Adiós Amy, hola verano

Todo de golpe, una llega a puerto banús, estrena playa y quemadura de espalda y se nos mata la winehouse; casi diría que entre todos la mataron y ella sola se murió, pero es más bien lo último.

Aparte los desvaríos de los comentaristas de la noticia en los medios, la verdad es que es una pena. Me encantaba esta mujer, vaya voz que se ha perdido.

Y me encuentro con la noticia a la vuelta de hipercor de puerto banús, que cada día está mas enorme, y caótico. Me cuesta dios y ayuda encontrar las cuatro vainas de siempre que vengo a buscar, las cosas están puestas sin orden ni concierto, y al final, te lleva una hora llenar cuatro míseras bolsas de plástico, que por supuesto te cobran. Y claro, llevo mis bolsas reutilizables reglamentarias en el maletero, pero joder, como para acordarse de cogerlas.

Pero con lo que aluciné de verdad fue con el lineal de los caviares, anchoas y mújoles variados. Al lado del caviar de salmón, sustancia que me gusta casi más que el beluga (principalmente porque el tarro de 100 grs te cuesta 14 euros y no 140), unos impresionantes tarros de smetana (nata agria), que me chifla y que es muy difícil de encontrar porque es como pretender encontrar salmorejo en medio de la estepa rusa.

Y sigo adelante y me encuentro con otro mueble -como digo está muy desordenado- con más variedades de smetana -otra vez- y kéfir que de danone. Vamos, que tenemos a media población rusa metida en puerto banús, aquí la guiri parezco yo, de no ser por mi espalda requemada y mi vestidito hipi y mis sandalias planas de cuero.

Tengo pinta de guiri y me aprovecho de ello en el parking, como buena TORDA he aparcado al revés, es decir, me explico: el maletero totalmente inaccesible para meter las bolsas, así que dejo el carro a un lado y muevo el coche para meter las bolsas dentro.

Entonces, aparece otra TORDA, tordilandia comienza a parecer ésto, con un precioso y anchísimo mercedes descapotable, y para mi incredulidad, descapotado, porque el calor inhumano que hace en el parking del corte inglés de puerto banús solamente podría compararse al que haría en el despacho de satanás.

Y la criaturica pretende meterlo en el hueco que yo he dejado. Comienza a maniobrar como una loca, mientras su acompañante, bastoncico en ristre, trata de orientarla para que pueda encajar el coche entre los otros dos. Saldrá por el capó, claro. Porque si yo lo tenía jodido, ella no te cuento.

Mientras maniobra con su largo y gigantesco carro, me mira como esperando a ver si LA MENDA mueve el carro para que ella pueda aparcar con mas comodidad. Me hago la guiri, sueca por más señas y abro olímpicamente el maletero, con esa gracia y salero que solo tienen las madrileñas acostumbradas a meter la compra en los maleteros en un pis pis.

¿Y que me encuentro? Pues con las 6 puñeteras tablas de surf de los niños, que me impiden meter otra cosa que no sean los bricks de leche -y siempre y cuando sea desnatada, que la entera ni de coña.

Cagate lorito. Plan B. Comienzo a meter las bolsas en los alzadores y sillas de los peques, y como digo, los bricks de leche justo pegaditos a la colección de tablas, la cual han sido enriquecida con un nuevo miembro: una tabla de princesas disney cursi hasta la retranca para mi hija, que esta mañana su prima y ella andaban a la gresca para subirse encima. Hala, lo que faltaba.

Porque claro, señores, ahora vamos a la playa con lo siguiente:

6 niños, de edades comprendidas entre los 6 y 12 años, 4 niñas y 2 niños.

3 bolsas, una de toallas y otras dos de ropa, ungüentos, revistas y libros que al final nunca lees y terminan llenos de arena.

1 pliego de cierto ministerio que ha sacado la licitación para presentar el 30 de agosto, tocate los huitos. Los proveedores a currar mientras vosotros estáis en la playuqui, eh? Cacho perros.

1 mochila de plástico con cubitos, palitas y tal y tal.

