¿Ficción o realidad?

Os traigo esta joya literaria, a caballo entre el thriller psicológico, la novela negra y la cruda realidad, especialmente recomendable para azafatas, pilotos, controladores, y en general, para todo aquel que haya volado alguna vez.

Solo os diré que vais a flipar. Lástima que sólo se pueda comprar por internet!!! porque se merecería estar en la Fnac o similar.

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Lo que más me ha gustado: el personaje, que va migrando de humano normal, rutinario y en cierto modo aborregado a una bestia sanguinaria sin el menor escrúpulo, el impresionante detalle técnico de todo lo relacionado con el control de vuelos  y el ritmillo de la novela, que combina la tensión más agobiante con las plácidas memorias de la criatura en cuestión. Son muchas páginas, pero se lee de tirón.

¡Que ustedes lo vuelen bien!

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Liciting indoor

AHHHH, esas aperturas de plicas, pero qué divertidas son. Que gran variedad, qué diversidad de modalidades, que sorpresas tan gratas nos deparan.

Y cómo mola, eso de levantarse a las 04:45, tras no haber pegado ojo debido a la inquietud (sonará el despertador?), para encaramarte al AVE-chucho de turno. Hablando de chuchos, ni el maldito cánido se ha levantado de su colchoneta para decirme “guau”, toda la casa frita. Salgo de mi hogar calentito, y me toca practicar un poquito de aquaplanning por la A-6… que estaba fina, esta madrugada, ooh qué bonitos resbalones, qué bañeras tan profundas. Qué divertido pasar al lado de un autobús de línea, entre ráfagas de viento hipo-huracanado y una manta de agua. Cómo despeja la mente y activa los reflejos. Sí señora.

Y una llega a Atocha de buena hora, aparca, y a las 6 en punto está como un clavo esperando a que abran el embarque del ave de las 6,30. Y embarcas, muerta de sueño, te apoltronas en tu sillón, y según arranca el tren con destino a Sevilla, donde se iba a producir la mencionada apertura de plicas, la megafonía te inquieta y sobresalta a partes iguales. Que por inclemencias meteorológicas no se garantiza la puntualidad. Normal. Para una vez que tengo que llegar puntual por narices. Y me lo sueltan ahora. Ah, que no lo sabían una hora antes. Podrían haberlo indicado en el embarque y a lo mejor me subo rauda en “criatura con ruedas” y me piro a Barajas a asaltar cualquier vuelo, dirigible o avioneta particular con destino a Sevilla.

Pero no. Me lo dicen ahora, que ya no puedo hacer nada más que decir adiós con la manita al andén de mis amores.

Fantástico. En teoría debo llegar 09:15 y estar en Tomares -aledaños sevillaños- a las 10 en punto. Eso me deja francamente poco tiempo, no digamos si el ave llega más tarde.

Trato de no pensar demasiado y confiar en la providencia. Al menos la peli es divertida, y me entretiene. Cuando acaba, me voy a la cafetería a desayunar un sandwich y… (bueno, diremos que pedí un CORTADO gigante, doble de café y con poca leche para espabilarme, y me traen una LECHE MANCHADA con tan poco café que se la bebería hasta mi hija, esto más que despejarme es como el biberón de las 4, me va a dejar sobada)

Me vuelvo a mi asiento, y observo el reloj inquieta. Hemos pasado Córdoba, pero me parece que ni de coña llegamos a y cuarto. Efectivamente. Son las 9,30 cuando el tren para en el andén de Santa Justa. A correr los sanfermines.

Al menos tengo suerte con el taxista, que se convierte en Fernando Alonso ante mis angustiosas llamadas a compañeros de mi oficina de Sevilla para que se acerquen al magno evento por si yo no consigo llegar. No se preocupe uté, me dice, que atajando por la Expo llegamos enseguía. Póngase el cinturón. Oiga, que no quiero morir. Aún no. No sin haber escuchado el precio de mi competencia, que es el objetivo del viaje. Se salta los pasos de cebra de tres en tres, ignorando por completo a los peatones que los pueblan, mientras la menda, entre sobada y aterrorizada, se agazapa en el asiento trasero mirando el reloj.

