Adiós Amy, hola verano

Todo de golpe, una llega a puerto banús, estrena playa y quemadura de espalda y se nos mata la winehouse; casi diría que entre todos la mataron y ella sola se murió, pero es más bien lo último.

Aparte los desvaríos de los comentaristas de la noticia en los medios, la verdad es que es una pena. Me encantaba esta mujer, vaya voz que se ha perdido.

Y me encuentro con la noticia a la vuelta de hipercor de puerto banús, que cada día está mas enorme, y caótico. Me cuesta dios y ayuda encontrar las cuatro vainas de siempre que vengo a buscar, las cosas están puestas sin orden ni concierto, y al final, te lleva una hora llenar cuatro míseras bolsas de plástico, que por supuesto te cobran. Y claro, llevo mis bolsas reutilizables reglamentarias en el maletero, pero joder, como para acordarse de cogerlas.

Pero con lo que aluciné de verdad fue con el lineal de los caviares, anchoas y mújoles variados. Al lado del caviar de salmón, sustancia que me gusta casi más que el beluga (principalmente porque el tarro de 100 grs te cuesta 14 euros y no 140), unos impresionantes tarros de smetana (nata agria), que me chifla y que es muy difícil de encontrar porque es como pretender encontrar salmorejo en medio de la estepa rusa.

Y sigo adelante y me encuentro con otro mueble -como digo está muy desordenado- con más variedades de smetana -otra vez- y kéfir que de danone. Vamos, que tenemos a media población rusa metida en puerto banús, aquí la guiri parezco yo, de no ser por mi espalda requemada y mi vestidito hipi y mis sandalias planas de cuero.

Tengo pinta de guiri y me aprovecho de ello en el parking, como buena TORDA he aparcado al revés, es decir, me explico: el maletero totalmente inaccesible para meter las bolsas, así que dejo el carro a un lado y muevo el coche para meter las bolsas dentro.

Entonces, aparece otra TORDA, tordilandia comienza a parecer ésto, con un precioso y anchísimo mercedes descapotable, y para mi incredulidad, descapotado, porque el calor inhumano que hace en el parking del corte inglés de puerto banús solamente podría compararse al que haría en el despacho de satanás.

Y la criaturica pretende meterlo en el hueco que yo he dejado. Comienza a maniobrar como una loca, mientras su acompañante, bastoncico en ristre, trata de orientarla para que pueda encajar el coche entre los otros dos. Saldrá por el capó, claro. Porque si yo lo tenía jodido, ella no te cuento.

Mientras maniobra con su largo y gigantesco carro, me mira como esperando a ver si LA MENDA mueve el carro para que ella pueda aparcar con mas comodidad. Me hago la guiri, sueca por más señas y abro olímpicamente el maletero, con esa gracia y salero que solo tienen las madrileñas acostumbradas a meter la compra en los maleteros en un pis pis.

¿Y que me encuentro? Pues con las 6 puñeteras tablas de surf de los niños, que me impiden meter otra cosa que no sean los bricks de leche -y siempre y cuando sea desnatada, que la entera ni de coña.

Cagate lorito. Plan B. Comienzo a meter las bolsas en los alzadores y sillas de los peques, y como digo, los bricks de leche justo pegaditos a la colección de tablas, la cual han sido enriquecida con un nuevo miembro: una tabla de princesas disney cursi hasta la retranca para mi hija, que esta mañana su prima y ella andaban a la gresca para subirse encima. Hala, lo que faltaba.

Porque claro, señores, ahora vamos a la playa con lo siguiente:

6 niños, de edades comprendidas entre los 6 y 12 años, 4 niñas y 2 niños.

3 bolsas, una de toallas y otras dos de ropa, ungüentos, revistas y libros que al final nunca lees y terminan llenos de arena.

1 pliego de cierto ministerio que ha sacado la licitación para presentar el 30 de agosto, tocate los huitos. Los proveedores a currar mientras vosotros estáis en la playuqui, eh? Cacho perros.

1 mochila de plástico con cubitos, palitas y tal y tal.

