo peor. Hablar con mi compi de Super Hen para decirle que el caballo ganador no somos nosotros. Nos hemos quedado rozando la línea de llegada con las bridas. Ainsss…

Eso sí, nuestros diez minutos de gloria bien que los hemos disfrutado…

Lecciones aprendidas:

1) A una apertura de plicas llévate el excel con las fórmulas. No te fies de las calculadoras, que las fórmulas a veces se las traen.

2) Nunca des por hecho que has ganado.

3) No lo comuniques ni a tus ropajes íntimos hasta haberlo verificado al menos diez veces. No hay nada peor que desmentir una adjudicación, es como intentar quitarle una loncha de jamón a mi perro.

4) Siempre, pero siempre, recuerda al caballo ganador que tiene que pagarse unas cañas.

Felices plicas, amigos.

Anuncios

Lloriqueos de oficina

Me encantan las sobremesas domingueras en casa de los suegros porque es el único momento de la semana en el que tengo tiempo -si los pliegos lo permiten- de espanzurrarme en el sofá y tragarme los dominicales y la prensa del corazón en vena, lo cual pone mi cerebro en estado Goofy con encefalograma tendente a plano. Tras informarme durante un buen rato sobre lo que NO podré ponerme este invierno por falta de presupuesto en unos casos y por exceso de sentido común en otros, tropiezo con un reportaje a todo color sobre el precio de llorar en la oficina. Entro a ese trapo sin dudarlo y me lo leo con detenimiento e incredulidad.

No pienso entrar en profundidades pseudo-psicológicas, primero porque no estoy cualificada y segundo porque aburren que te pasas. Ya sabéis que soy más bien práctica. El citado artículo de dos lacrimógenas paginas versaba, y para mi gran asombro justificándolo en cierta medida, y elucubrando sobre lo deshumanizado que es el mundo laboral, sobre la penosa circunstancia de derramar lágrimas en la oficina de forma involuntaria. Lo que me hizo llorar, pero de risa- fueron las estrategias para evitarlas o -en el peor de los casos- arreglar el estropicio. Prescindo de vincular este blog a tan infortunado escrito, que sigue colgado en la internés de las cosas para que la gente se siga confundiendo y aplicando sus consejos, y procedo a destriparlo adecuadamente.

Amo a vé. A la ofi se viene a currar. Y además se viene llorao. No sé, yo jamás he visto a un compañero o compañera derramar lágrimas en una sesión de account management, o en una apertura de plicas, o en una negociación de proyecto con un cliente, y mira que el tema lo justificaría sobradamente. Sí es cierto que en algún momento oyes a alguna llorando en el baño, quizá acompañada de alguna colega compasiva. Pero en el baño, jolín, no en la sala de reuniones o en el despacho del jefe.

Permitidme que traslade estas lamentables circunstancias al sector público, que es mi favorito, y veamos un caso práctico resuelto conforme el artículo nos aconseja.

Imaginad la escena, lectura pública de puntuación técnica en un ministerio cualquiera, te cascan una puntuación lamentable, con o sin razón, que te sitúa fuera de la carrera de ratas en que consiste cualquier licitación. Inmediatamente, te tapas la cara como un crío de cuatro años y comienzas a gimotear y lloriquear desconsoladamente como si te hubieran quitado todas las chuches de golpe. Ostras.

Veamos uno por uno los consejos del mencionado artículo para recuperar el control de uno mismo:

Consejo Uno: Trata de recordar algo agradable. Um… Es complicado seguir apuntando puntuaciones técnicas o seguir una presentación de presupuestos mientras piensas en las mariscadas del verano. Yo no puedo, me quedaría con pinta de oveja Dolly, y para los que no la conozcáis, ésta es Dolly:

ImagenConsejo Dos: Trata de contener las lágrimas fijando la atención en algún objeto de la sala. La leche. O sea, que con los ojos inyectados en sangre y con la cara de santa maría magdalena de todas las lágrimas, te pones a mirar el retrato de don juan carlos, la cara de la gachí de contratación o el carrito de los sobres. Dios. Que miedo. Yo veo a alguien en ese trance y os juro que salgo disimuladamente de la sala no vaya a ser que la llorosa criatura grite un alaaaakbar y se autoinmole junto con el resto de licitadores.

Consejo Tres: Si las lágrimas van a asomar, respira hondo para que al menos puedas hablar. No, jolín. Si ves que te vas a convertir en una fuente de lamentos y congojos, sal por piernas al grito de ¡¡dios mi lentilla me está mordiendo!! O algo. Lo que sea. Pero huye. Sal pitando al baño, que los servicios ministeriales están de lo más apañados y tienen de todo incluso kleenex.

Consejo Cuatro: No te disculpes ni te califiques de “tonta”. No, claro. Ni falta que hace.

Consejo Cinco: Trata de explicar sosegadamente los motivos de tu llanto. Cosa que a todo quisque le importa exactamente un pijo. En el mejor de los casos te darán un kleenex y te dirán que te vayas al baño a limpiarte los ojos o cualquier otra parte de tu cara que esté húmeda. El consejo Cinco tiene una derivada bastante divertida, que consiste en que trates de no abandonar la reunión. Y ahí estás, gimiendo como alma en pena y sonándote ruidosamente mientras el resto de los asistentes te observa con incredulidad y revisa la sala en busca de la cámara oculta. Hombre, no. Si te conviertes en un espíritu aullante, al menos ten la decencia de no abochornar a la gente con tu desbordamiento emocional. Retírate a tus aposentos, y además de inmediato. Dependiendo de la situación y de la gravedad y hondura de tus quejidos y lamentos, puedes volver y decir que te has acordado de un gatito muerto que has visto esta mañana o que te ha entrado un guasap informándote del fallecimiento de tu abuela o un sms anunciando un inminente e inevitable embargo de la AEAT. También vale -si eres un tío- decir que te acabas de enterar de que tu equipo del alma ha sufrido un percance aeronáutico sin supervivientes.

