Crimen y castigo

Tengo un amigo aficionado a comprobar los sistemas y  bases de datos -más exactamente su eficacia o falta de ella- de cualesquiera organismos, ferias y saraos variados que existan. Dado su último éxito en colarme en una feria – allí me colé y en tu fiesta me planté- decidí poner en práctica sus enseñanzas y tuve la peregrina idea de probar los sistemas de control de accesos del parking sito en el  edificio de mi compañía -japonesa por más señas-  para ver si podía saltarme algunas de las absurdas barreras de distinción de clases utilizadas en la organización, a saber: eres jefazo, plaza de parking pa tí pa siempre, eres churriwilli, aparcas en el pool de plazas -y casi siempre tienes sitio, eso sí- para los descastados esaboríos que todavía no son dignos del nirvana místico de la plaza individual.

En realidad no fue premeditado, y todo vino porque llegué de comer, meneé mi tarjeta de acceso por RFID  delante del lector y tras soltar un BIP, la barrera no se levantaba. Como ya llevo un mes en la compañía, sabía perfectamente que esa era inequívoca señal de que el pool de plazas de mi empresa estaba lleno hasta la barrera y que me tocaba largarme con viento fresquis a aparcar a otro lado.

No entraré en la conveniencia de semejante sistema, sobre todo para seres provenientes del ámbito comercial, primero porque necesitamos movilidad garantizada y sin barreras, y segundo porque somos MUY LISTOS y nos las sabemos todas.

Vaya por dios, que no me deja entrar. Detrás de mí, un Audi precioso con un chusqui a bordo que gesticula indignado. Tiene pinta de jefazo. Da marcha atrás, y sale por donde ha venido. Huy, éste seguro que se las sabe todas, pienso. Sigo al audi hasta la otra entrada del parking de la empresa. Menea la tarjeta delante del poste y se abre la barrera.

Anda, pienso. Este se sabe algún truquillo! Le imito -valentía, chica, valentía, recuerdo el triunfo del colamiento en la feria y me lanzo-.

Me pongo delante del poste y meneo mi tarjeta de churriwilli. ¡¡Se abre!! jejejeje, acelero y me cuelo hasta la rampa, joder, si es que hay otra barrera!!! anda mi madre, con ésta no había contado yo.

El del audi está cabreado porque su tarjeta no le abre la segunda barrera de control. Pulsa el timbre, llama a seguridad y le abren.

Llego, repito el proceso y me pasa lo mismo. Con voz de tonta gilipollas a la par que sexy -no tuve que disfrazarla mucho- le cuento al panchito de seguridad mis penas. Noto la duda en su voz pero levanta la barrera -mwhahahahaha- y paso como una centella.

Bajo a la zona de parking de mi empresa. Claro, no hay UN PUTO HUECO para aparcar. Está a tope. Y que hago? Doy un par de vueltas escogiendo una de las docenas de plazas libres, y aparco mi vehículo en ella. Está mal, lo sé. Es una putada, lo sé. Bueno, no tanto, que es un parking con muchas plazas, pero admito que no es excusa. He hecho mal. He sido incívica y he invadido una plaza que no me corresponde.

Me voy corriendo a currar, y vuelvo a las 7 de la tarde a ver qué ha sido de mi carro.

Ahí está. Con una bonita nota en la que rezaba algo así como “no me cago en tu padre por no darte una pista”, y con toda la razón.

Uuups. Me han pillao.

Arranco y me voy a la barrera de salida. Meneo la tarjeta. No se abre. Joder joder. Que el gran hermano me ha pillao con el carrito del helao!!!

Pulso el botón. Buenas que no se abre la barrera.

Espere que ahora baja el compañero.

El compañero debe ser Mazinger Z, que acompañado de Afrodita A me va a dar con los “pechos fuera” en toda la cabeza para que aprenda a no ser incívica y a no aparcar donde no debo.

Viene a cantarme el de seguridad, y me hago la marilyn, es decir, la rubia tonta con el techo solar abierto y musica bien alta que lleva un mes en la empresa y ¡se ha liao!. .

Me pregunta educadamente de qué empresa soy, digo yo que para poner un email a RRHH e informarle de que ha contratado a:

a) Una rubia descerebrada y anormal

b) Una delincuente confesa y convicta

En ambos casos, salgo mal parada.