1 bolsa de plástico con 8 pares de escarpines. Porque pretender meterse en el agua de esta playa sin escarpines es causa segura de sufrimiento atroz en las pezuñas. No he visto una playa con unos pedruscos tan horribles en toda mi vida. Nada más entretenido que sentarse en la orilla a ver cómo los guiris gritan de dolor tratando de salir a la orilla mientras las olas les empujan y les hacen enterrar los pies entre los pedruscos. Luego miran con envidia tus escarpines, y a más de una le he dicho where to buy these things, at corte ingles, darling, oh thanks a lot, this is simply awful!!! Ya te digo.

1 bolsa-nevera con agua para los enanos y un par de birras (que muchas veces terminan volviendo a la nevera de casa porque termino sucumbiendo a la tentación de los mojitos que preparan en el chiringo)

Nos ahorramos la sombrilla porque cogemos tumbona y sombrilla de paja reglamentaria, que para cuatro días no nos importa pagarlo.

Desde luego, hacemos dos viajes porque ocho no cabemos en el carro ni apretujando a los niños unos contra otros.

Y naturalmente, las puñeteras y jodidas tablas se quedan en el maletero, cosa que por supuesto olvido SIEMPRE.

Ha hecho un calor atroz, hoy. Y eso que estábamos en la playa a las 11,30, y nos hemos comenzado a retirar a las 13:30, cuando lorenzo comenzaba a pegar, pero bien. Mañana más. Lo que es seguro es que sólo iremos a la playa de 11 a 13,30 como mucho, que este verano está que arde, entre la masacre noruega, la caída en picado de este país y la pobre Amy, que se ha marchado a animar el mas allá con su inimitable eyeliner y su voz incomparable. Descansa en paz, chica.

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De tomo y lomo

Llevamos ya varios días en las rias baixas y el cuerpo comienza a pedir carne. Estamos ya de pescados y crustáceos hasta las regomillas de las bragas. Nuestro insuperable José Manuel, de Casa Isolina, nos echó de comer unos manjares impresionantes: xoubas sin espinas en estofado (madre de dios qué patatas), garbanzos con bacalao, un bruñito (centollo pequeño) que tenía por ahí escondido, y unos grelos estofados. Todo de picoteo y compartido.

Hoy, día en el que hemos degustado una mariscada en La Guardia, seguida de un paseo en el ferry a Caminha, y un repaso por Valença para repostar elementos hogareños, hemos desembocado en el Carrefour de Baiona, con el objetivo de comprar algo de ternera gallega y hacerla para cenar, acompañada de esa maravillosa lechuga gallega que no encuentras en ninguna otra parte del país. Tras un infructuoso paso por el Froiz, donde lo que tenían en el mostrador deberían enterrarlo, no exponerlo al público, no me queda otra que rendirme a la gran superficie, que parece ser el único sitio donde los turistas pueden aprovisionarse sin riesgo para la salud.

A mí el carrefour de Baiona me deprime especialmente, primero porque soy carne de alcampo y en los carrefour no encuentro nada, pero es que además, éste está organizado con el trasero y encima tiene dos plantas.

Pero en fin, estamos de vacaciones, y yo en vacaciones no me estreso por nada ni por nadie.

Así que -como decía- aparezco por el mostrador de la carnicería. Es alucinante cómo lo tienen puesto, justo entre el mostrador de la carnicería-charcutería y un mueble refrigerador con los básicos de esta materia, una PEASO ISLA con embutidos. Resultado, es imposible pasar un carrito o una cesta, o circular con un mínimo de comodidad. Todo el mundo se arremolina en ese reducido espacio -zona caliente del hiper en cuestión- para esperar turno, coger una barqueta con pollo o perseguir a los infantes que huyen, todo ello aderezado con las señoritas azafatas ofreciéndote las más variadas degustaciones.

Pero bueno, qué le vamos a hacer, son las 7,30, no hay casi gente, y me atienden enseguida. La señorita de charcutería me pregunta amablemente qué quiero.

Pues mira, un par de chuletas de ternera gallega -señalo un trozo que tiene su hueso reglamentario, no por nada, es que no tienen de otro, y en el mueble refrigerado les queda un exiguo ejemplar, triste y solo como Fonseca, cortado el 18/4, si no antes.

Este trozo de canal -corte pistola-, es sonrosado, tierno y tiene muy buen aspecto.