Consejo Seis: Si no te serenas, vete a casa. Hombre. Pues depende, si estás acabando una oferta y lloras desesperada porque el word se ha cerrado y has perdido de golpe cinco horas de trabajo, no puedes irte a ningún sitio, excepto a la farmacia a robar anfetaminas a granel para producir como en tu vida. Y no, no se llora. Se coge el portátil y se estrella contra la mampara más cercana, se le golpea contra la impresora o bien se maquina detalladamente un atentado contra la Sede Central de Mocosoft. Eso SÍ que relaja. Además, seguro que la oferta era una castaña, el destino te ha hecho un favor. Reduce las páginas a la décima parte, que el de compras te lo agradecerá.

Y por último, el séptimo consejo: Analiza el incidente. Y además, escríbelo. Este es el único que me parece de lo más terapéutico, porque si lo escribes, te darás cuenta de lo absurdo de la situación, de que nada que te pase en el trabajo merece ni la mas mínima de tus lágrimas, y que montar pollos en el trabajo, del tipo que sean, está feo y no se hace.

Y además, si a eso vamos, ¿qué diferencia hay entre berrear como un alma en pena y montar en cólera, en babieca y en rocinante y montarle el pollo padre a un compañero de trabajo? Pues es lo mismo, es una pérdida de papeles y de control emocional, que casi siempre deriva en una petición de excusas hacia el ofendido, sea por nuestros insultos o por las salpicaduras de nuestros líquidos corporales incontrolados.

Resumiendo, el único caso que justifica echar el moco en la oficina es por algo que NO esté relacionado con el trabajo:

– Muerte súbita de familiares queridos (no valen parientes lejanos), amigos y mascotas.

– Multa sorpresiva de tráfico con más de 4 puntos y 200 euros. Las de parquímetro no valen.

– Embargo inminente e inevitable de hacienda.

(y no nos olvidemos de una variante específica para ellos, que por supuesto también es aplicable a ellas, que de todo hay en la viña del señor):

– Pérdida de partido del equipo de fútbol, que justifica además llanto y gimoteo colectivo.

Y no, no incluyo el despido, como veréis. porque si te despiden, va a dar igual lo que llores y encima quedas fatal. Para esa ocasión, uno se marcha al baño, y además se pega el lujazo de no volver en un ratico largo. Agarrar el iphone del jefe y arrojarlo al inodoro es opcional y puede acarrear algún que otro disgusto, pero … ¿y lo bien que se queda uno?

Poker administrativo

Cómo jugar al poker administrativo.

Ingredientes:

Una licitación de importe mínimo de 1 millón de euros (recomendable un 2+2 para darle más emoción a la cosa).

Cinco jugadores de nivel equivalente al rango Platinum en Call of Duty modo zombie.

Un primo.

Un croupier (también vale una mesa de contratación, con tal de que reparta)

Un sobre grande y gordo (y si es una caja serigrafiada y con logotipos mucho mejor).

Forma de jugar:

Me encantan las licitaciones veraniegas. Tienen sus pegas, como que los firmantes que firman las locuras que últimamente se presentan en este sufrido sector público están de vacaciones. Conseguir una firma para presentar lo que sea se convierte en una gymkana. Además, existe poco quorum, el público está a otras cosas más interesantes, como la cerveza en el chiringuito playero o en la terraza de ciudad, y los pocos que quedamos en la capital, examinamos ansiosos el BOE para no aburrirnos demasiado mientras nuestros queridos clientes se relajan en sus merecidas vacaciones.

Y hete aquí que de pronto, zas. ¡Una licitación más bien inesperada! Caramba caramba. Y es bien gorda. Jolín. Unexpected Business. Pero examinado el negocio -mejor dicho la falta de él-, y tras involucrar incluso a un Utero, que demostró que pese a ser más bien novato en ésto, sabía hacer números, llegamos a la conclusión de que era bastante imposible presentar nada decente. Y le dimos más vueltas que un perro pa echarse, pero no. Niet. Esto no sale ni cortando las garricas a las gallináceas y haciendo una lobotomía a los gallos. Ni poniendo a la Rana Gustavo vestida de Little Chicken de amo del corral. Ni poniendo pimpollos nivel mamá ganso y que sea lo que Dios quiera.

Así que, tras renunciar a un quick win, por eso de matar el rato, me acerco a la apertura de plicas, donde coincido con los cinco fantásticos de rigor, mis queridos competidores, holaaaaa buenos días buenos díaaaas. Que aquí estamos todos a ver qué pasa. Once again.

Naturalmente, en ese momento es importante poner cara de póker, ya que estoy ahí simplemente por curiosidad malsana e impenitente. Nos saludamos todos como diciendo “aaahhh que a tí te han salido los números??? no joxxs….!!!”

La amable señorita de contratación viene a recogernos y nos conduce a la sala de reuniones donde se va a producir el magno acontecimiento. Nos sentamos los cinco susodichos, en silencio, y esperamos a que comience el ritual de la apertura de sobre técnico.

Saco mi boli de la suerte y mi cuaderno, lista para apuntar las puntuaciones técnicas, rauda cual centella, al igual que mis colegas licitadores. Comienza la partida. Todos tenemos listas las armas y aguardamos con inigualable concentración los próximos acontecimientos.

Entonces, el croupier, es decir la mesa de licitación, comienza a repartir cartas. Yo las mías las tengo claras, por no tener no tengo ni una mísera pareja, obviamente. En realidad, por no tener no tengo ni una sola carta. Me callo cual geisha. Miro disimuladamente a los demás, que ponen cara de poker subastado, y nadie mueve un músculo.