1 bolsa de plástico con 8 pares de escarpines. Porque pretender meterse en el agua de esta playa sin escarpines es causa segura de sufrimiento atroz en las pezuñas. No he visto una playa con unos pedruscos tan horribles en toda mi vida. Nada más entretenido que sentarse en la orilla a ver cómo los guiris gritan de dolor tratando de salir a la orilla mientras las olas les empujan y les hacen enterrar los pies entre los pedruscos. Luego miran con envidia tus escarpines, y a más de una le he dicho where to buy these things, at corte ingles, darling, oh thanks a lot, this is simply awful!!! Ya te digo.

1 bolsa-nevera con agua para los enanos y un par de birras (que muchas veces terminan volviendo a la nevera de casa porque termino sucumbiendo a la tentación de los mojitos que preparan en el chiringo)

Nos ahorramos la sombrilla porque cogemos tumbona y sombrilla de paja reglamentaria, que para cuatro días no nos importa pagarlo.

Desde luego, hacemos dos viajes porque ocho no cabemos en el carro ni apretujando a los niños unos contra otros.

Y naturalmente, las puñeteras y jodidas tablas se quedan en el maletero, cosa que por supuesto olvido SIEMPRE.

Ha hecho un calor atroz, hoy. Y eso que estábamos en la playa a las 11,30, y nos hemos comenzado a retirar a las 13:30, cuando lorenzo comenzaba a pegar, pero bien. Mañana más. Lo que es seguro es que sólo iremos a la playa de 11 a 13,30 como mucho, que este verano está que arde, entre la masacre noruega, la caída en picado de este país y la pobre Amy, que se ha marchado a animar el mas allá con su inimitable eyeliner y su voz incomparable. Descansa en paz, chica.

Ultimos coletazos

Digamos que en cuanto te pones perezosa para soportar la arena, la sal y los chiringuitos, y comienzas a mirar centros comerciales con ojos de carnero degollado, es síntoma claro de que has tenido suficiente playa.

Y si  rematas adquiriendo algo de ropa de otoño en el Zara de turno, es que estás lista para la reentré. En mi caso, cayeron dos faldas, una camiseta y un chaleco peludo (yo no uso chaleco, así que mi estado debe ser crítico). El remate fue la compra de medias en Marks&Spencer, un hecho de lo más revelador.

Lo más importante para reincorporarse a la vida diaria sin ningún tipo de depresión post-vacacional, es encontrar la suficiente motivación para que te apetezca volver a la rutina. Lo de la rutina está injustamente denostado, porque tiene su encanto, sobre todo para los enanos, los cuales comienzan a ponerse perezosos incluso para salir a la piscina, que dicho sea de paso, está a la vuelta de la esquina.

La playa agota a cualquiera, y eso que por aquí no abusamos: de 11,30 a 14, y a correr a cobijarse al aire acondicionado de casita hasta eso de las 6. Eso de quedarse todo el día en la playa me parece inhumano, con el caló, la sudó, la mieda en los pies… no tengo alma de chiringuito marbellí, y en realidad, lo único que me parece interesante es que te traen la cervecita a la hamaca (eso sí, para que te traigan las malditas aceitunas tienes que insistir, mañana sin falta retomo la costumbre de neverita con cervezas y pepinillos y que les den por saco).

Los guiris son bastante silenciosos, lo cual los convierte en compañeros de tumbona bastante tolerables, pero los de la tierra,  son para freirlos en aceite de oliva. Hoy, una nativa de edad crecidita -digamos que 16- increpaba a su hermano porque pretendía arrebatarle la raqueta que le había regalado su mamá. TONTOPOLLA!!! le chilló delante de toda la playa. Mis hijos. Mamá, que ha dicho esa señora (me conmueve ver que a mi hija de 6 años una adolescente le parezca una señora, es una manera de rejuvenecerme como otra cualquiera). Nada hija, que es un poco burra y habla fatal. Mi hijo; ha dicho TONTO-y lo que sigue. Si hijo sí. A que dice muchos tacos?. Sí, y es fea. Se da media vuelta y se marcha a seguir jugando con una amiguita inglesa de su edad, monísima, rubísima y con bikini negro. Le debe gustar mi hijo porque hasta le ha dejado el retel para pescar bichos. Mi hija ejerce de cuñada y se une al grupo para buscar libélulas y echárselas a los peces. Entretenidos están un rato…

A lo que vamos; motivos para volver al cole:

1. Renovar el armario, no exactamente a base  de nuevas adquisiciones, pero sí a base de quitar de enmedio toda la ropa de playa, que ya incluso resulta cansina, y rescatar algo de ropa otoñal. Estoy de pantaloncitos, camisetitas y vestididos hasta las narices.