La señorita charcutera se calza con mucha tranquilidad el guante de malla metálica, agarra el trozo de lomo con su t-bone, y con un cuchillo, comienza por separar una chuleta de tamaño medio, y hasta ahí sin problema. Luego repara en que ha llegado al hueso, y agarra un peaso cuchillo de estos de hoja grande, y ante mis atónitos ojos, comienza a SACUDIRLE UNAS HOSTIAS QUE NO VEAS, tratando de separar la chuleta del resto de la pieza a machetazos.

Finalmente, arranca la chuleta, pero el hueso se ha quedado ahí. La criatura, sudando tinta, gira la pieza hacia mí, y lo que veo es más propio de una película de gore que de una carnicería, madre de dios cómo ha dejado la pobre pieza. Le ha metido unas chufas que ni Conan el bárbaro.

Al menos ya ha conseguido dos chuletas más bien tirando a finústicas, pero veo que agarra de nuevo el cuchillo -supongo que insatisfecha por el resultado de sus maniobras- y esta vez comienza a producir una chuleta de tamaño Vilma, madre de mi vida, estoy a punto de interrumpirla y decirle que con dos me basta, y que además, no he invitado a pedro picapiedra a comer, y que deje en paz el infortunado lomo de ternera gallega, que lo está desgraciando pero bien.

Esta vez le mete un machetazo al hueso que me hace estremecer. Dios mío dios mío, cómo le digo que no quiero ese trozo de animal muerto, esta es capaz de perseguirme por todo el super con el cuchillo ese y me hace picadillo.

“Estee… oye, mira, que este trozo -no me atrevo a llamarlo chuleta- es gordísimo, que prefiero las otras dos que ya has cortado, que esto es una barbaridad”.

Entonces comienza a explicarme. “Es que con este hueso, claro, hay que cortarla así, ¿lo ve?”. Me muestra el espacio intercostal entre ambas costillas. Claaaro, entonces, de una pieza de lomo sacas CUATRO CHULETAS y ni una más.

No hija. Ese hueso, efectivamente, lo dejas cuando es un PUTO CHULETÓN DE BUEY DEL NORTE DEL PAÍS, pero no cuando estás cortando dos chuleticas de ternera normales y corrientes, que por supuesto no tienen el grosor de mis muslos.

Mira compungida el peaso trozo que ha perpetrado, mientras su compañera se escaquea bajo el mostrador.

Lo pone en un papel encerado y lo echa al montón de carne que tiene ahí, esperando ser masacrada.

Bueno, dice, alguien se lo llevará.

Ya. Vilma Picapiedra o el jefe de sección con los cuernos, cualquiera de ellos. O quizá el cabrón que te seleccionó y no se tomó la molestia de procurar que te enseñaran cómo  se trocea un vacuno con un mínimo de competencia, que tú no tienes la culpa, criaturica.

Salgo por patas a la caja, a pagar y reunirme con la unidad familiar, que espera pacientemente en el carro a que mamá pájaro vuelva con la manduca.

Uuf. Qué peligroso se está poniendo ésto de hacer la compra.

Mañana, jueves santo, volveremos a Isolina. Creo que toca bacalao. O más xoubas. Lo que sea, pero que entre por la puerta por favor, a ser posible, bien muerto.

Silcas

Ultimos coletazos

Digamos que en cuanto te pones perezosa para soportar la arena, la sal y los chiringuitos, y comienzas a mirar centros comerciales con ojos de carnero degollado, es síntoma claro de que has tenido suficiente playa.

Y si  rematas adquiriendo algo de ropa de otoño en el Zara de turno, es que estás lista para la reentré. En mi caso, cayeron dos faldas, una camiseta y un chaleco peludo (yo no uso chaleco, así que mi estado debe ser crítico). El remate fue la compra de medias en Marks&Spencer, un hecho de lo más revelador.

Lo más importante para reincorporarse a la vida diaria sin ningún tipo de depresión post-vacacional, es encontrar la suficiente motivación para que te apetezca volver a la rutina. Lo de la rutina está injustamente denostado, porque tiene su encanto, sobre todo para los enanos, los cuales comienzan a ponerse perezosos incluso para salir a la piscina, que dicho sea de paso, está a la vuelta de la esquina.

La playa agota a cualquiera, y eso que por aquí no abusamos: de 11,30 a 14, y a correr a cobijarse al aire acondicionado de casita hasta eso de las 6. Eso de quedarse todo el día en la playa me parece inhumano, con el caló, la sudó, la mieda en los pies… no tengo alma de chiringuito marbellí, y en realidad, lo único que me parece interesante es que te traen la cervecita a la hamaca (eso sí, para que te traigan las malditas aceitunas tienes que insistir, mañana sin falta retomo la costumbre de neverita con cervezas y pepinillos y que les den por saco).