Entonces, renqueando, llega un carrito, tipo camarera, donde se depositan las -habitualmente- voluminosas ofertas técnicas que presentamos con la esperanza de que sean el best seller del momento.

Un bedel, que se toma su tiempo, lo va empujando lentamente; un carro cuyas ruedas suenan ñiiic ñiiic, mientras avanza con su valioso contenido hacia la presidenta de la mesa.

Y entonces, sólo entonces, el SOBRE, porque sólo hay uno, es depositado enfrente de los ojos de la sufrida funcionaria, hecho del que procede a informarnos, diciendo, con tono de voz de croupier de casino, impertérrita ante el escasísimo éxito de su convocatoria, que sólo tenemos un licitador que ha presentado oferta.

Sí, por supuesto, lo habéis adivinado. ESE es el Primo. Herpes Pavícola, precisamente, en UTE con EasyHen, que han debido firmar la muerte de Manolete para presentarse a esta cosa que no salía ni en broma.

Los cinco jugadores -ninguno de los cuales hemos presentado oferta- comenzamos a mirarnos de reojo tratando de aguantar la risa. Estamos a punto de irnos a tomarnos unas cañas juntos para felicitarnos porque -efectivamente- confirmamos que este pliego estaba tan fuera de órbita, que no ha quedado desierto porque siempre hay algún PRIMO.

Ya sabes: En las licitaciones, como en el póker, si no sabes quién es el primo… ¡¡es que eres tú!!

Gestionando la barca

Que conste que durante los sucesos que voy a describir a continuación, no hacía más que sonarme en los oídos la cancioncilla de “Ay quien maneja mi barca”, que vete tú a saber qué clase de conexiones -o desconexiones- neuronales debo tener después de 8 años en consultoría.  Dicen los entendidos que es el máximo que un humano normal aguanta en el sector, claro que entonces que alguien me explique porqué no estamos acogidos al régimen especial de los trabajadores del Mar, que sigo sin ver porqué es más peligroso pescar bonitos en plena tempestad fuerza 7 que asistir a las aperturas de plicas en ciertos organismos.

Pero lo de la cancioncilla tiene su sentido, señores, porque esto de las aperturas de plicas comienza a parecerse cada vez más a Eurovisión. Lo aconsejable es ir para enterarse, cotillear o puramente, por interés científico. Lo malo es cuando vas porque participas en el sarao, en cuyo caso será mejor que te tomes una tortilla de lexatin en el desayuno, que el corazón ya no está para muchas bromas.

¿Y en qué se parecen? se preguntarán ustedes

Bueno. En que sólo puede ganar uno, y el resto se queda poniendo cara de póker. Además, las canciones suelen ser más bien chungas, y casi siempre tenemos identificado un ganador, y si no, a ver porqué ganan casi siempre Irlanda, Francia y Reino Unido. Por si fuera poco, las cosas se ponen muy complicadas si te toca cantar en ultimo o penúltimo lugar, porque inevitablemente, te roes las uñas durante la votación.

¿En qué se diferencian? En que aquí, el público no jalea y vitorea, sino que tiene la misma vitalidad que una colección de tiestos de geranios y sólo pían si se les pregunta.

El lunes tuvimos apertura de sobre económico y lectura de puntuación técnica para la muchedumbre de proveedores que -una vez más- habían decidido presentarse al concurso de turno a ver si había suerte. Ya sabéis: organismo grande y lleno de funcionarios, licitación millonaria por concurso abierto y mucha jambre en los mercados. Combinación explosiva, se masca la tragedia, se anticipa la tempestad.

Digamos de paso que el cliente se había dedicado a animar a presentar oferta a las empresas de cierta solvencia y pulmón financiero, y que por tanto pudieran soportar sus exigencias técnicas y acomodarse a sus plazos de pago. Por tanto, teníamos llenazo en el peaso salón donde reinaba la mesa más grande que he visto en toda mi vida, la del anuncio del Pronto y el paño se hubiera quedado boquiabierta ante semejante espécimen. La sala de juntas que protagoniza nuestra historia, era como el triple de gigantesca de la que os pongo en la imagen, y podría nadar por allí Remedios Amaya, la barca y un petrolero del mar del norte. Si no estábamos allí 40 cómodamente retrepados en los super-sillones, no estábamos ninguno. Yo creo que debe formar parte del Patrimonio Nacional.

Así que allí estábamos sentados en la monstruosidad, esperando pacientemente a que comenzara el cántico de las puntuaciones técnicas, que ríase usted de la complejidad de los marcadores de los juegos olímpicos. En esta ocasión, eran grácilmente recitadas por una funcionaria ante cuyo mérito hay que descubrirse, porque se pasó hora y media cantando los resultados con ritmo y sin desfallecer. Casi esperábamos oir “ciento cincuenta miiil eeeurooos” (esta mujer desciende de niños de sanildefonso FIJO)

Y afortunadamente, nos habían facilitado unas hojitas con la relación completa de las empresas participantes en el sarao (virgen santa, otra vez me toca la penúltima, por Dios señor, porqué a mí) y los huequitos para ir apuntando las siguientes cifras:

– Puntuación técnica A, B y C.

– Oferta económica total por lote, sin iva, con iva y arremezclá.

– Oferta económica por categoría y lote, sin iva y con iva y al tresbolillo.

Trece empresas participaban en el asunto, cada una de ellas licitando por uno o varios de los 6 lotes, hagan ustedes las cifras que yo soy de letras y paso de andar haciendo los cálculos porque me mareo.

Pero que íbamos a estar entretenidos eso seguro, y además así contribuíamos a la pensión de la amable señorita del parquímetro, que se iba a inflar a poner multas pero bien.