2. Presumir de bronceado en la oficina. Es lo que tiene irte de vacaciones la última, jejeje. Todos los demás, ya ni parece que hayan olido la playa, y tú, exultante, con un bronceado caribeño del nueve.

3. Empezar en el gimnasio. A ponerse cachas, bieeen!! Estoy deseando comenzar, ya hice una sesión de prueba y me va a ir de perlas.

4. Los enanos al cole. Por fin la tranquilidad, la serenidad y el orden vuelven a reinar en la vida familiar, se acabó la coña marinera de acostarse a la hora que sea y estar todo el día medio dormido y de mal humor, comer cualquier guarrería e inflarse de palomitas en el cine.

5. Volver a dormir en tu cama!!!! bieeeen!!!! Si es que en casa se está como en ningún sitio!! echo de menos mi almohada, y el colchón no digamos!!

6. Poner en marcha planes malignos para destruir tu madriguera base, de esos que inquietan a cualquier cónyuge, a saber por orden de acojone:

a) Redecorar el cuarto del enano de 9 años. Que ya vale de peluches y barcos piratas, a tomar por saco medio parque juguetil, pintura y reorganización de infraestructura. Si me oyeran Buzz Lightyear y Woody se les pondrían los pelos como escarpias …

b) Redecorar el cuarto de la enana, lo cual implica tirar el armario de bebé que tiene, liquidar también peluches y juguetes para menores de 3 años y convertirlo en un cuarto para niña de 6 añitos. Eso incluye por supuesto la adquisición y montaje de algo con -más o menos- esta pinta, no necesariamente con estos colorines, ni con este formato:

c) Intercambiar cuarto del enano por el nuestro, mudarlo junto al de su hermana y apoderarnos de su habitación, que es más grande que la nuestra. La operación incluye tirar abajo el cuarto de baño y actualizarlo con -por ejemplo- una ducha de hidromasaje o artefacto relajante similar.

d) Reformar la cocina. Creo que éste es el peor porque es el más caro, aunque es el que menos esfuerzo personal requiere.

Así que comprenderéis que estoy deseando volver a poner las manos en la masa y hasta pienso aprender a pintar a brocha gorda. No pienso tener piedad con ningún juguete, colcha vieja, artefacto inútil o zapato de más. Si tuviera una varita mágica, me libraba de la mitad de lo que hay en casa.

Silcas

Fauna playera – I

Ouf, es que a mí, los banusinos, me ponen. Sean autóctonos o de importación, es que se salen. Así que heme aquí, una vez más saliendo de mi letargo estival para postear sobre el tema.

Hoy, día 2 de la quincena vacacional en puerto banús city, me atrevo a abandonar la seguridad de mi madriguera base para acudir al hipercor, a ver si era posible hacerse con algún bicho para echar a la sartén, tipo carabinero o gambón. Y carabineros había, gigantescos y a 80 euros el kilo, así que casi no. Me voy a por los gambones, que están bien ricos, y a 9,90 euros/kilo. Los hago a la sal, a saber, sartén con el fondo cubierto de sal gorda, bichos encima, y papel albal cubriendo la sartén. 5 minutos, y listos.

Lo que veo en el mostrador me da un cierto repelo. El hipercor de puerto banús no es famoso por su calidad, por su respeto a la cadena de frío, ni por la frescura de sus “frescos”. Me han llegado a vender empanadillas congeladas con una respetable capa de moho verde congelado. Miedo me dan.