Llego a menos cinco, le doy propina y salto del taxi, me equivoco de planta, subo al piso adecuado, y encuentro a mi compi charlando tranquilamente con otro morador de la sala de reuniones. La chica de la recepción me toma nota del nombre, empresa y DNI. “Casi no llego, maldito Ave…”. Me mira ojiplática. ¿Ha venido desde Madrid sólo para ésto? Oooh si. Ya lo creo que sí. No considero necesario informarle de que a mí en aperturas de plica económica me las han jugado de todos los colores posibles, y que ya no me arriesgo jamás. Le parece incomprensible. Aaaay… si yo te contara, guapa.

Abrimos plicas, ningún motivo para mis nervios estomacales, no me han tirado el documento a la cara, y de precio no vamos mal del todo, en la  mitad de la tabla, así que me tomo un café asqueroso con mi compi y me vuelvo a Santa Justa. Llego con tiempo, me compro un par de revistas, un libro, y ¡hala! a Madrid otra vez. Esta vez, a las 12 me atizo un suculento bocata calentito de jamón serrano y una birra. Llego justo a tiempo para comer con mis amigotas ex colegas de empresa, y luego a las 5, una presentación a la cual llego hecha puré de patatas. Al menos, es breve.

Recados varios y vuelta al hogar, en el cual me encuentro, y donde pienso desmayarme dentro de 1 hora igual que Ella Laraña en su madriguera.

 

En el filo de la navaja

Aaah que bonito el Ave, eso de pegarte el madrugón para -al final- llegar casi una hora antes de la salida del tren. Y claro, Atocha no es precisamente un centro comercial majo, me sé de memoria el contenido de la tienda de Musgo, el de la librería y el café del garito ese infame que hay para tomar café a esas horas. Así que me fui a cambiar el billete y así montarme en el de las 8 en vez de esperar hasta las 8,30. Al menos ya estaré en el tren y si me desmayo de sueño, no habrá problema de perderlo.

Llego a la taquilla. Le pido a la churri de turno que si me puede cambiar el billete. Pozi, no hay problema. Ya puestos, que si puede ser ventanilla. No, me dice, sólo queda pasillo, estos trenes van siempre muy llenos.

Joder, pues vale. Acepto pulpo.

Voy a subir al tren, coche 3. Huy, ésto es Preferente. Comor?? preferente?? mi empresa no trabaja ese artículo, yo voy en turista siempre. Pues sí. Al cambiar el billete, me ha metido en preferente… ¡¡y en ventanilla!! pero bueno, esta mujer en qué estaba pensando?? no es que me queje, es que me podía haber metido en el Ave a Barcelona y en el vagón de equipajes.

En fin, me siento, y medio dormito con el ipod, me niego a ver el Equipo A. Al menos no me ponen G-Force, en primavera llegué a verla tres veces consecutivas en el Ave, suficiente para acaba odiando a las cobayas para los restos.

Entonces de pronto, y seguramente inspirada por los pelos de Murdock, me entra la neura de cortarme el pelo. Así, como suena. Encargo a mi hermana que me busque alguna peluquería maja en Sevilla vía internet, y me la encuentra. Supuestamente, me la encuentra, incluyendo comentario de torda sobre lo buena que era esa pelu.

Llego a Sevilla sin desayunar, y dado que iba con tiempo, me como el peor pincho de tortilla del mundo -no sólo era malo en sí, es que encima van y lo calientan en una tostadora, PUAJ-, y me voy al garito del evento. Hace un día precioso, sol y además no hace frío. Es que yo vengo de donde el Yeti, le digo al taxista. Vaya suerte, los sevillanos.

Y claro, llego super pronto, que Sevilla no es Madrid y que en media hora de carrera hasta te da tiempo a llegar a Cádiz. Así que me tomo una cocacola en una cafetería cochambrosa, la primera me la dan sin gas y se la devuelvo a la camarera, la segunda tiene gas, pero el vaso prefiero no mirarlo. Marranos.