Así que comienza la cantinela, como decía, y van desgranando resultados. Guayominí, du pua, iunaited kindom, tu poins. Llega a hacerse tedioso, todos apuntando a toda pastilla, hasta que de pronto, llega el turno del nuevo en el lugar, una inesperada UTE denominada GallyNew y TwoFriends, que licitan nada menos que a TODOS los lotes. Con dos asteriscos, viva España.

Nos parece realmente asombroso, entre otras cosas, porque se trata de un pliego para reorganización de corrales, y estos de GallyNew se dedican al pienso y forrajería, y a los de Two Friends no los conoce ni Harry. Por la complejidad del corral en cuestión, y la falta de experiencia de estos paisanos, resulta de un cierto atrevimiento el haberse presentado a todos los lotes, principalmente porque ni los actuales adjudicatarios del invento se habían atrevido a hacerlo, a saber: Industria De Reabastecimientos  Agrícolas, Suministros AGroalimentarios ni tampoco la todopoderosa Ingenieros Evisceradores Corraleros Incorporados S.A.

Pero bueno, allí están, sentados -suponemos- entre todos nosotros, que el mismo derecho tienen a licitar que el más pintado. Co-Cot.

Como decía, la gentil funcionaria continúa recitando cifras, y de pronto, con un tono de voz como de “toma bofetón niño malo” anuncia que la newborn UTE GallyNew y TwoFriends ha obtenido CERO puntos en el apartado técnico en todos y cada uno de los lotes presentados.

Vamos, un rosco, un cero pelotero, un cate, un coscorrón, un revolcón, una calabaza gigante, una Ruperta; lo mismo que si estos pobres hubieran metido en los sobres técnicos el dibujo de un mango madurico perpetrado por mi hija pequeña  con la ayuda de las clásicas ceras Manley.

Válgame, que papelón. Y entonces nos comienza a entrar el canguelo a los demás, porque no son los únicos, y comienzan a caer más puntuaciones bajas. Como siempre, la cosa no va de ganar o perder, que es lo de menos, sino de quedar en una posición medianamente decente en la tabla de participantes y que nuestros jefes no nos psicoanalicen con el sacudealfombras que tienen escondido para golpear a los consultores que se atreven a suspender sus ofertas técnicas. Anda, que si tuvieran esos métodos en RTVE, otro gallo nos hubiera cantado en Eurovisión.

Comienza a descubrirse la estrategia del cliente: está penalizando en la puntuación técnica a los que pueden ir a precios mucho más bajos que el resto, poniéndoles un rosco melonero para evitar que su oferta económica pueda ser puntuada, con lo cual, a la vista de la colección de suspensos que se están produciendo, la shortlist será más bien short.

Nos toca. Tengo a mi lado a mi super-consultor-de la muerte total-, coautor de la oferta técnica, más blanco que una lechuga y con cara de paisaje. Yo represento a Gallináceas Reunidas, y si me cascan una torta en la técnica, pues tampoco pasa ná porque para eso estamos, para recibir, pero mi colega es de SuperHen, nuestra orgullosa hermana mayor del grupo, todopoderosa y sabia, y un rosco equivaldría a una patada en las gónadas y en el orgullo tan enorme que mejor no me la imagino. De hecho, como soy zurda, dejo la mano derecha disimuladamente en la falda, presta y alerta para agarrar la manga del traje de mi compañero, no vaya a ser que le casquen un cero y salte por encima de la super-mesa, con la velocidad de un Cullen sediento de sangre y le muerda en el cuello al que tenemos enfrente, que sospecho es de la dirección de contratación.

Me pregunta bajito a qué precio hemos ido nosotros. No me acuerdo, pero tu tranquilo que ya nos lo dirán. Pero ¿tú te piensas que desde que hemos presentado esta historia he tenido ganas de revisarla? Esto se olvida según lo presentas, hombre. Me mira perplejo. Tranquilo, si lo van a cantar en voz alta y con soniquete, ¿qué mas te da saberlo media hora antes? ¿Para agobiarte todavía más? Ganas de sufrir, Jesús.

Nos dan una puntuación técnica bastante decente, pero muy baja en las prestaciones complementarias. La traducción del concepto es básicamente trabajos gratuitos, Nosotros íbamos sacando pecho con 40 gallifantes, pero comprendimos nuestra puntuación después de que un colega de EggsPlus me comentara que en su caso habían presentado prestaciones por valor de 200 gallifantes. Qué barbaridad. En cualquier caso, mi compañero consultor comienza a revolverse en la silla como si tuviera ganas de ir al baño y mi mano derecha sigue alerta y presta a agarrarle de los calcetines en caso de emergencia.

Cantados los puntos técnicos, comienza la emoción de la apertura del sobre económico, y por tanto, en vivo y en directo, se podrá saber quién ha ganado la licitación. La gente comienza a abrir los portátiles para poder ir rellenando las hojitas excel con presteza y poder conocer con exactitud el momento de tu derrota. Que prisas, tú.

Y entonces oh sorpresa, oh emoción, comienzan a cantar las ofertas económicas de los que han resultado suspendidos en oferta técnica. En teoría no deberían ni abrirse sus sobres, pero… bueno, aquí sí. Muchos alzamos el cuello como gallináceas y alguno se atreve a carraspear. Entonces, ¿las tendrán en cuenta para los rebuscados cálculos de “the winner is”? ¿y cómo? ¿Ganará el concurso en todos los lotes la ute GallyNew y TwoFriends aunque hayan metido en el sobre técnico el retrato de la Madre de Whistler por Mr. Bean?

Oh intriga, oh emoción.

De pronto, un sonoro PIIIIIIIII inunda la sala, la batería del portátil del comercial de Aguiluchos, Cernícalos y Cormoranes Venture se ha muerto y su sonrojado dueño procede a cerrarlo pidiendo disculpas, consiguiendo recordarnos  a todos que llevamos ahí metidos cerca de dos horas.