Los guiris son bastante silenciosos, lo cual los convierte en compañeros de tumbona bastante tolerables, pero los de la tierra,  son para freirlos en aceite de oliva. Hoy, una nativa de edad crecidita -digamos que 16- increpaba a su hermano porque pretendía arrebatarle la raqueta que le había regalado su mamá. TONTOPOLLA!!! le chilló delante de toda la playa. Mis hijos. Mamá, que ha dicho esa señora (me conmueve ver que a mi hija de 6 años una adolescente le parezca una señora, es una manera de rejuvenecerme como otra cualquiera). Nada hija, que es un poco burra y habla fatal. Mi hijo; ha dicho TONTO-y lo que sigue. Si hijo sí. A que dice muchos tacos?. Sí, y es fea. Se da media vuelta y se marcha a seguir jugando con una amiguita inglesa de su edad, monísima, rubísima y con bikini negro. Le debe gustar mi hijo porque hasta le ha dejado el retel para pescar bichos. Mi hija ejerce de cuñada y se une al grupo para buscar libélulas y echárselas a los peces. Entretenidos están un rato…

A lo que vamos; motivos para volver al cole:

1. Renovar el armario, no exactamente a base  de nuevas adquisiciones, pero sí a base de quitar de enmedio toda la ropa de playa, que ya incluso resulta cansina, y rescatar algo de ropa otoñal. Estoy de pantaloncitos, camisetitas y vestididos hasta las narices.

2. Presumir de bronceado en la oficina. Es lo que tiene irte de vacaciones la última, jejeje. Todos los demás, ya ni parece que hayan olido la playa, y tú, exultante, con un bronceado caribeño del nueve.

3. Empezar en el gimnasio. A ponerse cachas, bieeen!! Estoy deseando comenzar, ya hice una sesión de prueba y me va a ir de perlas.

4. Los enanos al cole. Por fin la tranquilidad, la serenidad y el orden vuelven a reinar en la vida familiar, se acabó la coña marinera de acostarse a la hora que sea y estar todo el día medio dormido y de mal humor, comer cualquier guarrería e inflarse de palomitas en el cine.

5. Volver a dormir en tu cama!!!! bieeeen!!!! Si es que en casa se está como en ningún sitio!! echo de menos mi almohada, y el colchón no digamos!!

6. Poner en marcha planes malignos para destruir tu madriguera base, de esos que inquietan a cualquier cónyuge, a saber por orden de acojone:

a) Redecorar el cuarto del enano de 9 años. Que ya vale de peluches y barcos piratas, a tomar por saco medio parque juguetil, pintura y reorganización de infraestructura. Si me oyeran Buzz Lightyear y Woody se les pondrían los pelos como escarpias …

b) Redecorar el cuarto de la enana, lo cual implica tirar el armario de bebé que tiene, liquidar también peluches y juguetes para menores de 3 años y convertirlo en un cuarto para niña de 6 añitos. Eso incluye por supuesto la adquisición y montaje de algo con -más o menos- esta pinta, no necesariamente con estos colorines, ni con este formato:

c) Intercambiar cuarto del enano por el nuestro, mudarlo junto al de su hermana y apoderarnos de su habitación, que es más grande que la nuestra. La operación incluye tirar abajo el cuarto de baño y actualizarlo con -por ejemplo- una ducha de hidromasaje o artefacto relajante similar.

d) Reformar la cocina. Creo que éste es el peor porque es el más caro, aunque es el que menos esfuerzo personal requiere.

Así que comprenderéis que estoy deseando volver a poner las manos en la masa y hasta pienso aprender a pintar a brocha gorda. No pienso tener piedad con ningún juguete, colcha vieja, artefacto inútil o zapato de más. Si tuviera una varita mágica, me libraba de la mitad de lo que hay en casa.

Silcas

Fauna playera – I

Ouf, es que a mí, los banusinos, me ponen. Sean autóctonos o de importación, es que se salen. Así que heme aquí, una vez más saliendo de mi letargo estival para postear sobre el tema.