Opto por la opción a), no voy a confesar que estaba siguiendo los pasos de mi maestro en la comprobación exhaustiva de procesos de seguridad, accesos y controles, que sospecho aún me quedan muchos sistemas que fastidiar.

El hombre es amable y comprensivo con mi papel de rubia tonta y me deja salir. Entonces lo comprendo. Joder, claro. No me funciona la tarjeta porque NO HE ENTRADO. Por tanto no puedo salir. Anda. Si es que las barreras son más bobas que yo, hhmm… bueno es saberlo.

Lo dicho: crimen y castigo.

Veremos si mañana me deja entrar o me tengo que comer el coche con mostaza. De Dijon, eso sí.  Con estilo, reina. Con estilo.

Silcas

Ahorrando gasolina

No sé si será verdad, pero suena coherente…

Gracias Gabriel, por enviármelo!!

**********

El autor de este texto trabaja en una refinería desde hace 31 años.

1er Truco: Llenar el depósito por la mañana temprano.La temperatura ambiente y del suelo es más baja. Todas las estaciones de servicio tienen sus depósitos bajo tierra. Al estar más fría la tierra, la densidad de la gasolina y del gasóleo es más pequeña. Al contrario pasa durante el día, que la temperatura del suelo sube, y los carburantes tienden a expandirse. Por esto último, si usted llena el depósito al medio día, por la tarde o al anochecer, el litro de combustible no será un litro exactamente.

En la industria petrolera, la gravedad específica y la temperatura de un suelo, juegan un papel muy importante.

Donde yo trabajo, cada carga de combustible en los camiones es cuidadosamente controlada en lo que respecta a la temperatura. Para que cada galón vertido en la cisterna del camión sea exacto.

2º Truco: Cuando llene el depósito, no apriete la manilla del surtidor al máximo.

Según la presión que se ejerza sobre la manilla, la velocidad del surtidor puede ser lenta, media o alta. Elija siempre el modo más lento y ahorrará más dinero.

Al surtir más lentamente, se crea menos vapor, y la mayor parte del vertido se convierte en un lleno eficaz. Todas las mangueras surtidoras devuelven el vapor a al tanque.

Si llenan el depósito apretando la manilla al máximo un cierto porcentaje del precioso líquido que entra en el depósito se transforma en vapor y vuelve por la manguera del surtidor al depósito de la estación. Con lo cual, consiguen menos combustible por el mismo dinero.

3er Truco: Llenar el depósito antes de que este baje de la mitad.

Mientras más combustible haya en el depósito, menos aire hay en el mismo. El carburante se evapora más rápidamente de lo que usted piensa. Los grandes depósitos cisterna de las refinerías tienen techos flotantes en el interior, manteniendo el aire separado del combustible, con el objetivo de mantener la evaporación al mínimo.

4º Truco: No llenar el depósito cuando se están rellenando los tanques de la gasolinera ni inmediatamente después.

Si llega usted a la estación del servicio y ve un camión cisterna que está rellenando los tanques subterráneos de la misma, o los acaba de rellenar, evite, si puede, repostar en dicha estación en ese momento.

Al rellenar los tanques, se remueve el combustible restante en los mismos y los sedimentos del fondo. Así que corre el riesgo de repostar combustible sucio.

Carta a la DGT

Querido Pere,

Soy un Audi A4 avant, de dos añitos de edad, y estoy francamente desesperado. Le escribo con la esperanza de que recapacite usted y me ayude. Desde ayer día 7, mi dueña, que habitualmente me da zapatilla hasta la saciedad, se ha vuelto completamente amariconada.

Quizá tengan la culpa unas señales de tráfico rarísimas que veo por la A6, y que pone algo así como 110 de velocidad límite. El caso es que me extraña, porque mi jefa raramente baja de 130-140 cuando nos dirigimos a Madrid, ella y los otros tropecientos vehículos que nos acompañan. Y vamos así, a ese ritmo alegre de carburador que es la sal de nuestra vida.