Y ya por fin, con el recuento de votos finalizado e identificados los flamantes campeones de PliegoVisión, nos vamos a compartir la amarga cocacola de la derrota con la semi-llorosa concursante por la humillada UTE GallyNew-TwoFriends, que nos confiesa que “tenía sus esperanzas”. Nadie dice nada, pero todos bajamos la testuz y picamos patatas fritas como buenas gallináceas que comprenden que pa qué le vamos a dar picotazos, si total… from lost to the river. Además, la animamos a recurrir la adjudicación, que eso de darle cero puntos en todos los lotes, queda feo y no se hace. Podrían haberle puesto un 2 en algo, caramba. Raza cruel, la del funcionariado.

Tras sesudas deliberaciones entre los derrotados, llegamos a la siguiente conclusión:

– El cliente quería participantes de nivel, para que en el peor de los casos -que no saliera su favorito- al menos quedasen gentes solventes y serias, y por tanto, nos dio alas y ánimos a todos los semi-decentes para que nos esmerásemos en el asunto. Ya me extrañaba a mí el alto grado de amabilidad, solicitud e información. Por interés te quiero Andrés.

– Para librarse de los inexpertos, kamikazes, locos y desesperados, decidió ponerles un ROSCO absolutamente letal a sus ofertas técnicas (y ya veremos si valoran las económicas, que el sentido común dice que no deberían)

– Para protegerse de posibles bajadas desesperadas por parte de nosotros los “buenos”, nos puso unas puntuaciones técnicas más bien mediocres.

– Y a sus favoritos, pues toma notable y sobresaliente en la oferta técnica, que para eso eres el que se conoce aquí el percal y quiero que repitas.

Buena jugada, compañeros, PERO una y no más santo Tomás, que a la próxima te pasará lo que a Pedro: que vendrá el lobo y se te zampará las gallinas, pero bien.

¡Luego no te quejes!

Facturame otra vez

Ring ring

Buenos días, aquí la madriguera de santa claus, si quiere hablar con la cueva de alíbabá marque uno, si quiere que le facturen antes del 26 de diciembre marque 2, si quiere que le atiendan personalmente espérese un ratito que se pone la elfa doméstica.

Tal hubiera podido ser mi contestador durante la semana pasada, que con eso de las elecciones, ya sabemos que el ministerio de “Transhumantes Travestidos” va a seguir como estaba, y que el de “Pajares y Eras” lo dividen en “Pajares y Cobertizos” y “Eras y Arados”. Básicamente la vida sigue igual excepto para unos cuantos.

Dado que, por tanto, no se esperan demasiados cambios en los niveles intermedios de mis clientes, la gente se ha vuelto loca con eso de que vamos a dejar todo limpico para el año 2012, “hágase”, y que los proveedores Facturen, Propuesten y Doten en tiempo record, que además eso en las multinacionales resulta especialmente sencillo. Creo que las de facturación han hecho una colecta para pagar a unos sicarios y que me rompan las dos piernas.

El premio se lo lleva un cliente -al cual aprecio especialmente- el cual había pedido a los reyes nada menos que una actualización de firmware de unos blades donde tenía toda la información de su organismo para el día 23 de diciembre. Menos mal que pude convencerle de que pospusiera tan bonita actividad, porque se nos hubieran atragantado los turrones, el pavo y el belén entero, el cual me hubiera poseído sin contemplaciones por hacer semejante cosa en víspera de DOS festivos, durante los cuales los técnicos de soporte que resuelven los marrones que SIEMPRE se producen durante las actualizaciones de firmware estaban -como todo el mundo- dándole a la bota maría, con lo cual mejor mantenerlos alejados de cualquier cosa con cables.

El accésit, para un utero -que no útero, vease descripción de UTE o unión temporal de empresas- que necesita una oferta de cobertura y que -dado que debo ser la única imbécil que le ha cogido el teléfono un día 23/12- me ha enmarronado vilmente con eso de la paz, el amor y el hacer el bien al prójimo, seré mastuerza.

Y ahí estaba yo, el 23 de diciembre, cual mamá noel, repartiendo alegrías entre la población, léase facturas y propuestas para cuadrar bien todas las cosicas, y que no nos pille el toro el día 31, que bastantes sustos hemos pasado ya este año.

Y dónde demonios se mete la crisis cuando la necesitas, porque anda que no estaban ayer los centros comerciales llenitos de humanos pululantes haciendo acopio de cosas que no necesitan en absoluto, y yo allí en medio, haciendo tiempo porque el tráfico estaba infernal y para estar parada en el coche, mejor me apeo y me doy una vuelta por las tiendas, que siempre apetece.

Y entonces te das cuenta de que tu hijo ha pedido el Fuerte Comansi (manda narices porqué demonios se pone de moda una cosa del año tres), y comienzas a prospectar, concretamente en el corte inglés, a ver si lo tienen, y la señorita te dice que está agotaíto del todo, y un tanto acongojada, te vas a otro hiper, y ahí lo tienes: a 50 euros EL PUXX FUERTE DE LAS NARICES, que consiste en cuatro maderos, dos indios y dos soldados, que lo hago yo con estas manitas y me sale más apañao. Por dios por dios. Juguete completo juguete comansi, la madre que los ha traído a todos. Me siento como una idiota en la caja del hipercor con el fuerte de las narices, la gente debe pensar: mira, otra lela que ha picado y se ha dejado 50 pavos en dos cachos de madera, válgame….

Pero en fin, ya es nochebuena y mañana navidad, este año voy a mesa puesta los dos días conque aquí estoy, a las 12:17 posteando para desearos a todos una FELIZ NAVIDAD y que os comáis el turrón con la gente que realmente os apetece, y al resto que le den.