Pregunto al dependiente por los gambones para plancha, y me intereso -a la vista del lamentable estado de los especímenes expuestos- por si tienen más en el interior. Naturalmente, me responde. Al menos aquí, el concepto gambón está claro, no como en mi última visita a un Supercor de Zaragoza: Hola maña, quería dos kilos de gambones. La dependienta me mira como si le hubiera pedido babas de alien. Eso no existe. Ah. Qué hermosa la diferencia entre razas y culturas, qué bonito el cosmopolitismo. No sé de qué me hablas, luego no existe. Ahí estamos. Trato de describirle el animalito. Todas las señoras de la pescadería me miran por encima del hombro. Madrileña tenía que ser. Gambones pide, nada menos. Al final, la pescatera me suelta: Lo que usted me pide es lo que viene siendo “gamba langostinera”. GAMBA LANGOSTINERA. Pero si digo yo que en este pueblo se inventan las palabras!!! Me muestra cuatro gambas mugrientas que le quedaban, mustias y amariconadas. Le digo que yo eso no se lo llevo ni a mi perro, que el marisco podrido, lo mejor que se puede hacer con él, es enterrarlo, y bien profundo. Que me dé esas dos lubinas, que no tienen pinta de cadáver y ya veré que hago con ellas.

A punto estoy -meses después- de decirle lo mismo al dependiente del hipercor de hoy. Que a mí eso no me lo ponga y que me saque los gambones “de dentro”. Están congelados, me responde. No importa, me los llevo. Y los saca, y me los pone -buenísimos, por cierto.

Cuando por fin abandono el hipercor en dirección a mi madriguera base, una churri rubia-de-bote-conejo-negrote, a bordo de un impresionante mercedes, trata de incorporarse al paseo marítimo procedente del club náutico. Te jodes, tía, no pienso dejarte poner. Debe ser que su coche NO es de renting, porque clava el freno y me mira con cara de mala hostia. Yo, a bordo de mi audi, “criatura con ruedas” cortesía de mi empresa, la observo con suficiencia. Hala, come Mercedes, capulla, que por aquí no pasas.

Qué pinta tiene la peña, por favor. Parezco una homeless en comparación con la población de la zona. Cónyuge A, esta mañana, me informa de lo que había en la piscina. Deberías verlo, TODAS operadas de las tetas.

Creo que mañana -que también hará mal tiempo- volveré a visitar a mi amiga Isabel, de Dessange, a que me unte las mechas con su cuenco, cual hechicera de la tribu. Me da una pereza que te mueres volver a madrís y pasar por la pelu nada más llegar, pero es que comienzo a tener un aspecto más bien lamentable.

La blackberry me permite seguir conectada con mis amigotes y compañeros de curro, y hemos entrado en una competición fotográfica sobre dónde hace mejor tiempo, la cual he ganado por goleada gracias a una extraordinaria semana en las rías baixas, el único lugar en españa donde ha hecho sol, sol y más sol, mientras Denia, Cádiz y Marbella se sumían en una pertinaz -y asquerosa- llovizna.

Y a todo ésto, como curiosidad, el cartel que me llamó la atención en las autopistas -o autoestradas- gallegas.

La virgen. Una infracción que no he cometido ¡que morbo!, “tirar cabichas”, nada menos. ¿Qué tirará por aquí la peña? Cabichas? Igual es la prima hermana de la lamprea, o la sierpe de ferrol, cualquiera sabe.

Qué barbaridad, peligroso debe ser un rato; 4 punticos nada menos, por tirar una cabicha al asfalto. ¿Serán venenosas? Igual te muerden el culo, en cuanto te despistas un momento del volante.

Más peligrosa me parece la incompetencia al volante que demostró un buen número de gente durante el viaje de ida a marbella, a 200 kms de córdoba. De pronto, y sin previo aviso, cayeron los rayos, las centellas, la manta de agua y el santo advenimiento sobre la A-4. No era un simple diluvio, era una maldita tromba que hacía que no se viera más allá de las narices. Y qué hizo la peña? Clavar el coche y desviarse huyendo aterrados a las vías de servicio, que en pocos minutos se convertirían en barrizales, y PARARSE ALLÍ en medio como gilipollas, montando un atasco que te cagas y propiciando todo tipo de situaciones más bien jodidas, sobre todo para los camiones que trataban de meterse en dichas vías y se las encontraban taponadas por paisanos con coches llenos de niños, tablas de surf y remolques con avituallamiento.