Mire, déjeme que le explique mi caso, que seguro que me comprende. Verá. Soy un vehículo de renting y además de gama alta, lo cual quiere decir que me tratan como a la querida del ministro: manicura, peluquería, zapatitos nuevos en cuanto se me desgastan las tapas, me echan de comer y beber de lo mejorcito, me llevan al médico cuando toca, y -en líneas generales- me considero una criatura con ruedas muy afortunada. Sobre todo cuando veo lo que circula a mi alrededor: parque móvil más bien decrépito -el más viejo de Europa, tengo entendido-, con gomas en mal estado, motores más bien caducos engrasados con aceite de Lidl en el mejor de los casos y seres al volante que no saben escuchar al motor y se ponen a 90 en tercera sin sonrojarse, forzando a esas pobres criaturas hasta límites inhumanos.

Aquí el tema es el siguiente, y comprenderá usted mi preocupación. No es sólo el hecho que yo me cale a 110 -que eso además-. Tampoco se trata de que ese incierto estado entre quinta y sexta no es precisamente bueno para optimizar mi consumo de bebidas apetecibles, claro, que eso son cosas de mi fabricante, que vete tú a saber en qué estaba pensando para parir un coche que pudiera correr a 220 sin problema. Será inútil.

El verdadero problema es que mi jefa se DUERME COMO UNA MARSOPA al volante, rodeada de otros de mis congéneres circulando a velocidades sencillamente soporíferas, y estoy comenzando a inquietarme porque ella, que además de miope perdida, no es precisamente Hamilton, cualquier día se me empotra contra una carreta de bueyes. Que a este paso es lo que terminará por circular en Madrid, dado que es ecológico, no contamina y además va a la misma velocidad que los automóviles.

Deje usted de engañanarse, que a 110 no circula ni rita, quizá ahora sí por la novedad, pero llegará un momento en que nosotros, los vehículos, nos rebelaremos y comenzaremos a echar mierda a mansalva por los tubos de escape, mearemos el combustible según nos lo introduzcan para que haya que repostar más a menudo, y mandaremos su maldito plan de “no corras que te crujo” a tomar por saco.

¿Me he expresado con claridad?

Lo que le estoy contando se llama Rebelión de las Máquinas, y por si no lo termina de entender usted, le recomiendo la trilogía de Terminator, una iniciativa de unos colegas nuestros -los PCs- de lo más ilustrativa.

Firmado,

Un Audi desesperado y hasta las llantas de pisar huevos

***

Nota de Silcas: Dedicado a mi amigo Miguel, que si alguien sabe de lo que hablo, es él.

Atrapados… en el tunel del terror

Que la peña se quede atrapada en el ascensor (a veces queriendo y otras sin querer) es un hecho. Para los claustrofóbicos es una putada, para los salidos mentales, una gozada. El quedarse encerrado fuera de casa también pasa a menudo. Lo jodido está en dejarse el caldo en plena ebullición dentro, o una fuente de ibéricos al alcance del perro en libertad. Y cómo no, quedarse encerrado en el laberinto, en la casa del terror, o en la delegación de hacienda, es todo un clásico.

Pero lo que me pasó ayer no lo había oído jamás.

Salía yo con “criatura con ruedas” de mi madriguera base, a ritmo más bien relajado no porque llegara pronto a casa -que no era el caso- sino porque iba en reserva y tenía para hacer 30 escasos kilómetros. Así que no forcemos las revoluciones. La verdad, comienzo a apurar un poco mis marcas en cuanto a repostaje, y cualquier día me quedo más colgada que un chorizo de pamplona por descerebrada.

Dado que con los fríos polares de este finde habían esparcido sal por toda la carretera de la coruña y parte del extranjero, mi pobre carro estaba asqueroso. Y eso que, al menos, el jueves lo había enviado a recibir un baño completo -interior y exterior-, para desesperación del pobre currito al que le tocó limpiarlo y que no se cagó en mi padre por no darme una pista.

Resumiendo, que ya que paro para echarle sopa a la criatura con ruedas en mi gasolinera habitual, la del puerto del escorial, decido que una pasadita por el túnel de lavado no estaría mal para quitarle la sal de su preciosa carrocería gris. Lo cierto es que adoro los coches, y a mi audi de renting, lo mimo.

Se bebe 70 euracos, joder, sí que iba seco,  y pesco una ficha de lavado y el Glamour, por eso de saber qué NO me voy a poner estas navidades, durante las cuales, decididamente voy a pasar de todo y me voy a dedicar a darle a la bota maría, y que curre en la cocina RITA PAVONE que yo paso.