UN ABRAZO Y FELIZ NAVIDAD, COMPAÑEROS!!!

(pd. si no vuelvo a escribir, será porque me ha matado el pavo que ha cocinado mi hermana, y que es tan grande que no me extrañaría que se convirtiera en un “walking dead”)

Plicking Opening Reloaded

Comienzo a pensar que he pasado ya por demasiadas aperturas de piernas -digo de plicas-, y que comienzo a tener un cierto terror obsesivo que hace que la noche antes no pegue ojo. Eso sí; la noche después duermo como los lirones enroscados sobre sí mismos. Y es que SIEMPRE, pero SIEMPRE pasa algo inesperado y desagradable, si no es a tí, es al vecino, y además casi nunca tiene remedio porque implica la expulsión de la carrera de ratas en que consiste cualquier licitación.

Teníamos ayer una estupenda apertura de sobre técnico en un ministerio grande grande grande, cuyo nombre no mencionaré. Ese bonito trámite consiste simplemente en  abrir el sobre y sacar su contenido, cantarlo a los presentes y -si cuadra con lo que se espera, es decir, no hay dentro ni una trampa para ratones, ni pegamento ni pintura indeleble (vaya, se me están empezando a ocurrir ideas interesantes)-  se admite la empresa a la licitación para analizar la documentación presentada y -si procede- incluirla en la apertura del siguiente sobre.

Y en esta ocasión, se trataba de una licitación a la que en teoría no iba a acudir mucha gente por eso de que la empresa actualmente adjudicataria se había encargado de pregonar a los cuatro vientos que el pescado estaba más que vendido, y que el susodicho ministerio no tenía la menor intención de cambiar de proveedor.

Claro, que las manada de empresas que nos presentábamos no opinábamos igual, o estábamos muy desesperados, motivo por el cual nos encontrábamos cuales buitres hacinados en la enorme sala de juntas del citado ministerio, ante unos 12 funcionarios, serios serios serios, ocupando todo el espacio disponible, incluidas sillas y paredes. Aquello parecía el metro de shangai.

Dado que hablábamos de 6 lotes, y de que participaban algo así como 20 empresas, entre ellas varias UTEs o uniones temporales de empresas, la cosa prometía alargarse. Para los que no lo sepan, una UTE es lo que pertrechas cuando tú solito no puedes ir a una licitación, ya sea porque necesitas ir con alguien más baratito en algunos perfiles, no tienes el personal que piden o sencillamente, es un pliego demasiado gordo como para ir tú solo y se maneja mucho mejor con otra empresa que pueda asumir los desastres que se suelen producir en un servicio de cierta envergadura.

En este caso, iba yo tan tranquila a uno de los lotes en solitario, porque no fui capaz de igualar en descuento a mis partners en los otros dos lotes que estábamos valorando, y además, ellos me habían dicho que ese otro lote al que finalmente yo sí decidí acudir, no les interesaba demasiado. Con lo cual, agarré mi descuento de mierda, mi preciosa currícula y oferta técnica y me presenté, por si acaso sonaba la flauta de bartolo, o la de cualquier otro fauno similar.

Así que comienza la sesión, recitándose el nombre de la empresa y el lote al que se presenta, y procediéndose a continuación a abrir el habitualmente voluminoso sobre y examinándose el contenido por cuatro funcionarios, no vaya a ser que se les pase algo.

Bueno, no soy justa: había una que pasaba los sobres del carrito a la mesa, otra que los abría, otra que apuntaba, cuatro que revisaban y otros tres o cuatro que observaban muy serios. Había otro que estaba ajeno al mundo jugando con su blackberry, pero en fin, en qué cuerpo no falta un lunar. Además, se marcaron el detalle de fotocopiarnos la lista de empresas, menos mal, porque a veces van a tal velocidad que terminamos montando un gallinero tratando de copiarnos unos a otros y preguntando nombres.

Cuando fueron nombrando las empresas, pude comprobar con consternación aguda que me encontraba en penúltimo lugar. Que horror, qué poco me gusta. Es como estar en un examen oral con un apellido que comienza por Z, y acumulas nervios y más nervios sin poder hacer otra cosa más que esperar pacientemente tu turno para el degollamiento. También descubrí que las dos empresas con las cuales había estado negociando ir en UTE (Galli-Pon y Huevo-Más) han decidido presentarse a mi lote por su cuenta en UTE con un tercero. Qué perracas. Lo que hace el hambre. Bueno, estas cosas pasan, esto de las UTEs son el claro exponente de “por interés te quiero andrés”. Ni me inmuto. Solo me fastidia que seguro que van más baratos que la menda y me apalearán en la siguiente apertura de sobres, si es que llego, que está por ver.

Y cuando van por la cuarta empresa, “Galli-Pon”, que recordemos era mi ex-pretendiente, comienza el desastre. El funcionario, tras cierto revuelo armado en la mesa, y que hizo que todos los proveedores alargáramos los cuellos como buenas gallináceas ante un ruido en el corral, cuchicheando entre nosotros, nos anuncia que “Galli-Pon” queda descartada de la licitación por no presentar el CDROM con la copia de la documentación dentro del sobre.

Tocate los pies.

Miro de reojo a mi amiga la representante de “Huevo-Más”. Tiene la misma expresión imperturbable que en una partida de póker. Llega el turno de la séptima empresa, en esta ocasión,  es la UTE de “Galli-Pon” y “Pico-Plus”, y que resulta igualmente excluida de la licitación por no presentar el CDROM con la copia de la documentación, que dicho sea de paso, consiste en la oferta técnica que tienen impresa y la currícula que está igualmente guardadica en dicho sobre. Pero el pliego es el pliego y es igual para todos. Esto tiene toda la pinta de metedura de gamba de “Galli-Pon”, que obviamente se ha encargado de ensobrar la oferta y se ha dejado algunas cosillas sin importancia fuera…

Vuelvo a mirar a mi amiga, la cual está palideciendo por momentos, con la mirada fija en su iphone.