Y entonces es cuando consigo llamar a la pelu, pido hora para las 2 de la tarde, que supongo estaré fuera del evento. Tras dos aburridísimas horas, me despido de mis anfitriones y salgo por patas a la pelu Chic Glamour, que así se llama el establecimiento. Lo cierto es que ni le dí importancia al nombre. Está en una calle peatonal, así que camino hasta llegar al sitio en cuestión. Veo a una chusqui en la calle fumando. Entonces reparo en el cartel de la puerta, lavar+cortar+peinar 15 euros. JODER JODER, hermana dónde coño me has metido!!!! Titubeo y les digo que he hablado con ellos antes, la chusqui me introduce dentro y antes de que haya podido abrir la boca ya me ha quitado la chaqueta y me ha puesto la bata.

El garito es enano, no tiene mesitas en los tocadores -solo sillas y espejo- y dos lavacabezas. Ay.

Sinceramente, me parece de mala educación decirle que le corte el pelo a su perro si quiere, que yo me voy al corte inglés, que al menos tendré garantías de que me dejarán más o menos decente. Ay que miedito que me está entrando. Esta pelu, para un apaño de lavado y peinado pase, pero para un radical cambio de look como el que pretendo -cortarme el pelo corto- NO me parece el mejor sitio. No no no… Ay, querida, la cagaste burt lancaster.

Comienza ese bonito ritual de elegir el corte. Que si me sacas algún catálogo de cortes de pelo, y eso. Claro. Me viene con tres revistas “Cuore Pelos”. Ay la virgen. Que yo no quiero que me dejen como Rihanna!!!! En realidad comienzo a confundirla, porque es obvio que quiero el pelo corto, PERO me aterra su concepto de “corto”.

 

 

Además, claro, los pelos largos cunden más y es lo que suele venir en la revista, cortos hay bien pocos y los que veo teñidos de rubio platino, pues no, mira.

Al final, vamos a ir cortando -le digo- y vemos sobre la marcha. La criatura comienza a darle caña a las tijeras, contorsionándose de mala manera para ir recortando mechones de pelo. A la mierda las mechas del amigo Dessange, sólo espero que queden bien con el corte.

Entonces miro el reloj con cierta inquietud. Son las 14:30, y mi tren sale a las 15:45. Y esto promete ir para largo.

Se nos sienta una señora al lado, la peluquera comienza a darle palique. JODER QUE FALLO. Había olvidado por completo que los andaluces -que nadie se me mosquee- se enrrollan hasta con las persianas. O bien que los madrileños vamos follados a un ritmo demencial y corremos que parece que nos van pinchando en el culo. Comienzo a preocuparme de verdad. Me veo corriendo al Ave con media cabeza rapada.

Llega otra clienta con un bebé. Por supuesto, se marcha a echarle un vistazo. 14:40. Cuando vuelve a seguir con mis pelos, le comento que tengo una cierta prisa, y que si ella cree que a las 15 habremos acabado. Menea un poco la cabeza, como calculando tiempos y comienzo a espeluznarme. Y mira tú, a base de querer acabar pronto, va y me deja un corte de pelo monísimo. Anda la leche. Pues mira que queda mono así larguito por delante y cortito por detrás, con medio volante y adiós que me voy al PUTO AVE ADIOOOOOS…!!!!!

Ññiaauuuuu…. salgo por patas , previo pago de los 15 euros (no recuerdo haber pagado tan poco en toda mi vida) pillo un taxi y consigo aparecer en Santa Justa a las 15:15, momento en el que me zampo un mollete con jamón serrano y una caña. Hala, al Ave de nuevo, con menos pelo, eso sí.