Llégome al túnel, que está en cancoño a la derecha según sales de la zona de repostado, y previa introducción de ficha en la máquina, comienzo a meter las ruedas del coche en las guías del túnel de lavado. Es de éstos en los cuales tú permaneces dentro del vehículo mientras se lava, cosa que me encanta desde que tenía 4 años. No sé, me gusta ver cómo los rodillos van limpiando los kilos de mierda que acumula mi coche, qué le vamos a hacer. De hecho, recuerdo un túnel de lavado en barcelona en el cual me regalaba chicles el hombre del túnel (joder cómo suena). Asocio el chicle de menta al lavado de coches. No, si debo tener el cerebro hecho un cuadro de Miró.

Veo que el rodillo de tracción engancha la primera rueda de mi carro, ok, cojo la blackberry y comienzo a mirar correos. De pronto, veo que el roll out se detiene sin motivo alguno. Pero los rodillos siguen girando como locos. Y echando agua con jabón, claro. Ay la leche. Eto que es.

De pronto, veo que la barrera de acceso al túnel de lavado se baja detrás de mí. Coño coño, algo no va bien. Mejor dicho, va espantosamente mal. Los rodillos de la fase 2 se activan y comienzan su trabajo sobre el coche de Fantasmín, porque sobre el mío, no. Decididamente, no. A lo lejos veo cómo el aparato de secado comienza a bajar y barre el suelo lleno de agua. De pronto, se para, se apagan las luces del túnel y me quedo ahí, esperando a que vengan los vampiros a zamparse mis venas, porque otra cosa con esta oscuridad y mal rollo, no se me ocurre.

Joder joder, qué mal pinta ésto. Encima voy de traje -falda- y botas de tacón, JODER porqué leches no me pasa ésto cuando voy de vaqueros, de aquí no me saca ni Mc Gyver. En un momento de pánico total, busco el ticket de la gasolinera para ver si está el teléfono y pedir ayuda, PERO con la mierda luz del interior del coche y mi vista de lince galáctico, no consigo ver una mierda. Me cago en la leche. Esto está más oscuro que mi futuro profesional.

Gracias a Dios y a la corte celestial, veo que la puerta de mi coche se puede abrir por pura chiripa, ahora a ver si consigo no meter los tacones de las botas en las guías del túnel, no vaya a ser que se active Terminator, y venga una garra gigante y me haga un lavado y marcado completo incluyendo la ropa interior, así que voy haciendo equilibrios de puntillas -ahí estamos, rentabilizando la barra fija de la clase de gimnasia rítmica- hasta que llego al maletero de mi coche. Hago una doblez de espalda imposible -cruuunch!!!- para sortear la barrera que se ha cerrado tras mi coche y salgo a la HELADA noche roceña convertida en un ocho, pero libre al fin.

Vale, ahora me toca hacer de  CHURRI RUBIA Y GILIPOLLAS. Hola buenas noches -a la cajera que me ha vendido la ficha y la gasofa- que se me ha quedado el coche bloqueado en el túnel de lavado. Me promete ayuda inmediata. Salgo por patas sin mirar a la cola de gente que debe estar deshuevándose por lo bajini. Ahí estoy, con mi traje de adolfo domínguez y mis botazas de tacón, con mi SUPER CARRO atascado en el puto túnel de lavado.

Repito la operación a la inversa y vuelvo al lugar del crimen. Llega la cajera. Me desbloquea la barrera para que pueda introducirme en mi pobre y abandonado carro sin joderme las dos vértebras que me quedan sanas. Doy marcha atrás, saco al coche del atolladero y esta vez consigo colocar correctamente las ruedas en las guías. Mientras estoy de palique con la cajera, no caigo en que la ventanilla está bajada. Los rodillos del agua, implacablemente, se ponen en marcha. De pronto la cajera me dice adiós con la manita y me grita entre el estruendo del túnel “suba la ventanillaaaaaaa”. La subo. De pronto reparo en que la puerta está medio abierta. Joder joder joder. En un alarde de intrepidez, abro y cierro de golpe y consigo cerrar la puerta a cal y canto justo antes de que el rodillo me absorba. La virgen. Miro los rodillos con un cierto repelo.