Un capullo -no había otro nombre- había bloqueado el carril derecho de la autovía porque -madre de mi alma-, un bloque de plástico rojo y blanco, de esos que se usan para señalizar, se había movido y había invadido parte de la carretera por el agua. Pero mamón, dale un toque con el coche, y lo apartas, o te bajas y lo mueves. Pues no, ahí estaba, como un mamerto, con el intermitente puesto, a ver si podía meterse en el carril izquierdo, donde los que íbamos circulando no teníamos la menor intención de parar en la piscina en la que se había convertido la carretera.

Poco a poco, circulando con lentitud y manteando el aquaplanning, conseguimos abandonar la zona de catástrofe -el sentido contrario estaba ya cortado por similares comportamientos- y salimos a la luz del sol, momento en que los peques aprovecharon para pedir su condumio, que les había entrado la gazuza. Criaturicas.

En fin. Mañana lloverá -o no- y habrá que mantener entretenidas a los cinco enanos que tenemos por aquí, que no es poco.

Silcas

Cerrado por vacaciones

Un poco obvio el post, pero al ver al Oraculador lanzándose al noble arte del blogueo, que digo yo que habrá que despedirse del personal y decir que hasta septiembre, a ver si volvemos todos más relajaditos y con menos prisas…

Os dejo como cabecera una bonita vista de las cíes desde Baiona sur mer, y una foto de mi hijo a punto de zambullirse con su tabla en las gélidas aguas gallegas… a la vuelta prometo post sobre lo que viene siendo la gamba langostinera y su ilustre historia.

FELICES VACACIONES !!!

Perdidos en el ciberespacio

Me resisto, chicos, me resisto al uso y abuso de las tecnologías para fines completamente absurdos. Nada como las call conference para cometer toda clase de tropelías.

Hoy, viernes, en vez de nuestra querida jornada intensiva, teníamos una sesión denominada guasonamente por uno de nuestros colegas como “Refuse to Eat”. La finalidad de la sesión es algo así como “CEO de mis amores, que quiero vender ésto y me tienes que echar una mano que lo llevo malamente”. Y por tanto, nuestros sesudos mayores, la bautizaron como Refuse to Lose. Y como concepto no está mal, con lo que nos metemos es con la forma. Lo de Refuse to Eat viene porque estas bonitas sesiones suelen comenzar los viernes a las 13:30 y duran lo que el jefe quiera, es decir, que en algunos casos se liquidan en una hora, y en otros nos eternizamos y nos enquistamos cuales piojos en la cabeza de mi hija. Por tanto, lo normal es que te quedes sin comer y salgas con más hambre que el perro de chewbacca.

Así que el convocante de la vaina ésta,  nos abre un “bridge” telefónico, que consiste en que llamas a un número de teléfono, marcas un código y ya estás con tus colegas en el ciberespacio, todos en versión virtual (“now joining, perico el de los palotes”, “now leaving, menganito” uaoymini dupuan”,  y rascándose lo que proceda. Porque a saber dónde anda cada uno, que fijo que habrá gente en el baño, tumbada en la cama o paseando por la playa, y ¡¡siempre la mierdablackberry ésta!!, que cuando voy a teclear el puñetero código, como estoy en el mensaje donde figura, no puedo, y cuelgo sin querer, y como es un número largo, no me lo aprendo, o peor, lo  marco mal y aparezco en la reunión virtual de viciosos onanistas y flipo. Joer, pero qué sufrimiento. Y con este calor, metida en el coche estoy, refugiada en el aire acondicionado a todo trapo claro, con el manos libres, la compra recién hecha, los apios asomando por mi hombro y yo aguzando la oreja a ver si consigo enterarme de lo que habla esta peña, que en cualquier momento me toca a mí contar el rollo este, dices tú el dichoso inglés. Prueba a meterte en un fregao de éstos con un tunecino, un gabacho, un holandés, tu jefe, el otro jefe, el CEO, que es de aquí la tierra, y otros doce o trece que están callados pero están ahí, en el puñetero ciberespacio, como si fueran Yoda y sus amigos. Mi jefe me pasa el testigo y cuento en brevísimas palabras cuál es mi deseo para el día de hoy sin creerme ni una palabra. Luego mi jefe apostilla algunas consideraciones.