Hoy, día 2 de la quincena vacacional en puerto banús city, me atrevo a abandonar la seguridad de mi madriguera base para acudir al hipercor, a ver si era posible hacerse con algún bicho para echar a la sartén, tipo carabinero o gambón. Y carabineros había, gigantescos y a 80 euros el kilo, así que casi no. Me voy a por los gambones, que están bien ricos, y a 9,90 euros/kilo. Los hago a la sal, a saber, sartén con el fondo cubierto de sal gorda, bichos encima, y papel albal cubriendo la sartén. 5 minutos, y listos.

Lo que veo en el mostrador me da un cierto repelo. El hipercor de puerto banús no es famoso por su calidad, por su respeto a la cadena de frío, ni por la frescura de sus “frescos”. Me han llegado a vender empanadillas congeladas con una respetable capa de moho verde congelado. Miedo me dan.

Pregunto al dependiente por los gambones para plancha, y me intereso -a la vista del lamentable estado de los especímenes expuestos- por si tienen más en el interior. Naturalmente, me responde. Al menos aquí, el concepto gambón está claro, no como en mi última visita a un Supercor de Zaragoza: Hola maña, quería dos kilos de gambones. La dependienta me mira como si le hubiera pedido babas de alien. Eso no existe. Ah. Qué hermosa la diferencia entre razas y culturas, qué bonito el cosmopolitismo. No sé de qué me hablas, luego no existe. Ahí estamos. Trato de describirle el animalito. Todas las señoras de la pescadería me miran por encima del hombro. Madrileña tenía que ser. Gambones pide, nada menos. Al final, la pescatera me suelta: Lo que usted me pide es lo que viene siendo “gamba langostinera”. GAMBA LANGOSTINERA. Pero si digo yo que en este pueblo se inventan las palabras!!! Me muestra cuatro gambas mugrientas que le quedaban, mustias y amariconadas. Le digo que yo eso no se lo llevo ni a mi perro, que el marisco podrido, lo mejor que se puede hacer con él, es enterrarlo, y bien profundo. Que me dé esas dos lubinas, que no tienen pinta de cadáver y ya veré que hago con ellas.

A punto estoy -meses después- de decirle lo mismo al dependiente del hipercor de hoy. Que a mí eso no me lo ponga y que me saque los gambones “de dentro”. Están congelados, me responde. No importa, me los llevo. Y los saca, y me los pone -buenísimos, por cierto.

Cuando por fin abandono el hipercor en dirección a mi madriguera base, una churri rubia-de-bote-conejo-negrote, a bordo de un impresionante mercedes, trata de incorporarse al paseo marítimo procedente del club náutico. Te jodes, tía, no pienso dejarte poner. Debe ser que su coche NO es de renting, porque clava el freno y me mira con cara de mala hostia. Yo, a bordo de mi audi, “criatura con ruedas” cortesía de mi empresa, la observo con suficiencia. Hala, come Mercedes, capulla, que por aquí no pasas.

Qué pinta tiene la peña, por favor. Parezco una homeless en comparación con la población de la zona. Cónyuge A, esta mañana, me informa de lo que había en la piscina. Deberías verlo, TODAS operadas de las tetas.

Creo que mañana -que también hará mal tiempo- volveré a visitar a mi amiga Isabel, de Dessange, a que me unte las mechas con su cuenco, cual hechicera de la tribu. Me da una pereza que te mueres volver a madrís y pasar por la pelu nada más llegar, pero es que comienzo a tener un aspecto más bien lamentable.

La blackberry me permite seguir conectada con mis amigotes y compañeros de curro, y hemos entrado en una competición fotográfica sobre dónde hace mejor tiempo, la cual he ganado por goleada gracias a una extraordinaria semana en las rías baixas, el único lugar en españa donde ha hecho sol, sol y más sol, mientras Denia, Cádiz y Marbella se sumían en una pertinaz -y asquerosa- llovizna.

Y a todo ésto, como curiosidad, el cartel que me llamó la atención en las autopistas -o autoestradas- gallegas.

La virgen. Una infracción que no he cometido ¡que morbo!, “tirar cabichas”, nada menos. ¿Qué tirará por aquí la peña? Cabichas? Igual es la prima hermana de la lamprea, o la sierpe de ferrol, cualquiera sabe.