Salgo por fin del túnel del terror y me dirijo a mi hogar, dulce hogar.

Eso ayer. Hoy, aún mejor. Me toca ir a Sevilla mañana, lo cual implica AVE a las 8,30, que diréis que no es pa tanto, pero me tengo que levantar con las PUTAS gallinas de Cafarnaúm. Lo peor es la perra. Está con el síndrome premenstrual o con la crisis de los 40, pero de unos días a esta parte, le ha dado por raptar peluches y rodearse de  ellos en la cama de mi hija. JODER, un poco de normalidad, por dios.

Silcas

 

Licitaciones públicas – Volvemos al ataque

Sí señor, ya echaba yo de menos el bonito ejercicio del análisis y respuesta a licitaciones públicas.

Se me está juntando una de AGE (Admon.Gral del Estado) con dos de una CCAA (comunidad autónoma).

Lo que en mi anterior empresa se liquidaba con un par de emails, dos reuniones, un bate de béisbol para la impresora a color y varios litros de café la noche antes de la entrega, aquí es bastante más peliagudo.

Tengo que meterme hasta en la cocina, para asegurar el resultado, comenzando por la parte árida, farragosa y muchas veces incomprensible, de la documentación administrativa:

– Oye, que este papelico tan mono que nos ha pasado la gestoría para el expediente, el cliente lo quiere sellado.

– Pero si no hace falta, lleva un sello de tiempo.

(iiiinspirar)

– Lo sé. Pero el cliente quiere ver un sello de color azul y una firmica física de un humano bípedo encima del mismo.

– Pues no hace falta, porque el sello de tiempo es tan válido como el real.

(bee bee oveja negra bee bee oveja negra. véase “Las reglas de la vida“)

– Lo sé. Pero el cliente quiere el sellito porque todos los demás licitadores han puesto sellito, y si nosotros no ponemos sellitos, queda como raro.

– Pues tu cliente es idiota.

(ooommmm ommmmm ommmm uf uf uf, respirar)

– Lo sé. Pero así es la administración pública, son las lentejas, las tomas o las dejas. Y como queremos que nos adjudiquen, nos comemos todas las lentejas que sea menester, y además, con expresión de alegría y regocijo. Así funciona.

Mi compañera refunfuña y se va con el papelico a pedirle a la gestoría que nos ponga el sellito. Y a mí, me sale una cana. Suerte que no soy propensa, porque estaría canosa perdida.

Multiplíquese la operación por el número de documentos que piden en el Sobre A – Documentación Administrativa.

Como además tenemos 3 licitaciones en danza, cada una de su padre y de su madre, creo que me van a terminar odiando…

En otro orden de cosas, hoy me he atrevido a rellenar el aceite a Criatura con Ruedas. Tenemos un renting tan cutre que no cubre la mano de obra del rellenado de aceite, y como este vehículo se bebe el aceite cosa fina, cada dos meses tengo que aparecer por el taller. Y me daba pavor, señores. Porque si te pasas, si le echas demasiado, al vehículo en cuestion le da un paro cardiorespiratorio sólo comparable al que te da a tí cuando te pasan la factura. 500 euros nos costó la broma de echarle aceitico al Scénic. Como este coche no es mío, pues da un poco igual, pero resulta que NO, porque si Criatura con Ruedas fallece, vaya usté a saber si me darán un triciclo, un patinete o una calesa tirada por un burro. Así que cuidadín. Y con sumo temor reverencial, he abierto un tapón con un simbolito del aceite, he echado el resto del bote que me dio el mecánico y lo he cerrado con cuidado.

Se quitó el pilotito amarillo del aceite, el coche no se ha muerto y lo más importante, no me he llenado el traje de aceite, que era una posibilidad nada lejana.

Y ahora me vuelvo a mi pliego, que de momento, voy a ver si me lo leo y me entero de lo que piden para cuando todos comiencen a volverse majaras y a preguntarme cosas raras. Ay mamáaaa…

Silcas

Te volví a pillar

Iba yo esta tarde, a lo mío, a la “caza de la plaza” que consiste en que la hembra de la manada se coge la tarde libre en el curro y se va al cole concertado de turno a hacer cola y entregar la solicitud de matrícula de su cría que el cónyuge A, en la mañana del día anterior, dejó por imposible porque había doscientas mil churris ociosas haciendo cola en la secretaría. Llego sobre las 16:30 (oh alegría, o emoción, no hay cola!!!) y procedo a entregar a la señorita de secretaría los documentos que prueban la composición y estatus de la manada en cuestión.