“ai anderstan nothing of nothing”, dice el CEO.

Peerfecto. No esperaba menos, my friend. Y cómo leñes te ibas a enterar de algo, con ese briefing de mierda que te hemos pasado en la plantilla corporativa. Siendo muy, pero que muy generosos, habrás deducido que tengo la intención de colocarle a la bruja de Narnia una campa de gallináceas moradas expertas en vender abanicos.

Tras diez minutos de gasto temporal de Ceo, Directores y Accounts y sabe dios qué mas, consiguen aclarar qué pretendemos.

Algo que en mi anterior empresa se resuelve copiando al susodicho y amenazando veladamente al destinatario con toda clase de desgracias personales incluyendo la ruptura de miembros, aquí no. Aquí hay que hacer algo mucho más tecno-chachi, o no vale. Dios, cómo odio las refuse to eat. No por nada, no porque nos quedemos sin zampar, es que es una pérdida de tiempo que…

En otro orden de cosas, estoy completamente enviciada con mi flamante ipod, que acabo de comprar un ipod familiar con altavoz para tener un poco de música en casa, tirar las cajas de los doscientos cds que tenemos por ahí y que dejen de acumular polvo.

A ver si llega agosto, que a este paso, nos vamos a derretir…

Silcas

Animales de compañía

No, no voy a hablar del pulpo, animal de compañía por excelencia, sino de los animalitos de dos pies y cuatro patas que nos encontramos ayer por el mundo.

Teníamos noche de casino, que consiste básicamente en que los churris, que son los que saben, se dedican a apuntar números que van saliendo en la ruleta, deciden estrategia de juego y apuestan, y generalmente ganan lo suficiente para cenar en el bufet del Casino, que es bastante presentable. Mientras, las tres marías nos apostamos en la barra con unas cervezas y patatas fritas y contemplamos el panorama. Es encantador, el Casino. La virgen, cómo se viste la peña. Pero que no vas a la boda de tu tía Enriqueta, por dios.  Dónde irá esa con Mantón de Manila!! y encima blanco. Pues anda que aquella otra. Una octogenaria, con peluca pelirroja ataviada con un vestidito corto de Custo, perfecto para una quinceañera, no para una bisabuela que además se inclinaba sobre la mesa para colocar sus fichas y nos enseñaba sus blancas y esqueléticas piernas y parte del culo, que había arramplado con toda la celulitis de la provincia. Dios qué grima. Así estábamos, entretenidas criticando al personal, que es el deporte favorito de las churris mientras los gachós se ganan el parné para poder hincarle el diente a los platos del bufé.

Pero ayer no les acompañó la suerte. Los veíamos desde la barra, cuales almas en pena, apostando una y otra vez, y palmando el patrimonio familiar y conyugal, rodeados del frente de juventudes, la gran reserva y el club de las panteras grises. Vaya peña la que había en la mesa, qué colección de glorias. Y allí estábamos las tres, cerveza en mano, observando y comentando la jugada. Huy, que ha salido el 28, ese nos viene bien, no? Pues no. ¿Pero no decías que íbamos a 30 y “vecinos”? Sí, pero ese precisamente NO es vecino, está justo en la otra punta de la ruleta. Ah. Vale. Con lo que ignoramos de la ruleta se podría llenar una piscina. De pronto, comienzan a salirles los números. Hacemos ademán de irnos a dar una vuelta. Que no, que no os vayáis, quedaos ahí sentaditas y a ser posible con la pata cruzada en la misma posición, que ahora empieza la racha, a ver si os vais y se nos jode el invento. Y cuándo se supone que cenamos, que son las 11 y tenemos más hambre que el perro de chewbacca. Nos acercamos al bufé a pedir mesa. Nos dan el nº 177. Van por el 157. Ah genial. Casi que podemos ir mirando cuándo cierra el telepizza, que entre la suerte de éstos y el overbooking, no cenamos.