Qué barbaridad, peligroso debe ser un rato; 4 punticos nada menos, por tirar una cabicha al asfalto. ¿Serán venenosas? Igual te muerden el culo, en cuanto te despistas un momento del volante.

Más peligrosa me parece la incompetencia al volante que demostró un buen número de gente durante el viaje de ida a marbella, a 200 kms de córdoba. De pronto, y sin previo aviso, cayeron los rayos, las centellas, la manta de agua y el santo advenimiento sobre la A-4. No era un simple diluvio, era una maldita tromba que hacía que no se viera más allá de las narices. Y qué hizo la peña? Clavar el coche y desviarse huyendo aterrados a las vías de servicio, que en pocos minutos se convertirían en barrizales, y PARARSE ALLÍ en medio como gilipollas, montando un atasco que te cagas y propiciando todo tipo de situaciones más bien jodidas, sobre todo para los camiones que trataban de meterse en dichas vías y se las encontraban taponadas por paisanos con coches llenos de niños, tablas de surf y remolques con avituallamiento.

Un capullo -no había otro nombre- había bloqueado el carril derecho de la autovía porque -madre de mi alma-, un bloque de plástico rojo y blanco, de esos que se usan para señalizar, se había movido y había invadido parte de la carretera por el agua. Pero mamón, dale un toque con el coche, y lo apartas, o te bajas y lo mueves. Pues no, ahí estaba, como un mamerto, con el intermitente puesto, a ver si podía meterse en el carril izquierdo, donde los que íbamos circulando no teníamos la menor intención de parar en la piscina en la que se había convertido la carretera.

Poco a poco, circulando con lentitud y manteando el aquaplanning, conseguimos abandonar la zona de catástrofe -el sentido contrario estaba ya cortado por similares comportamientos- y salimos a la luz del sol, momento en que los peques aprovecharon para pedir su condumio, que les había entrado la gazuza. Criaturicas.

En fin. Mañana lloverá -o no- y habrá que mantener entretenidas a los cinco enanos que tenemos por aquí, que no es poco.

Silcas

Cerrado por vacaciones

Un poco obvio el post, pero al ver al Oraculador lanzándose al noble arte del blogueo, que digo yo que habrá que despedirse del personal y decir que hasta septiembre, a ver si volvemos todos más relajaditos y con menos prisas…

Os dejo como cabecera una bonita vista de las cíes desde Baiona sur mer, y una foto de mi hijo a punto de zambullirse con su tabla en las gélidas aguas gallegas… a la vuelta prometo post sobre lo que viene siendo la gamba langostinera y su ilustre historia.

FELICES VACACIONES !!!

Gestión de manadas

Deberían existir cursos de economía doméstica de examen obligatorio para todo aquel que pretenda criar humanos. Que digo yo, que si me propongo montar -por ejemplo- un criadero de chinchillas deberé estar en posesión de determinados conocimientos aunque sólo sea por conseguir la ISO; qué comen, cuántas horas duermen, cuidados médicos básicos, y un sinfín de detalles que van desde el tamaño mínimo de la jaula a los entresijos sociales de los mencionados animalitos, comenzando por si tienen la inquietante costumbre de matarse entre ellas a dentelladas si se ponen juntas o no. Aquí, cualquier pareja humana que tenga intención de tener descendencia no recibe la menor instrucción en cuanto al manejo técnico de cachorros humanos, y prácticamente dependen de la crianza que la hembra de la pareja haya recibido de su madre -la cual podría tener sentido común o no- y de la buena disposición del macho, el cual tiene una alarmante tendencia a dormirse como un lechón en cuanto se instala en la hamaca de la playa.

Hace dos días tuvimos visita playera; nuestros primos de Zaragoza, él, ella y sus 4 vástagos. Hasta ahí, todo bien, nada que no se resolviera con un poco más de pollo empanado, croquetas y unas raciones de nuestras amigas las Cuchis. Con lo que no contábamos era con sus acompañantes; sus hermanos: él, ella y sus 5 criaturas. La leche. Trece humanos se dirigían a toda velocidad hacia nuestro inexpugnable feudo de Puerto Banús, en sus respectivos manovolúmenes. Por supuesto, se perdieron en la salida de la autopista, y Cónyuge A consiguió rescatarlos en la rotonda de acceso a puerto banús y enfilarlos hacia la playa de las Cuchis, concretamente hacia un  chiringuito con hamacas que estrenábamos este año.