En Córdoba se me sienta al lado un fulano que huele a ferretería, joder, chaval, lleva el traje al tinte, que huele a ratón podrido, coño. Que ascazo. Apesta a tabaco, además. Me quedo medio sobada con la banda sonora de Gladiador y las narices pegadas al aire acondicionado de la ventanilla. Y cuando POFIN llego a Madrís y voy a rescatar a mi criatura con ruedas, ¿que me encuentro? pues que los marranos de las obras de Atocha han llenado mi pobre coche de mierda blanca, justo recién lavadito de ayer, que encima casi me cuesta ser tragada por un túnel de lavado embrujado! Bua bua bua, mi coche hecho una mierda, AGAIN.

Ay mi madre qué cansada estoy. Y mañana comienza la Fase 1 de la destrucción madrigueril, prometo avances.

Y por cierto, tenemos en la madriguera a un novato, un ex-accenture (aaay con las ganitas que les tengo yo a estos pavos), y según me cuenta mi compi por teléfono, casi consigue sacar de los nervios a mi amigota, que dice que es un chulito. Oh, un accenture chulito. Es exactamente mi marca de heroína -que diría Edward Cullen-, no voy a poder resistirme!!!! Que se prepare, que no sabe dónde ha caído.

Mmwwwhahahaha….

Silcas

Saturno Vs Perez

Por fin he acabado mi periplo -jueves Barna, viernes Sevilla- y reposo cómodamente en mi hogar mientras la una se traga Cenicienta por quincuagésima vez y el otro se ilustra con una serie sobre Bakugans.

El jueves por la noche, además de grandes “oohs” y “aaahhhs” cuando vieron las gominolas gigantes que les llevé desde la feria de Turismo, tuvo lugar un magno acontecimiento, consistente en la caída del primer diente de leche de mi hija.

Super huevos fritos de gominola

Mamá, mamá, ¡¡se me ha caído el diente!! Tras festejarlo adecuadamente, le pregunto por el susodicho diente para colocarlo bajo la almohada y que el Sr. Pérez proceda a su retirada y pago. No lo sé, mamá, me parece que me lo he tragado. Se le ha debido caer por ahí, no tiene ni sangre en la encía. Procedemos a escribir la correspondiente misiva al Sr. Pérez informándole de que el díscolo diente es posible que se encuentre en el estómago de la propietaria, y hasta ahí, todo bien salvo una cierta ansiedad por parte de mi hija, que se imaginaba al ratón con un cuchillo asaltando su cama en plena noche.

Una vez dormidos los enanos, Cónyuge A se ocupa de esa bonita labor consistente en sacar al monstruo a hacer su último pis antes de dormir, para lo cual casi siempre echa mano de las gominolas de los críos que están en el denominado “armario de las gominolas”. Claro, al ver las super-gominolas gigantescas, no puede resistirse, concretamente escoge una en forma de huevo frito,  precisamente la que nuestra hija mordisqueó y dejó para otro día -no me extraña, es del tamaño de su manita.

Al pegarle el primer bocado -o eso me contaba después mientras yo lloraba de risa- encuentra que algo inesperado está dando vueltas por su boca. Hay que fastidiarse, piensa, mañana tengo que ir a que me terminen la endodoncia ¡y ya me he jodido otra muela! Procede a extraer el cuerpo extraño y al mirarlo y remirarlo comienza a pensar que es un trozo un poco raro para ser parte de una muela. Y que además tiene un poco de sangre en la base. De pronto comprende que se trata del diente de nuestra hija, que se quedó clavado en la gominola (claro, ahora comprendo porqué la dejó, se había hecho daño y ya no la quiso). Y así fue como cónyuge A se convirtió en la versión moderna de Saturno devorando parte de sus hijos o bien en un competidor de Pérez, el cual debía estar agazapado en una esquina de la cocina acordándose de su santa madre.

Ser ratón pérez es duro...

Luego me llaman a la estación, donde la catatónica madre de la criatura está esperando la salida del Ave a Sevilla. Mamá, mamá, que ha venido el ratón y me ha dejado 20 euros. Joder con el ratón, esto de que te pille sin efectivo o billetes más pequeños en casa pone las tarifas por las nubes, ya podría aceptar visa o pay-pal el muy cabrón. A mí me dejaban 25 pesetas -parezco mi abuela- y listos.