Tras recitar afanosamente otras tres o cuatro compañías y abrir y dar por válidos sus respectivos sobres, le toca el turno a la UTE Galli-Pon, Huevo-Más y PintaPintaGorgorita.

El funcionario, visiblemente afectado, anuncia que también dicha UTE queda fuera de concurso por no haber presentado el CD ROM.

Supongo que mi querido colega representante de “Galli-Pon”, y que por supuesto no estaba presente en la sala, debe estar en estos momentos buscando un país sin extradición con España donde aposentarse para que los representantes de las mencionadas UTEs no lo capturen y esterilicen en vivo. En total se ha cargado algo así como 18 millones de euros en oportunidad de negocio. Pobre. Qué ingrato es trabajar con la administración pública.

Mi amiga está con los dedos engarfiados sobre el sufrido iphone, imagino que poniendo emails de PERO QUÉ NARICES HA PASADO???? o ¡¡te dije que el CDROM tenía que ir en el sobre 2, carallo!!”. O “ve rezando”. O algo.

Para entonces, yo tenía los nervios de punta, pensando si en mi sobre estaría mi querido CD o se habría perdido por alguna rendija con tanto meneo, que conste que iba bien agarraíco  en la portada de la oferta técnica dentro de una bonita funda transparente para que se identificara a la primera.

Y además, recuerdo perfectamente haberlo metido yo misma. ¿O no? Dios. Comienza a latirme el corazón a mil por hora, pero a santo de qué estoy aquí sufriendo con esta historia, debería salir corriendo como Julie Andrews en “Sonrisas y Lágrimas” cantando “The sound of the Music” y bailando en mitad de la sala. Peace and Love per tutti.

En ese momento anuncian el nombre de mi empresa, “Gallináceas Reunidas”. Tomo una profunda inspiración y trato de respirar con la parte central de los pulmones, como me ha enseñado mi gurú de yoga. Y un huevo de pato viudo. No respiro. Apenas puedo tragar saliva. El funcionario toma el carpetón con la oferta técnica y comienza a despelucharla, musitando por lo bajo y extrayendo cada Currículum de su respectiva funda, haciendo evidentes gestos de hastío –cagonlaleche esta gente, ya podrían habérselo currado un poquín menos-, y se toma tanto tiempo que comienzo a ponerme realmente colorada a la par que inquieta. Como nadie sabe quién es quién, tampoco me observa nadie -ni siquiera mi amiga, que ha sido abducida por su móvil y debe estar poniendo velitas on line a Santiago Apóstol-.  Al menos yo soy novata en esta empresa y nadie me identifica con ella excepto dos antiguos compañeros de mi anterior empresa que me miran de reojo, dudando entre si alegrarse o solidarizarse.

Cuando ya por fin parece que va a terminar la tortura, el funcionario presidente interroga al abridor de sobres: “¿pero… está el cd? Sí, sí que está, le contesta su compañero. Ah, como tardaba tanto, creí que lo estaba buscando“. Válgame, ¿pero qué le pasa a este hombre con los CDs? si tiene la documentación impresa delante de sus narices, caramba.

Siguiente empresa. Comienzo a respirar de nuevo. Es la última y va al mismo lote que yo. “Herpes Pavícola” también se ha dejado el CDROM -vaya con la crisis, que está haciendo estragos en el material de oficina- y queda también excluida.

Resumiendo, me voy a partir la cara con otras 4 empresas en vez de con 6. Lo siento por mis queridos colegas, peeeero… ¡mmwwhahahahaha! Eso os pasa por malvados, aunque ahora que lo pienso, me podría haber tocado a mí esta lamentable situación. O no, me figuro que habría ido a revisar el ensobramiento en vivo. No me imagino explicándoselo a mi jefe, 4 millones de euros a paseo. Glups.

Bueno, bah, da igual. No voy a ganarla, entre otras cosas porque mi estrategia sólo servía en determinadas circunstancias, y dado que se han presentado a mi lote “Easy-Hen” y “Pluming” voy lista, porque en la siguiente me espachurrarán por precio con toda seguridad.

Eso sí, como no somos mala gente y arrieritos somos, nos llevamos a  la desfallecida representante de “Huevo-Pon” a tomar una cocacola, aunque sinceramente, creo que a todos nos hacía falta un cubata doble. Que no olvidemos que donde las dan las toman, y estas cosas le pueden pasar al más pintado.

Co-cooot.

Risky Business – Aválame otra vez

El lunes pasado, me encontré con la confirmación de que en mi nueva compañía, las de recepción son exactamente iguales que en otros muchos sitios en los cuales he tenido el privilegio de trabajar.

Amebas unicelulares no-complejas.

Vamos a ver, si te llega una carta de un ministerio y firmas un acuse de recibo, DIGO YO que debe tratarse de algo con consecuencias legales, no? O como mínimo, más importante que una carta normal o un catálogo de productos de oficina. Pero no. Estas firman la muerte de manolete sin temblarles el pulso. Criaturicas. Debe ser que no lo comprenden, porque la puñetera carta -contenedora de una adjudicación que estaba yo esperando como agua de mayo- se quedó criando polvo en la recepción una semana.

Cuando me la trajo una compañera con cara compungida “¿ejem, oye, el ministerio de gallináceas reunidas lo llevas tú? “Pozi”  y me la entrega con cara de “huy huy huy mal rollo”, me tuve que morder la lengua para no soltar un “cagoenlaleche” y bajar a darle un sopapo a la de recepción. Porque el plazo que teníamos para entregar la documentación vencía el miércoles. Con la citada compañera, que coincide es la super-máquina de mandangas administrativas, ponemos en marcha toda la documentación, aval definitivo incluido, para poder recogerlo el día siguiente, sellarlo y entregarlo el miércoles.