Y ahí estaba yo, envuelta en mi cazadora vaquera -joer, lástima de día, el ÚNICO que ha hecho un poco de frío y nubecillas variadas-, en pose idéntica a la de la señora de Gladiador, con la mano haciendo de visera y oteando con paciencia el horizonte a la espera de su fiel esposo. Y no, no llegaban. Acabé volviendo a acurrucarme en mi hamaca. Mis hijos, con mas moral que el alcoyano, se habían aposentado en la zona limítrofe de la arena y me iban retransmitiendo la jugada. Mamá, que ya han abierto el maletero, pero no salen!! Muy bien hijo, será que los tienen amarrados dentro para que no se escapen. Anda, vuelve a ver. A los 1o minutos, Mamá, que ya se están bajando de los coches, ya vienen!!! Poco a poco, cuales huestes de atila, iban desfilando sobre la arena; los 4 adultos arrastrando unas bolsas de tamaño más bien considerable, una adolescente, dos bebés menores de 12 meses -uno de ellos en sillita- y el resto, criaturas de uno y otro sexo  de altura y peso variable que oscilaban entre los 3 y los 12 años de edad.

A la hora de comer, y dado que con semejante volumetría encajábamos mucho mejor en la categoría “bodas y banquetes” que en la de reservas corrientes, optamos por comer en las tumbonas para poder vigilar a la jauría; los peques bocatas y pollo empanado, y nosotros unas racioncitas variadas junto con un vino blanco estupendo que te ponen en una cubitera. De postre, mojitos. Bueno, hubo una que pidió un cortado, pero enseguida entró en razón. No quedaron ni las galletas, zumos y chuches que llevábamos para la merienda, porque los enanos se lo trapiñaron TODO!!

En realidad, el único estrés era controlar a tanto crío, cada uno con una trayectoria errática, excepto la solitaria adolescente, que acunaba pacientemente a uno de los bebés. El resto, corría, jugaba, se remojaba, se clavaba astillas en los pies o se metía arena en los ojos, tropezaba, se rebozaba como las croquetas, gritaba, lloriqueaba, moqueaba y todo tipo de acciones aleatorias que suelen realizar los enanos en edad escolar.

De pronto me giro y veo a una enana de 12 meses jugueteando con sus manitas llenas de arena… ¡¡con mi blackberry recién hurtada de mi bolsa de la playa!! (esas bolsas pesan dos toneladas y que llevamos las mamás LLENAS de todo tipo de cosas aparentemente inútiles, como bakugans, gormitis, docenas de conchas, kleenex, toallitas, cuentos de blancanieves, restos de chicles y sabe Dios qué más).

Una de las cosas que debería comercializar algún sesudo -porque la tecnología propiamente dicha, ya existe- es una pulsera que lance una alarma a nuestro móvil cuando el vástago se aleja más allá de una distancia previamente programada. En el caso de los adolescentes, debería incorporar la posibilidad de soltarle una descarga moderada de voltios cuando se retrasan en la hora de la llegada a casa o cuando se hacen los longuis a la hora de coger el móvil (que pooor supuesto tiene cobertura y saldo de sobra para atender las llamadas de sus padres).

A eso de las 6 decidimos retirarnos de la playa y -previo paso por urgencias para revisar a una de las peques, que tenía fiebre- realizamos un honrado intento de dar una vuelta por el paseo marítimo de Marbella, pero se quedó en eso. La manada visitante decidió replegarse a sus cuarteles en Málaga y nos dejaron abandonados a los pies de nuestro restaurante favorito, donde procedimos a cenar con tranquilidad.

Luego, procesión marbellí: mi hijo, encaramado en una barandilla y agarrado a la farola, me avisa con entusiasmo de la proximidad de cada Paso. ¡¡¡Mamá, mamá, ya viene, ya viene la Virgen con sus “compinches”!!! Hijo, por favor, cofrades no compinches!! La señora de al lado lloraba de risa. Mi hija; Mamá, ¿porqué hay niños? Y mi hijo empeñado ¡¡mamá, ya vienen los generales! (si es que le sale el alma rusa: todo es intenso, bélico o dramático; entre los compinches, los generales y los enmascarados, esto más que la procesión del Cristo del Calvario parece el cuartel general de Atila)

Hoy, otro insoportable día veraniego. Caramba, qué suerte hemos tenido este año con el tiempo. Mañana, playita, y después de comer, a Madrid.  Qué pereza. Pero en fin, más pereza da viajar y al día siguiente, ir a currar.