Me mira de reojillo. Te creías muy lista ¿eh? Necesito el libro de familia original para compulsarlo. Jo-deeer… ya estamos. SIEMPRE falta algo. Bueno, le digo, me acerco a casa y te lo traigo en un momento. Cojo la cesta y me marcho, “sardinas frescues”, salgo de allí con mi traje y mis tacones, a toda prisa tratando de no matarme, mientras me cruzo con las mamás que van a recoger a sus hijos y que por supuesto ocuparán cualquier posible hueco de aparcamiento en los próximos 40 minutos. Que estrés.

Merde. Según voy hacia mi hogar, por la carretera la guardia civil está preparando algo. Coño, OTRA VEZ??? Llego a casa, me pongo unos vaqueros y unas zapas a la velocidad de los rayos cósmicos, agarro el libro de familia, bajo al coche y vuelvo a la carretera igualita que Julio Iglesias.

Los coches me van dando largas. Huy. ¿¿Que será esta vez?? Miro a la izquierda y a la derecha, no paso de 85 km/h ni borracha. Y debieron escucharme, porque según paso un puente elevado, me encuentro con un bonito control de alcoholemia. Bajo la velocidad. Naturalmente, me dan el alto, faltaría más. Que tendré pinta de borrachuza, digo yo.

Buenas, que si desea usted someterse a un control de alcoholemia. Hombre, qué amable, me pide permiso. Con la pinta de maripuri agobiada en horario escolar que tengo, seguro que si le digo que la secretaría tiene el nada flexible horario de cierre a las 17:30, y que está en juego la plaza escolar de mi hija, me perdona. Pero no, le digo que por supuesto, va a ser más rápido que contarle mi vida. Y que como es la primera vez, pues que me lo explique. Me indica cómo poner el cacharrillo desechable y cómo soplar. Soplo. Muy bien,  me dice el agente de la benemérita,  0,0 !! No te digo. A las 5 de la tarde, es el momento de que la gente  vaya puesta hasta las trancas, ¿en qué estaré pensando, que no llevo una mísera cerveza en el cuerpo?. Le sonrío y salgo pitando mientras me abre camino.

Llego -otra vez- al cole, por supuesto tengo que aparcar en cancoño, porque aquí no cabe un alma, las mamás con carritos tratan de sobrevivir por las estrechísimas aceras, y yo trato de no eliminarlas, ni a ellas ni a su descendencia. Bueno, si la descendencia tiene 5 años, entonces corre serio peligro porque compite con mi hija por una plaza escolar. Se me enciende el instinto asesino de la cocodrila hembra defendiendo su nidada.

La menda defendiendo la plaza de su cría

Vuelvo a entrar en Secretaría con mi bonito libro de familia, una alumna de 7 años enferma por alergia y que tienen confinada en la secretaría me sella las fotocopias con gran parsimonia, guiada por la profesora-secretaria. Voy rellenando los impresos de las becas de libros, de pronto suena el móvil; me llama la jefa de un departamento de mi empresa para realizar un bonito ejercicio pulmonar consistente en gritos y alaridos y amenazas contra uno de mis supuestos clientes, que en realidad es suyo, que yo a este pavo no le he vendido nada, chati, tú sabrás lo que haces y porqué te pone verde en las reuniones. Será por el buen carácter que posees y la dulzura que destilas, cacho mamona. La dejo berrear y que se desfogue -claro, claro… por supuesto… “si cielo” casi se me escapa- mientras relleno el impreso de las becas de los libros, las cuales por supuesto NO me concederán.

Me marcho de secretaría con mis impresos sellados, y sigo escuchando las diatribas de mi colega mientras me monto en el coche, directa a recoger a mi hija, que llega en la ruta y JODER-A-VER-SI-ENCIMA-NO-LLEGO con tanta leche y tanta alcoholemia y tanto guardia suelto, a ver quién es el guapo que se pone a correr. Sólo espero que no vuelvan a pararme los guardias porque esta vez los mando a tomar viento.