Tras perder los gallumbos, nos  vamos a cenar (qué malo el bufé del lado de la izquierda, joer, nada que ver con el del otro lado ) y entonces las churris decidimos tomar una copa mientras los cónyuges hacían un último intento al blackjack. Y mira tu por dónde, comenzaron a ganar algo de pasta, que hizo que por lo menos no salieran del casino con la cabeza gacha.

Llegamos a casa a las 2 de la mañana, para encontrarnos con que teníamos visita, un murciélago había entrado en el salón y totalmente despistado, giraba dando vueltas buscando una salida. Fantástico. A ver cómo leñes se atrapa un murciélago, o al menos, se le echa fuera. Ni de coña. Ahí estaba,el  draculín, girando desesperadamente y moviendo las alitas. A ver si hay suerte y es el Cullen, que se ha colado en casa.

Va a ser que no. Opto por cerrar la puerta del salón y meterme en el sobre, paso del bicho con alas, que haga lo que le venga bien, y ya veremos si mañana el perro se lo zampa o no. Cónyuge A, preocupado. Oye, que estos bichos transmiten la rabia, a ver si la perra lo va a atrapar y tenemos un disgusto. Claro. Me imagino a la perra con capa de superman volando rauda en pos el bicho, atrapándolo con sus fauces y cogiendo la rabia por mordisco de murciélago. Pues mira, precisamente la perra es la única que está vacunada, así que no hay problema, que haga lo que quiera.

Vuelve cónyuge A de sacar al perro con otra historia de terror. Que hay un jabalí suelto por las praderas, y que el Seprona y varios osados y corpulentos vecinos armados con palos casi palman del susto al ver a nuestra perra girando una esquina. Claro, como es tan enoooorme el chucho. Tiene una pinta de jabalí que te cagas, sobre todo por la enorme lengua que le cuelga al lado de las orejas. Joer con el Seprona, vaya con los hombres de harrelson. Y vaya vidilla que tiene esta urbanización en cuanto cae la noche.

El chucho es un braco alemán, una raza especializada en la detección de jabalíes. Estos bichos suelen bajar en verano y se cuelan por los muros que nos separan del mundo de la fauna ibérica, para destrozar las praderas de césped y hozar en las raíces, que es lo que les mola. Cuando nuestra perra localiza a uno de estos ejemplares, se para en seco y se queda tiesa como un palo apuntándole con la pata. Cuando eso sucede una noche de verano a las 3 de la mañana y apunta a un arbusto oscuro y mal iluminado, sencillamente te haces caca encima. Porque una cosa es que lo detecte y otra que sepa cómo coño meterle mano a un jabalí en pleno ataque, no digamos si es una hembra con su piara.

En fin, que entre el murciélago, el jabalí, la colección de hormigas invasoras que entran desde la terraza y la población del casino, esto parece Jurassic Park.

Ya veremos si el murciélago sale esta noche de su escondite y se dedica a girar sobre el salón. Si sucede durante el partido, no quiero ni pensar en lo que hará mi suegro con él. Se lo echará de comer al pulpo, supongo.

En fin, que Dios reparta suerte y que ganemos el mundial.

Silcas

Sin luz, por favor

Y llegó por fin el primer día de piscina, blancos cuales lechugas (transparente -en mi caso- según mi compañero de oficina, el venezolano, que  trae el moreno de serie y tiene un color envidiable en cualquier época del año).

Dios mío. Y cada año es peor, claro, porque si hay algo evidente es que los cuerpos de las mozas NO mejoran  con la edad, por lo menos a partir de determinada quinta. Lo que pasa es que terminas compensándolo con un grado cada vez mas creciente de pasotismo integral, y ceguera selectiva; por ejemplo yo a las adolescentes, directamente, ni las veo, incluso a alguna le piso las tetas sin darme cuenta, y eso ayuda a que la autoestima no se caiga por los suelos. Es lo que viene siendo conocido como “ceguera de la orca”, que arrasa con lo que tiene delante sin reparar en ello.