Silcas

Stress marbellí

No, si esta gente no se pelea más porque con este clima es imposible. Yo muto, directamente. Bajo de mis habituales 2,800 rpm a las 1,500 con mucha suerte. Me convierto en una marsopa, sólo duermo, me tumbo y mastico.

Hoy ha amanecido raro, despejado pero con ventarrón, así que nos hemos puesto los bañadores y echado las bolsas en el coche por si las moscas, pero no hemos ido a la playa. A eso de la una hemos ido a dar un paseo por el puerto, donde los cacho peces devora-yates han causado sensación entre mis vástagos, que se empeñaban en asomarse por el bordillo mientras su madre era hipnotizada por el escaparate de La Perla. En medio, cónyuge A trataba de sujetar a unos y controlar a otra, tarea harto difícil y que requería gran coordinación mental y los brazos de elastigirl.

Hablando de yates, acabo de encontrar el de mi amiga María José; querida, no lo busques más, que lo encontré:

Y por si había alguna duda:

Da gusto pasear por un sitio donde no parece que haya crisis de ningún tipo. Porsche, Lamboghini, Ferrari, todo tipo de carros espectaculares, que el mío -digo el de mi empresa, que es de renting- parece una mierda al lado de tanta preciosidad.

Hablando de rebajas, he dado con una tienda alucinante. Zapatos espectaculares, rebajados de casi 200 euros a 35. Voy a tener que vendarme los ojos, que yo con los zapatos ¡¡me pierdo!!.

Visto que no hacía un día claramente playero, hoy he reservado hora en la pelu ideal de la muerte, ya sabéis, en Jacques Dessange de Puerto Banús, donde te sacuden a base de bien pero trabajan d.p.m., y yo a mis años ya no me la juego, voy a donde sé que me dejan los pelos decentes. Con lo que flipo es con la diferencia de precio, en p.banús me sale unos 50 euros menos que en la misma cadena en su pelu de Madrid. Mientras mi paciente y querida Isabel untaba mis mechas cuenco en mano, leo la noticia que me deja patidifusa: una churri, estilista del vogue de nosedónde, que tiene 250 pares de zapatos, todos de tacón altísimo.  Joer, y yo preocupada por mi desbordamiento zapateril, pues no, chica, no. Pero si esta chorba tiene un par para cada día del año. ¿Dónde los debe guardar? ¿Tendrán casa propia, los putos zapatos de tacón? ¿Y dónde meterá las bailarinas o las espardeñas, en la buhardilla? Porque de esas debe tener miles, digo yo ¿Y cómo leñes hará para acordarse de todos los que tiene? Es decir; una sabe más o menos qué zapatos moran en los diversos zapateros, cajas y cajones,  y para tal conjuntito, tal zapatito, pero esta debe necesitar una base de datos oracle a plena potencia para poder componer sus modelitos. Te cagas. Seguro que alguno se ha pasado de moda antes siquiera de estrenarlo. 250 pares de taconazos, cágate lorito.

Me siento en paz conmigo misma, ¡¡joer, pero si las hay peores que yo, que comparada con esta prójima soy una malva!! Mientras estoy pasando por la fase de chapa -es decir, corte de melena-, sms de cónyuge A. Que se han ido a casa sin las llaves, las cuales por supuesto están en mi bolso. Genial. Ahí están los tres, como tiestos, metidos en el porche del jardín.

Al final, me recogen al lado de la pelu, mi hijo me mira la melena y protesta: “Mamá, no parece que te hayan hecho nada”. Ahí estamos, genio y figura, si es que este chico promete. Es masculino al 100%, lo cual -no creáis- me tranquiliza. No estoy preparada para ser suegra “gay”. Eso suponiendo que viva para llegar a tan magno momento, cosa que dudo.

Ha lloviznado un poco, pero ya está saliendo el sol. Mañana, playa fijo. Me conformo con que no sople el levante. Y además, mañana pienso correr, que voy a correr todos los días hasta que me quepa el bikini guess enano que pesqué el otro día en Privalia. Y para entrar en “eso”, más me vale comenzar ya…