En cualquier caso; creo que debo escuchar al destino: ayer me multan por exceso de velocidad -modesta multa para lo que suelo ser yo- y hoy me hacen un control de alcoholemia, c0n feliz resultado porque NO es el viernes pasado a las 00:15.

Simplemente, lo de ayer y lo de hoy ha sucedido en el lugar y momento equivocado, que si llegan a cazarme en otras circunstancias, me empapelan pero bien -y con razón-: el próximo post desde la cárcel, podría ser curioso.

Silcas

Te pillé

“Mucho tiempo has vivido en la sombra, rey Theoden” -le decía Gandalf, mientras expulsaba al malvado Saruman del monarca.

Pues eso mismo; mucho tiempo te has librado de las multas, chatina, parecía decirme el guardia civil, y ahora te toca apoquinar.

Vayamos por orden.

Lunes, in the morning. Primero, mi jefe me pone un SMS para poner en mi conocimiento que -oh disgusto, oh desolación-, me da plantón en una reunión importante de la muerte con un jefazo de compras de un organismo público. Alone again, naturly. Primera reacción, cagarme en todo lo que se menea, con posterioridad me entero de que tiene la espalda bien jodida, y que el pobre está que no puede casi ni coger el coche.

Después, uno de los experimentos derivados de mi atracón de vídeos-tutoriales de belleza tuvo un efecto no deseado. Traspasé unos polvos de sol de bobbi brown, que venían en un envase más bien ortopédico, a uno glamuroso y muy majete de Dior, que tenía por ahí vacío y arrinconado. Y cuando fui a usarlos esta mañana, no reparé en la incontestable e impredecible levedad de los polvos, que hizo que en cuanto unté la brocha “kabuki” o como coño se llame en dicho ungüento, saltó cual “Yakuza” asesina, salpicando de polvos mi traje, el suelo del baño y mi humor matinal, que derivó en un “cagonlaleche” que fue perfectamente escuchado por mis hijos, los cuales se regocijaron del tropiezo materno y lo celebraron con grandes alharacas. Mamá, eso no se dice, me repetían a dúo. Joíos. Están como perro y gato excepto cuando el enemigo es mamá, en cuyo caso hacen causa común.

Y así salía yo por la mañana, toda empolvada, día radiante y primaveral, con un solazo que entraba por la ventanilla del copiloto.

Tomo la carretera en dirección a la A-6, y al paso de uno de los picaderos de caballo cruce de perro y mula, dejo a mi izquierda un vehículo oscuro, sucio, feo y cochambroso, que estaba allí aparcado con un churri dentro, medio metido en una acequia. De pronto, un inquietante destello a mi paso. Huy. ¿El reflejo del sol? No, maja, no. En la rotonda del polígono, un guardia civil, todo mono él, me da el alto. Reprimo el acto reflejo de hacerme la loca al estilo Telma y paro.

Carné, por favor. La órdiga, mal rollo. El tío vuelve. El motivo de darle el alto es que iba usted a 115 en una carretera limitada a 90. Genial. Me instruye: son 100 euretes, con el descuento por pronto pago 70. Pues nada, le digo, a pagarla. Si quiere usté recurrirla… No, para qué. Me han pescado ustedes con las manos en la masa, para qué liarla. La pago, me olvido y punto. Sólo por los cientos de veces que no me han parado yendo mangada, o bien con copas, pues ya me compensa, así que me limito a considerarlo como una pequeña franquicia por mis tropelías al volante y olvidar el tema. Naturalmente, me guardo muy mucho de compartir estas filosofía con el guardia civil, no vaya a ser que me pegue un GPS de estos que te siguen y me encarcele para toda la eternidad.

Mientras tanto, maniobro con el móvil, avisando a Cónyuge A, que debe estar a punto de salir de casa con el churumbel, no vaya a ser que lo pesquen a él también y la cosa comience a doler que te cagas al bolsillo familiar.

Claro, es lo que tiene, ponen a Criatura con Ruedas en mis manos, y el pasar de un manovolumen cascao a un cacharro reluciente como este, tiene su precio, sobre todo para mí, que soy más bien ligera de pedal.

Pues hala. Ya me han multao, la primera vez en mi vida, por exceso de velocidad.

Pa habernos matao.

Silcas