Afortunadamente, acabó la semana, que tanto madrugón casi termina conmigo. En Santa Justa, miraba con nostalgia la Sala Club del Ave, donde recalaba cuando viajaba en Preferente, en mi anterior empresa. Vaya idiotez, ir en turista. Pienso hacer un estudio detallado de amortización de los 70 euros de diferencia en términos de horas trabajadas, utilización de la wifi de la sala club y posibilidad de carga de los móviles y pdas. Menos mal que la reunión fue estupenda y luego estuve comiendo con mi amiga Jugue, en la Taberna del Alabardero, donde nos dieron de zampar divinamente.

Luego, al AVE, oootra vez. Y qué les pasa a los del Ave con las pelis; ayer tocó G-Force, y hoy La Edad del Hielo 3. Así íbamos todos los trajeados, hasta las narices de currar, con los auriculares puestos y riendo las gracias de Scratch y sus colegas.

Y con esto y un bizcocho, se acabó la semana. Que ustedes lo pasen bien.

Silcas

La verdad sobre perros y gatos

Ayer me fui a la cama no a las 10, como era mi intención sino a las 11,45. A las 3 abro el ojo, me desvelo. Total, qué mas da, me tengo que levantar a las 5 menos cuarto para salir pitando a coger el Ave… Medio catatónica, repto fuera de la cama. Estoy cansada hasta la saciedad, como si me hubieran pegado una paliza. Desayuno super-rápido, ducha rápida, vestimenta y avío rápido y al coche.

Llego a Atocha una hora antes de la salida del tren, a las 06:30 comienzo a enviar mensajes a mis amigotas, tomo un café con bollo en la cafetería de la estación y a las 07:00 estoy embarcando en el Ave rumbo a Barcelona, bostezando cada medio minuto.

Con desaliento compruebo que voy en turista, joder. No tengo ventanilla, ni enchufe para el portátil ni derecho a la wifi+merendola (con gin-tonic incluido) de la sala para currantes de las estaciones. Mierda. Ni podré cargar la PDA. Cruzo una serie de correos surrealistas con la gente que gestiona los viajes. Y eso que sólo estoy preguntando. O sea, chicos, que por 70 euros de mierda, la compañía prefiere que no seamos productivos durante ese tiempo. La política corporativa de viajar en turista la entiendo para el avión, para el AVE, no.

Genial. Hala, marchando el Glamour, el Telva y lo que se tercie.

Ni desayuno ni leches.

La próxima, yo misma pago la diferencia.

Eso sí, en el tren, me trago G-Force por septuagésima vez. Esta vez sin subtítulos infantiles riendo las gracias de Juárez.

Estoy CATATÓNICA. Tirando de batería, apaño la presentación que voy a hacer al presunto cliente. Que chunga está quedando, pero es que con estos mimbres sólo puedo hacer estos cestos. Joder qué sueño tengo. Se me pegan las lentillas a las meninges.

Adoro el AVE, pero en preferente, claro. Me encanta llegar, embarcar sin mayor trámite que unas radioscopias pelín casposas, y sentarme sin cinturón ni nada, a escuchar el sonido del silencio, a menos que algún hortera descerebrado se dedique a contar su vida por el móvil.

Llego a Barcelona, no diluvia como en Madrid así que me sobra la gabardina. Llevo mi super-trolley de 32 euros que sustituye a la bandolera del portátil y que me alegraré en los próximos minutos de haber comprado ayer.

Llego al cliente, aerolínea, por más señas, y me permito un cierto cachondeillo diciendo que he venido en AVE. El cliente se me revuelve, en plan coña; y contraataco con el argumento definitivo e irrebatible; es que tenía que preparar tu presentación. Ah bueno. Jajajajaja.