Y así fue, tras ultimar una oferta que se entregaba ese día, llega mi precioso aval, y procedo, tranquila y relajada, a ese bonito trámite de entrega de documentación para una adjudicación.

Y allá que me iba yo derechita al paseo del prado a dejar la documentación – a saber, certificados de s.social, de agencia tributaria y aval definitivo- cuando me encuentro conque el parking de las cortes está cerrado (y los muertos lo guardan). Mejor dicho, el acceso a esa calle está cortado POOORQUE los indignados de los coxxnes han decidido que es un buen día para que no pueda aparcar en las cortes y me tenga que ir a donde cristo dio las tres voces a soltar el carro. Porqué no fumigan a estos zánganos es algo que no termino de comprender.

Resignada, aparco, pongo el papelico de la hora, me doy un paseo de 15 minutos y me presento en  la caja de depósitos a entregar el aval definitivo que garantiza cualquier pifia que mi empresa pueda perpetrar en el citado contrato.

Es la una de la tarde así que confío incluso en llegar a tiempo para entregar toda la mandanga en el ministerio y olvidarme del asunto hasta que firmemos el contrato dentro de un mes más o menos.

No hay ni zeus en la caja de depósitos, así que me acerco al mostrador, toda contenta con mi documentación, a cumplir con mi crucial cometido.

La funcionaria coge el aval y lo mira desconcertada. “Este aval está mal -la jibamos tía maría-, el CIF de la entidad financiera ya no existe”. Tócate los pies. Con tanta fusión y tanta gaita, al final lo que consiguen es liarle la neurona al becario que se ha quedado en agosto haciendo copypaste de modelos de aval para el personal.

Las dos -mejor dicho tres, porque otra funcionaria aburrida decidió unirse a la fiesta- decidimos que efectivamente, un aval constituido por una entidad financiera que no existe, tiene la misma validez que un tiesto de geranios.

Entonces -póngase la musiquilla de misión imposible-, salgo por patas, me tiro encima de un taxi y lo enfilo a la oficina central de la susodicha entidad bancaria, que por suerte para mí está a 10 minutos en taxi castellana pa arriba.

Llamo a mi compañera -la máquina que prepara estas cosas- y le informo de mi penosa situación. Tras acordarse del padre de los de la sucursal, me confirma que va a llamar a ponerles un juego de pilas para que lo arreglen como mejor les parezca. Llamo también a contratación del ministerio de gallináceas, donde me informan, con sumo pesar, que el aval tiene que llevar sello de hoy, o estamos jodidos. Y que no se puede hacer nada, la tía es comprensiva y me dice que no me preocupe, que puedo llevar la documentación el miércoles, pero que el aval tiene que estar depositado HOY. Y chinpun.

Mientras en la sucursal perpetradora de la catástrofe tratan de lidiar con el marrón, entro como una tromba en la oficina de empresas de la entidad (tienen la mala pata de estar justo debajo de los jefazos de la sede central, los cuales mean colonia y por supuesto no se relacionan con el vulgo) y les cuento mi triste caso a ver si pueden ayudarme. Hay cuatro chusquis pasando como pueden el sopor cercano al mediodía, y ya casi casi que preparando el bolso para salir por la puerta. Una de ellas trata de sacudirse el marrón diciendo que eso es cosa de mi sucursal y que vaya para allá.

Pos va a ser que no, corazón. Primero porque está en quintopino y este aval CORRECTAMENTE REDACTADO debe estar dentro de 40 minutos en la caja de depósitos, y si no, mi empresa pierde una adjudicación de 60k pavos. Claro, que siempre se puede descontar del bonus del director de la sucursal (o ya puestos, del tuyo por no mover un dedo al respecto, zorrón). Segundo, porque el aval lo firman en este edificio, y si el firmante está aquí, qué puñetas hago yo yéndome al fin del mundo a llorare al director de la sucursal. Tercero, que me importa un huevo quién haya hecho la pifia, vos veréis como lo solucionáis.

Pasan  varios seres encorbatados que escurren el bulto en cuanto huelen el brown. Son las 13:37 y aquí sigo, cual alma en pena amargándoles tan bonito martes, último de agosto.

Por fin, llama a mi móvil la sucursal causante del problema. Que ya está firmado por el firmante y lo tengo listo y preparado en el piso de abajo. Boing, la pelota a mi tejado otra vez.

Salgo pitando como una loca, recojo el maldito aval -esta vez supongo que con el CIF bien puesto- y asalto otro taxi conminándole a llegar a la caja de depósitos en 10 minutos máximo contándole mi triste situación y las consecuencias de no entregar el puñetero papel a tiempo.

“¿Sabe?” -me decía el taxista – “Yo tuve una empresa con 400 trabajadores, y trabajé mucho con la administración pública. Al final, lo mandé todo a la mierda y aquí estoy, en el tasi, encantado de la vida”. ” Se gana menos, pero por dios, que se gana en salud”.

Pues oiga, no me tiente que yo a este paso voy a hacer lo mismo. Que ya son muchos años y esto comienza a cansar.

A las 13:55 estoy asomando de nuevo por la puerta, joder, una viejecilla entrando a la vez, lo siento señora pero tengo una prisa del demonio, le hago un quiebro, la adelanto y tiro el bolso en el escáner de bombas variadas y corro al mostrador enarbolando el aval, entregándoselo a la funcionaria que lo estaba esperando con gran ansiedad.

Dios mío. Que entre unos y otras siempre me la acaben liando.

Que estoy mayor para estos trotes, por dios.