Tras la inauguración piscinil, fuimos a comer al japo de turno, a que nuestros vástagos se pusieran ciegos de “chuchi”, como pedía mi hija de 5 años al camarero con la mayor seriedad del mundo. Y a punto estuvimos de tener un lamentable accidente cuando pretendió zamparse un maki entero y el alga se le atragantó en la garganta. Menos mal que tiré rápidamente del elemento extraño, porque ya me veía toda la tempura y el rollito vietnamita a medio deglutir encima de la mesa. La pobre lloró un poquito por el susto y enseguida se le pasó el mal trago (nunca mejor dicho) y atacó con fruición la crepe de pato laqueado. Cómo zampan, la leche.

El día del partido España-Chile, recogiendo la mesa de la cena, mi hijo rompió un molinillo lleno de sal aromatizada con hierbajos, así que no os extrañe si perdemos contra Portugal. Claro, que habrá que ver si es culpa del mal fario del salero o de lo mantas que somos. Lo bueno de currar en una multinacional es que tienes compis con los que meterte en cualquier lugar del mundo. El día del partido teníamos a la dirección ejecutiva en pleno en Chile, a eso le llamo yo viaje de riesgo. Y según parece, mañana lunes harán acto de presencia en España, vivitos y coleando. Ay, chilenos, pero qué poco compañerismo! Vaya ocasión que habéis desperdiciado, degollamiento colectivo de la dirección con eximente de trastorno mental transitorio por empanamiento futbolero.

Pero mira que siempre nos hacen lo mismo y no escarmentamos; la selección primero comienza fatal, perdemos partidos absurdos con equipos más bien humildes, luego nos crecemos y nos venimos arriba para finalmente pegarnos un leñazo en el último momento cuando ya hemos pasado de fase, en la prórroga, por “nervios” (pero qué nervios, con lo que gana esta gente deberían tener los nervios prohibidos) o con gol en propia puerta. Semos asín. En cuanto a los comentaristas, sin comentarios, a partir de ahora voy a ver los partidos con los compañeros y haciendo risas, porque mejor no escucharlos. Y cuánta gente hay que tiene banderas de España en casa, joer, yo creía que era exclusivo de los que íbamos hace algunos años a las manifestaciones, cuando este país aún tenía oposición. Ahora parece que está todo lleno de patriotas, hasta el bar más infecto con su banderita en la puerta. Claro, es que hay partido. Que si no, de qué.

Y en fin, ayer, antes de volver a casa, pasamos por un sitio de cosas de cocina a comprar la sal dichosa, que nos hemos aficionado mucho a ella y aliñar las ensaladas con otra cosa pues no es lo mismo, y entonces entonces me enteré de hasta qué punto la tecnología puede favorecer el pijerío total.

Buenas, que quería un bote de sal del himalaya con hierbas recogidas al atardecer, y ya puestos si tienes un molinillo pues también, que el arrebañaorzas de mi hijo lo destruyó ayer con la emoción del partido. Pues sí, tenemos molinillos (huy qué mono es el cacharro), y -me insiste la dependienta- ¡tiene luz!. Comor. Que sí, que tiene luz, así ves lo que echas en la comida. Ya. ¿Y no te puedes poner debajo de una lámpara, que es lo suyo? La dependienta me sonríe encogiéndose de hombros. Vale, Y cuánto cuesta la mariconada ésta? Cincuenta euros. Se me escapa una carcajada, no lo puedo evitar. Anda, dame la sal que ya -si eso- me lo pienso. Un molinillo con luz. Para que mis vástagos lo utilicen como linterna cuando juegan a los indios y las casitas, no te digo.

Naturalmente, adquirí un estupendo molinillo y de los grandes en el chino del polígono por 3,50 euros.

Y mañana comienza el campamento de verano, gracias a Dios, más que nada por los pobres abuelos, que están a punto de hacerse el harakiri de aguantar a las bestezuelas semisalvajes después de fin de curso.

Feliz domingo.

Silcas