Presento, fenomenal, estupendo, pero no vendo una escoba. Taxi, y a la Feria de Turismo, donde he quedado con otro cliente. Llego. Como una tarada mental, trato de hacer una especie de checking automático poniendo el código de barras directamente en la pantalla en vez de usar el pequeño lector de código de barras que está escondido en la parte de abajo. Estoy realmente baja de forma. Luego, un capullo encorbatado al cual tengo la mala suerte de dirigirme a preguntar por el planico de la feria me responde en catalán, y reincide en el mismo idioma tras mi pregunta: “cómo??”. Vaya cara de ajo que tiene el colega. Tío, que te folle un pez. No sé cómo te dedicas a esto del turismo, donde se supone que hay que ser simpático.

Paseo por la feria, miro algunos stands, y acabo en un puesto de chuches italianas con fresas, huevos y plátanos gigantescos. Me clavan 15 euros por unas chuches para mis hijos, OS JURO que esa báscula está mal. Eso sí, ha merecido la pena ver sus caras cuando han visto las peaso fresas-chuche.

Charlo con el cliente. Ay, estos organismos públicos, que guerra dan.

Estoy realmente arrastrándome y en vez de ofrecerle al cliente llevarlo a comer a algún sitio majo, decido llamar a la oficina para que me cambien el billete de vuelta a las 3 de la tarde. Así pues, acabo trapiñando una burguer en el McDonalds de Sants y subiéndome al AVE en cuanto abrieron la barrera, previa adquisición de un librito llamado “Soy Consultor (con perdón)”. No me resisto, hay que alimentar a los ex-colegas. Veeeenga, lo compro.

Me ponen la peli de Beatrix Potter. Ah, pues mira,  mi estado comatoso es lo que admite, hasta se me cierran los ojos. Combino la peli con el libro de consultoría -en realidad, consultoría “artesanal”, que tiene más mérito que mi especialidad (consultoría “a granel” o de copypaste)- y poco a poco vamos llegando a Madrid, previo pase por Zaragoza, donde se sube media ciudad, a juzgar por el griterío.

Llego a Madrid en modo “stand by”, saco a “criatura con ruedas” del parking, y cuando estoy cerca de casa reparo en que tengo que pasar por el supercor a por dos cosillas que faltan, por supuesto acabo con el carro lleno de 100 euros de compra, incluyendo unos percebicos gallegos -y doy fe que lo son- al  insólito precio de 18 euros el kilo. Lo llego a saber y compro un kilo entero y me pego un atracón de percebes, que me lo he ganado PORQUE YO LO VALGO.

Llego al garaje de casa. Estoy para el arrastre. Subo 4 bolsas que pesan como condenadas. La puerta de acceso al portal está abierta, y un gato mil-leches de los que viven en la urbanización, maúlla, arquea el lomo y me observa con voracidad. Joder. Tengo que bajar a por las otras bolsas y la trolley llena de portátil, una muestra de desodorante que me han dado en Sants, las chuches de los niños y unos cuantos folletos de la feria. Pesa como un mulo muerto.

Dejo las bolsas en la puerta de casa; no puedo abrir porque en el hall de entrada está el perro, el cual saltaría como alma que lleva el diablo a por el puto gato.

Bajo corriendo al coche, en una apurada carrera contra el gato, agarro la trolley-portátil y las otras 4 bolsas.

Mientras subo la escalera oigo dos cosas; al gato curioseando en las bolsas y mi móvil, por supuesto es mi jefe. Ah. Cruel decisión. Qué hago. Atiendo a mi sufrido jefe o espanto al gato. Opto por coger el móvil y realizar un rápido informe de batalla mientras defiendo el pan de mis hijos de la feroz alimaña, que ha detectado los percebes y se resiste a abandonar el lugar. A la vez, abro la puerta y el perro, loco por pillar al gato, trata de escapar. Me empiezo a convertir en elastigirl, sujetando la puerta con una mano, el móvil con la otra y espantando al gato con la pierna. Ooole mi niña, tú llegarás lejos.

Y mañana más, mañana toca SEVILLAAAA ná menos. Hala, al Ave de nuevo. Encima ahora no tengo sueño, supongo que el organismo se termina por acostumbrar a la vida dura.

Vaya truenos bestiales que tenemos por aquí, en la sierra. Mañana igual tengo que bajar a Atocha remando…

Zzzz…

Operación bikini

Ay, la operación bikini. Reconozco que mi fenotipo de piel no ayuda mucho, que a estas alturas de la primavera hasta las endivias tienen mejor color que yo.

Llega la semana santa, y con ella los madrileños huimos en manadas a la playa, invadimos las costas y nos instalamos en las hamacas de los chiringuitos aunque sea tapados con mantas, boqueando por un rayito de sol.

Tenemos un mono de sol y mar enorme, sobre todo al final de este invierno que ha sido frío, húmedo y hasta nevado.

En mi caso,  lo de las mantas no es coña, porque soy friolera hasta la médula. Hoy soplaba levante, y aunque hacía un día espléndido, no se aguantaba en la tumbona simplemente con un bikini. Los pocos habitantes del chiringuito parecíamos momias, envueltos en sudaderas y cazadoras, y con las toallas tapándonos las piernas.

Menos la mala bestia tártara de mi hijo, que se ha metido en el agua y no ha salido hasta pasados 15 minutos. Animalico. Eso sí es genético, porque exceptuando cuatro franceses  enfundados en neopreno que iban de rodillas en sus tablas de windsurf remando hacia sabe Dios dónde, era el único humano que se atrevía a meterse en el agua. Luego salía y -helado como un polo de limón- procedíamos a cambiarle el bañador, y plantarle una sudadera con capucha, hasta que entrase en calor. Porque encima el tío es un “huesetes”, como me llamaba a mí mi abuelo, es alto, larguirucho y fibroso. Pasado el mediodía, después de comer, ya se podía uno despelotar, y se aguantaba perfectamente en la hamaca, holgazaneando al sol.

Esto de la tumbona me permite curiosear los periódicos con tranquilidad. Hoy, me entero de que una periodista -presumiblemente loca- se ha enfundado en un corsé y se ha dedicado a describir su experiencia durante toda una jornada de trabajo. Ahí estamos, que campeona. Y porqué tanto sufrimiento, digo yo. Que el corsé, si eso, se lo pone una para veladas románticas o circunstancias asimilables, pero no para conducir, lavar al perro, pegarte carreras entregando ofertas o hacer la compra. Vaya sandez. A ver si la señorita escarlata encorsetada hacía algo más que abanicarse con magnolias a la luz de la luna. Y va esta nécora y se empeña en hacer una especie de gynkana. Bueno, vale, es cierto que también hay una carrera sobre tacones que se celebra en nueva york, pero coñe, que no va de eso la cosa.

Qué tendrán las revistas en primavera, que consiguen deprimir a la más pintada: su objetivo es dejarte bien claro que tu guardarropa es una castaña, y vaya si lo consiguen. Nos se cómo lo harán, pero la ropa de la temporada pasada parece un trapo viejo comparado con las novedades, los tonos no combinan ni de coña (cómo coño consiguen dos turquesas que no peguen entre sí??), los accesorios son radicalmente diferentes, los collares se llevan grandes, los pendientes largos, los cinturones anchos y bolsos pequeños, y al año próximo, exactamente al revés y en otros colores, en fin, que los gurús de la moda consiguen grabarte en las meninges que cada temporada NECESITAS comprarte cosas nuevas. Como soy perra vieja, no pico, he aprendido a tener un fondo de armario decente -gracias sobre todo a las ventas on line- y picar alguna cosilla de temporada que actualice el look. Y ya está, paso de comprar cosas que al verano siguiente “cantan” de puro rancio y huyo como de la peste bubónica de los colores “de moda”.

Por si tu armario fuera poco motivo para la desazón, te bombardean con los argumentos estéticos de siempre: los culos (representados por fotos de niñas de 13 años), la celulitis, el láser vela, la mesoterapia espacial, los rellenos de hialurónico, las super-tetas, el po-tox, y los estiramientos. Resumen de su mantra: convencerte de que tienes el cuerpo hecho una mierda, y una cara que no saben cómo te atreves a salir a la calle con ella, y que necesitas con urgencia la ITV pre-primaveral, una revisión completa de bajos y juntas de culata y pasar por todas las máquinas de los institutos y clínicas estéticas para tener una pinta decente. Todas las primaveras igual, casi estoy por llevarme a la playa las memorias de Nabucodonosor para no pillar una depresión nerviosa. Qué pesadilla.

Y encima, las tiendas de Marbella, que casi mejor ni entrar. Algún cambio curioso esta temporada; han cerrado el Zara de puerto banús (ooohhh…), y han abierto un Marks&Spencer en La Cañada, que pese a su estilo inglés y pelín rancio, tiene cosas que están muy bien, sobre todo la lencería (geniales las medias) y la ropa de niña (qué monos los bañadores). A mí el Zara me gustaba porque estaba justo enfrente de unas tiendas carísimas, donde no podías comprar ni las etiquetas del maniquí; pues bien, tras deprimirte por tu insolvencia, entrabas en Zara y te llevabas los tops y camisetas de cuatro en cuatro. Lástima de terapia.

En cuanto al M&S, lo he descubierto hoy, al salir del cine, donde hemos llevado a los enanos a ver Como entrenar a tu dragón, en 3D, y han salido flipando a colorines. Cómo se lo han pasado, no sólo ellos, sino todos los peques del cine. Era cachondo oírles gritar cuando las imágenes se acercaban.

La verdad es que la peli es entretenida, y está bien hecha, me ha encantado. Y vaya diferencia con el 3D de los antiguos y gloriosos tiempos de aquellas gafas en verde y rojo, en los que salías del cine tropezando con tus propios pies.

Me va a tocar currar, ese es el único punto negro. Y estoy vaga perezosa total, al menos me he propuesto correr todos los días, a ver si lo cumplo. A mí el nivel del mar me deja con la tensión por los suelos, sólo me apetece dormir y zampar. Claro, así vuelvo yo a los madriles, rellenita y perezosa como yo sola. En fin, ya tendré tiempo de estresarme, que a mí la estepa me pone como una mona.

Silcas

Por lista

No sé bien si son las 09:48 o más tarde o más temprano. Creo que hoy se cambiaba la hora.

Supongo que serán las 09:48, como para discutir con mi pc, aunque el PUTO portátil que tengo a mi vera marca las 09:53. En cualquier caso, no son horas para estar currando un domingo.

Y lo que me queda!!! ¿La culpable? Pues la nena. Con eso de querer quedar bien y mostrar competencia, una se curra la puta presentación de su vida y a su jefe le gusta tanto que me factura a Alemania ipso facto a contarla junto con el equipo de ventas. En inglés, claro. Definitivamente, soy gilipollas.

Pero qué habré hecho yo en otra vida para merecer ésto. Una abre las revistas del corazón y se encuentra con seres apenas evolucionados, quizá un escalón más arriba que el australopitecus, los cuales están ganando pasta, llevando cochazos y aparentemente envidiados por la peña. Y qué han hecho? pues NADA que requiera un esfuerzo mental considerable, como no sea preparar su intervención en la tele-basura de turno, que ahora que lo pienso quizá ni siquiera preparan porque simplemente abren la boca y sueltan lo primero que se les ocurre.

La virgen.

Hala. A Alemania a la guarida del cliente a hacer el gamba, ida y vuelta en el día. Ni tiempo para una chevechita vamos a tener.

Con dos cojones treinta y tres, por lista calixta.

Seré gilipichis. Creo que me voy a hacer unas ensaimadas de frutas. Y luego decidiré si me corto las venas o me las dejo largas.

http://wanchuzri.blogspot.com/2009/05/ensaimadas-de-hojaldre-tarjeteras.html

Gracias Wanchu, por la receta…

Silcas